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22/1/12

Flashback: crítica de "No habrá paz para los malvados"

Aprovechando que las nominaciones a los Goya la han vuelto a poner de actualidad, recuerdo la crítica que hice en Octubre de la última película de Enrique Urbizu. ¡Que la disfruteis! 

¡Lee mi crítica o te vuelo la tapa de los sesos!

http://couriernewdoce.blogspot.com/2011/10/no-habra-paz-el-nuevo-thriller-de.html


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18/2/10

Camino (2008): '¿Quieres que rece para que tu también te mueras…?'


Goya a la mejor película en 2009 y gran triunfadora de la ceremonia del año pasado, “Camino”, es una de esas películas cuyo primer visionado (y único, por ahora) me produjo sensaciones encontradas. Sin embargo, no todas iban exactamente en la dirección que el film de Javier Fésser pretendía, ya que éste se puede analizar desde dos enfoques que funcionan de forma irregular: el emocional, y el del debate que pretende plantear.

En cuanto a lo primero, la capacidad de emocionar, no se le puede negar su tremenda eficacia. Servidor, desde “Los Puentes de Madison” (C. Eastwood, 1995), no había necesitado tanto el pañuelo viendo una película. Ya de entrada, el argumento (inspirado en un hecho real) de esa niña criada en un entorno extremadamente religioso y convertida por ese mismo entorno casi en mártir debido a su enfermedad degenerativa, resulta tremendamente trágico. A ello se une la estructura y tono que utiliza Fésser, fragmentando el relato convencional mediante unos fascinantes pasajes fantásticos (aunque a veces demasiado extensos y subrayados en exceso) , para transmitirnos las ensoñaciones, ilusiones y miedos de la niña, y cuya fotografía y efectos especiales nada tienen que envidiar a muchos films americanos. Son estos momentos oníricos, provocados por su enfermedad y por el amor imposible que Camino siente por su compañero Jesús (el paralelismo religioso resulta algo efectista) los más emotivos del film, los que mas mueven a la lágrima.

Y es que es tan bella esa niña, esta tan llena de vida y tan bellamente retratada, con sus ilusiones, y sus miedos, que es difícil que al espectador, sabedor del trágico desenlace final (que Fesser se encarga de anticiparnos al principio), no se le haga un nudo en la garganta al contemplar tanta belleza. Mención aparte de dicha belleza, es imposible no referirse también al inmenso talento que demuestra ese “animal cinematográfico” de solo diez años llamada Nerea Camacho. El resto del casting, por su parte, también realiza un trabajo espléndido, con especial atención a los padres de la niña (Carme Elias y Mariano Venancio).

Por otro lado, la dirección de Javier Fesser es prácticamente perfecta, colocando la cámara siempre en el lugar adecuado para transmitir lo que pretende, a veces frialdad, a veces desconcierto, otras temor, y la mayor parte de las veces una belleza sublime, sobretodo en los pasajes oníricos.

Todo ello, unido a una eficaz banda sonora, contribuye a elevar el volumen emocional de la cinta hasta extremos sublimes, y sin embargo, quizá demasiado obvios y excesivos, como por ejemplo (*** spoiler***) con la innecesaria muerte del padre, o con el estirado epílogo tras la muerte de Camino, por ejemplo, “rimando” cada detalle de la escena de apertura con la de la obra de teatro del colegio. Aquí, tras elevar al infinito el volumen emotivo, Fésser da la sensación de haberse dejado encendido el subwoofer emocional, y no precisamente por descuido, hasta llegar a empalagar, a pesar, eso si, de conservar intacto el tono y la belleza de las imágenes. Esa negativa a cerrar a tiempo una historia redonda y arrastrarse en busca de un final cansino, sucedía también en otro maravilloso film, “Cándida” (2006), de Guillermo Fesser, con guión también de su hermano Javier.


En cuanto a la dimensión temática, sin llegar a posicionarse descaradamente, sino más bien con mucho estilo, el film sí resulta, a mi entender, algo tramposo. A raíz del debate por el retrato que el film hace del Opus Dei, el propio director comentaba que todo lo que aparece en el film es estrictamente cierto y obedece a una rigurosa documentación. No lo pongo en duda, y no siento precisamente simpatía por esta orden religiosa. Sin embargo, sorprende la extremadamente férrea voluntad de todas esas personas, empezando por la propia madre de la niña, para acatar los designios del Señor, y no flaquear ni un ápice a pesar de que es su propia hija la que se está degradando día tras día en la cama de un hospital. A veces incluso dan gracias a Dios por ello. El comportamiento de dichos personajes (en especial también los cargos religiosos que aconsejan a los padres), parece como mínimo sospechoso de estar llevado al extremo, lo que convierte un supuesto debate temático en una representación algo maniquea de la lucha entre la vida y la supuesta voluntad de Dios.

En resumen, un film inmensamente conmovedor, de fantástica factura, que no resulta perfecto por su empeño en jugar demasiado fuerte sus inmejorables cartas, un polémico drama de inmenso potencial emotivo, tan efectista como efectivo, gracias a una excelente factura técnica y artística y, debates a parte, digna merecedora de un Goya.
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28/7/08

"La Soledad": lección de "cinema - verité"

Dirección: Jaime Rosales
Guión: Jaime Rosales y Enric Rufas
Producción Ejecutiva: Maria José Díez
Dirección de fotografía: Oscar Durán
Montaje: Nino Martínez Sosa
Casting: Sara Bilbatúa
Vestuario: Asun y Eva Arretxe
Duración: 128 min.
Año de producción: 2007
Nacionalidad (idioma): España (castellano)















Sinopsis

Adela (Sonia Almarcha) es una mujer separada y madre de un bebe. Su relación con su ex marido, Pedro (José Luís Torrijo), no es del todo mala, excepto por los problemas económicos de éste, que no puede pasarle la pensión. Agobiada, decide marcharse a Madrid, busca un trabajo de azafata y comparte piso con Carlos e Inés.

Por su lado, Inés (Miriam Correa) es una de las hijas de Antonia (Petra Martínez), madre también de Nieves y Helena, y dueña de un pequeño supermercado de barrio. Antonia lleva una vida tranquila junto a su nueva pareja, Manolo (Jesús Crecio), un hombre sencillo y atento con ella, e intenta mantener la unión y el buen ambiente entre sus tres hijas. Pero varios acontecimientos sacarán a la luz las miserias y los intereses que se esconden bajo las apariencias.

Adela, por su parte sufrirá un duro golpe que hará tambalear su vida, y su decisión de dejar su pueblo para vivir en la capital.



“La Soledad” es una de esas películas ante las que cualquier espectador con una pizca de sensibilidad no puede quedarse indiferente. Jaime Rosales consigue transmitir tantas emociones calladas, tantas frustraciones, tanta soledad que su película resulta tremendamente dura bajo su apariencia tremendamente pausada.

Lo primero que llama la atención del film es lo que el mismo director llama la “polivisión”, es decir, la pantalla dividida en dos reflejando dos puntos de vista de un mismo espacio, de una conversación, etc. Alrededor del 30 % del metraje está rodado así. Pero no se asusten, el experimento no resta protagonismo a la acción, es más, se mezcla con ella de forma que al final se hace casi imperceptible, e incluso refuerza el mensaje, esa sensación de aislamiento vital, como cuando vemos simultáneamente lo que sucede en dos habitaciones contiguas.

Pero esta no es la única aportación técnica del film. Lo que, a mi entender es más destacable y rompedor aún que la “polivisión” es la extrema frialdad con la que Rosales aborda la planificación. Su cámara siempre mira desde lejos, a una distancia que refleja la soledad en la que están inmersos los personajes. Además, no hay en el film ni un solo movimiento de cámara: todo son planos fijos y sostenidos (con pantalla dividida o sin ella), que responden a la mirada serena y observadora del director.

Mención aparte merece el trabajo actoral, que (apoyado, suponemos, en unos diálogos y una dirección de actores excepcional) resulta de lo más natural y cercano visto en muchísimo tiempo. Cada frase, cada silencio, cada inflexión o entonación, cada tópico traspasa la pantalla porque forma parte del lenguaje de la vida misma. En este apartado destaca sobremanera la actuación de Petra Martínez, en su papel de Antonia, la piedra angular sobre la que gira todo el film. Su interpretación de esa madre sufrida, paciente, conciliadora, que debe hacer equilibrios para mantener a sus hijas unidas, es sencillamente enorme.

“La Soledad” es Cine con mayúsculas, una película original y suavemente rompedora a nivel técnico, merecedora con creces (aunque esto de los premios y el arte siempre es relativo) del Goya 2008 a la mejor película, pese a no contar con el aparato mediático de otras. Una melodía de cadencia cansina y desengañada, una lección sobre la vida y las relaciones, que sólo disgustará a aquellos (pobres engañados) que creen que una película “lenta” es sinónimo de “mala” o "aburrida", sin comprender que cada temática exige su tono, su color y su ritmo.
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