Mostrando entradas con la etiqueta Críticas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Críticas. Mostrar todas las entradas

27/5/12

Mi filmoteca: Gente corriente (1980)


Ya se sabe que cuando a los gurús del guión les da por uno, no hay quien los saque de los mismo ejemplos. Y Robert McKey, en su libro “El guión”, destripa constantemente el de este film, ganador del Oscar en 1980, escrito por Alvin Sargent, y basado en la novela de Judit Guest. Por eso me decidí finalmente por verla, y me he encontrado con un peliculón de los que te marcan. Por dos cuestiones: por su sensible e inquietante tratamiento de la depresión y la insana relación madre-hijo que dibuja.
En el cine hemos visto esposas adúlteras, esposas que abandonan hogares e hijos, aunque luego vuelvan para pedir su custodia (Kramer vs. Kramer, Robert Benton, 1979) madres sobreprotectoras hasta la psicosis y hasta alguna aberración escalofriante (Los Límites del silencio, Tom McLoughlin, 2001) en esa relación madre-hijos. Pero entre todos los conflictos imaginables, los más manidos y los más originales, el cine, como la sociedad, apenas ha osado cuestionar lo incuestionable: el amor de una madre por sus hijos. Pero ¿qué pasa cuando una madre no quiere a su hijo, no le escucha, prácticamente le ignora, pero ni siquiera tiene agallas para decirle a la cara que no siente por él más que rencor? ¿Qué pasa cuando ese hijo tiene problemas psicológicos y necesita el apoyo de sus padres, y su madre se comporta como esa chica a la que queremos acercarnos pero que no nos hace demasiado caso, y se limita a intercambiar algunas frases por compromiso? ¿Qué pasa cuando una madre, sencillamente, no ejerce de madre? Pues pasa que tenemos un conflictazo, un personaje odioso (un caramelo que se come Mary Tyler Moore), uno de los polos de una de las relaciones más dolorosas e inquietantes que he visto nunca en la gran pantalla. Una relación que en cierto sentido, nada tiene de corriente.
Y sin embargo, el título del primer film como director de Robert Redford (posiblemente el mejor) es una declaración de intenciones: en efecto, no estamos ante un melodrama maniqueo, sino ante un drama real, sobre gente imperfecta, sobre animales heridos.
La interpretación de un joven Timothy Hutton (que le valió un Oscar) encarnando a Conrad, el adolescente atormentado por la muerte de su hermano (de la que se siente culpable) es, sencillamente, escalofriante. Por su parte, Donald Sutherland y Mary Tyler Moore como los padres, están espléndidos. Él es Calvin, un buen hombre, un trozo de pan que lo único que quiere es mantener a su familia unida. Ella es Beth, una mujer dura y fría como el acero, que apenas oculta su resentimiento hacia Conrad por la muerte de su primogénito.
Aunque quizá peca de obvia o exagerada en algún momento a la hora de dibujar el desencuentro madre-hijo, el film tiene escenas que (será que por alguna cuestión me ha tocado la fibra) dan más miedo que las pelis de miedo: ese momento descaradamente incómodo entre Beth y su hijo cuando Calvin se empeña en hacerles una foto juntos, esas conversaciones (cuando no están discutiendo) también incómodas y dolorosamente triviales que reflejan ese total desencuentro. “Simplemente, no conectamos”, dice Conrad. Yo ya había conectado por siempre con este dramón cuyo final te deja tan frío como aliviado, y que ya forma parte de mi filmoteca. Recomendable 100%.

Leer más... Leer más...

22/1/12

Flashback: crítica de "No habrá paz para los malvados"

Aprovechando que las nominaciones a los Goya la han vuelto a poner de actualidad, recuerdo la crítica que hice en Octubre de la última película de Enrique Urbizu. ¡Que la disfruteis! 

¡Lee mi crítica o te vuelo la tapa de los sesos!

http://couriernewdoce.blogspot.com/2011/10/no-habra-paz-el-nuevo-thriller-de.html


Leer más... Leer más...

18/11/11

PREESTRENO 'El gato desaparece': Sorín se pasa al género con una 'historia mínima' de suspense



Si Carlos Sorín acuñó, con su mayor éxito hasta la fecha, un concepto interesante, el de “historia mínima” (que podríamos caracterizar por la austeridad, la atención a personajes sencillos y a situaciones cotidianas), podríamos afirmar que 'El gato desaparece' es una “historia mínima de suspense”: un hombre recién salido del psiquiátrico, su desconfiante esposa y un gato en ausencia son elementos suficientes para construir un austero y tenso relato de suspense clásico con aires polanskianos, más cercano al drama que al thriller, más naturalista que efectista.

El gato siempre ha sido amigo del misterio, y en esta ocasión su desaparición es una acertada metáfora de la pérdida de la confortabilidad hogareña y de la confianza en el otro. Sorín demuestra que se puede hacer thriller psicológico y mostrar la paranoia sin necesidad de tirar de flashbacks ni efectismos baratos, sino mediante un sabio uso de la luz, del encuadre, de los detalles y de la contención. El film presta más atención a la paranoia psicológica de Beatriz, la esposa preocupada por un eventual rebrote psicótico de su marido, que a una trama escuálida. Con esos mimbres, consigue arrancar el suspense de la calma chicha de una cotidianeidad aparentemente inofensiva. En este sentido, es difícil no acordarse de 'La semilla del diablo' o incluso de la menos exitosa 'La cara del terror' (‘The astronaut’s wife’, 1999), por cuanto juega a la confusión haciendo que nos preguntemos constantemente donde acaba el comportamiento extraño de Luis, el marido supuestamente curado de su brote psicótico y empieza la paranoia su mujer y su creciente desconfianza, pese a la aparente falta de motivos. Ese juego, ese progresivo intercambio de papeles, esa escalada paranoica, resulta altamente estimulante, gracias a un clima que se va volviendo cada vez más opresivo, a unos personajes bien trabajados y al magnífico duelo actoral entre Luis Luque y Beatriz Spelzini. El resto de los personajes aparecen bastante planos (los médicos, la hija, el amigo), quizá para potenciar el aislamiento y la opresión de la protagonista.

Sin embargo, todo ello no oculta la escasez de la trama, cierta falta de recorrido argumental y cierta sensación de estiramiento. Quizá por ello Sorín se ve obligado, para jugar al género, a hacer uso (e incluso abuso) del susto barato tipo “mano-en-el-hombro-por-la-espalda” o “escena-de-miedo-que-era-una-pesadilla” para mostrar la progresiva inquietud de Beatriz, aunque el film contiene también momentos muy potentes como el macabro juego del gato y el ratón (la rata, mejor dicho) en los túneles de ventilación, que por momentos recuerda a una de las historias de “Amores Perros”

En suma, nos hallamos ante un interesante cuanto de suspense con cierta etiqueta de autor, pero sin más pretensiones que las de un buen ejercicio de estilo.

'El gato desaparece' se estrenará en España el 25 de noviembre.
Leer más... Leer más...

27/10/11

Esta noche en la Sexta: "El luchador" (Darren Aronofsky, 2009)


Aprovechando que la Sexta emite esta noche a las 00:35h. "El luchador", aprovecho para recuperar la crítica que escribí entonces sobre este buen film. Por cierto que su director, el talentoso Darren Aronofsky, parece que ya tiene un nuevo y ambicioso proyecto entre manos: "El Arca de Noe".

Os dejo con la crítica:

Darren Aronofsky define su última película, más que como un film estrictamente deportivo, “como un drama muy humano y sensible, en la linea estilística del retrato intimo de una vida. No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar del fim.”

Estoy totalmente de acuerdo con esta definición clara y honesta. A pesar de que la historia de “The Wrestler” (“El Luchador”) no es demasiado original, está muy bien contada, y este tipo de relatos, cuando estan bien trazados, resultan altamente emotivos

La biografía de este Randy “Ram” Robinson recuerda mucho a la de el púgil español Miguel Urtain: alguien que en el ring fue un mito, pero que fuera de él fue derrotado por la vida. Además, resulta tremendamente obvia, pero no por ello menos potente y fantástica, la simbiosis que se produce entre el personaje y el actor, Mickey Rourke: un tipo que en los 80 fue un icono (en su máximo esplendor con su papel en “9 semanas y media”), pero que 20 años después ha sido relegado al olvido. Rourke compone (o más bien se funde con) un peripatético y a la vez entrañable Randy “Ram” Robinson. 

Con todos estos ingredientes, “The Wrestler” es un retrato intimista y descarnado de un inadaptado, un hombre que intenta encontrar su lugar en el mundo y hacer bien las cosas fuera de lo único que sabe hacer realmente bien: pelear. Una frase que le dice al personaje de Cassidy (Marisa Tomei), define sus sentimientos hacia el mundo y su tragedia personal: “Aquí (en el ring) mi corazón está bien, sólo me lo rompen cuando salgo afuera”. 

Lejos del innovador estilo mostrado en películas como “Pí” (1998) o “Requiem for a dream” (2000), Aronofsy utiliza esta vez un lenguaje bastante clásico y un ritmo bastante pausado, que se adaptan perfectamente a la historia. Eso sí, destaca el trabajo de la cámara, muy cerca siempre del personaje para potenciar su visión del mundo que le rodea, como en esa magnífica escena en que Randy se prepara para salir a atender clientes en el supermercado, tras la cortina de plástico, mientras cree escuchar ahí afuera el clamor de sus fans, como si estuviese a punto de salir al ring. 

Sin embargo, hay que decir que el film, aunque transpira verdad por todos sus poros, recurre también a muchos tópicos del drama a la americana: personajes perdedores con vidas desestructuradas, tendencia al pesimismo enmarcado en ambientes sórdidos y deprimentes, el vacío y el feísmo de lo cotidiano, situaciones lacrimógenas, etc.

En definitiva, un retal de vida rasgado que hará disfrutar, e incluso derramar alguna lágrima, a todos aquello que disfruten de las historias duras de naufragios personales, y no solamente, aunque seguro que también muchísimo, a los amantes de ese deporte – espectáculo, el wrestling americano, que es en sí mismo un gran teatro, como la propia vida.

Leer más... Leer más...

6/10/11

Origen (Inception, 2010): mucho arroz para tan poco (y sobrevalorado) pollo



Desde la revelación que supuso 'Memento' (2000), hasta su espléndida primera incursión en el universo de Batman (Batman Begins, 2005) para explicarnos la génesis del superhéroe de la DC, Christopher Nolan se había ganado mi crédito como un gran director. Ambos films poco tenían que ver, pues mientras 'Memento' era el atrevido experimento de un debutante, un apasionante y estilizado rompecabezas que trastocó las estructuras narrativas como Tarantino hiciera años antes con 'Reservoir Dogs' o 'Pulp Fiction', la primera precuela de la saga Batman confirmaba el talento de Nolan en otro terreno bien diferente, el de la superproducción con superhéroe. Sin embargo, lo hacía rompiendo otro molde, precisamente el del cine de superhéroes, abandonando en parte el discurso más “comiquero” a favor del thriller policiaco y el drama humano del atormentado Bruce Wayne, hasta llegar a hacernos comprender de una forma lógica su transformación en Batman. Personalmente, agradecí este giro “realista”, aunque luego reconociera en 'El Caballero Oscuro' (The Dark Knight, 2008) una excesiva radicalización de esa propuesta, dejando cada vez menos margen a la fantasía propia del universo de los superhéroes.

Pues bien, en el nuevo film de Nolan, 'Origen' (Inception), ya no queda rastro de la magnífica imaginería estructural y visual de que hacía gala en 'Memento', y en cambio sí hallamos ciertas características en común con sus dos Batman, pero en sentido negativo.

El primer y grave error de 'Origen' estriba en una paradoja bien sencilla: no se puede hablar de sueños de una forma tan cuadriculada. A estas alturas, parece bien demostrado que Nolan no es el director mejor dotado para moverse en el género fantástico. Si con Batman salió muy airoso llevándoselo al terreno del thriller y la acción, aún a riesgo de traicionar su esencia, aquí vuelve a proponernos un film de aventuras y acción que en este caso resulta fallido, entre otras muchas razones, porque su materia prima, el subconsciente humano y los sueños, se antoja demasiado voluble e insondable como para encerrarlo en un sistema de reglas tan rígidas, en una lógica de causa efecto tan inverosímil y aburrida (del tipo “si mueres soñando, te despiertas”) como las que nos explican Cobb y su equipo.


Es el problema de muchos films americanos, el de sistematizarlo todo hasta el hastío, incluso lo onírico, lo subconsciente, lo paranormal, esfumando cualquier posibilidad de resultar inquietantes, imprevisibles o desconcertantes. Recordemos la sistematización de las psicofonías en la olvidable White Noise (2005) o de los shocks del protagonista de la interesante 'El efecto Mariposa' (The Buttefly Effect, 2004). Esa lógica del tipo “si haces esto, invocas a tal espíritu o provocas indefectiblemente tal fenómeno” siempre me ha parecido de lo más inverosímil, aburrido y equivocado para tratar esas cuestiones.

Por otro lado, y por si este error en la premisa básica del film no fuera suficiente para tumbarlo,  es decir, si aceptamos esa cuadricula pseudocientífica sobre los sueños, esos renglones de los que en ningún momento se sale la caligrafía del film, y descendemos al siguiente nivel (por parafrasear la jerga del film), nos encontramos con una trama demasiado plana, donde la únicas amenazas proviene de la propia y enrevesada lógica de la particular “inmersión”, y del conflicto interno del protagonista. Pero ese otro esquema, el de héroe con episodio trágico en su pasado aún sin superar, que deberá enfrentar y vencer durante la aventura, aquí se revela de una forma tan arquetípica, tan obvia y falta de gracia, que resta casi todo interés y profundidad al personaje de Cobb. Por lo demás, los personajes secundarios resultan aún más planos y faltos de empatía, ya que no sabemos nada de ellos y ni siquiera evolucionan un ápice durante el transcurso de la aventura. Mención especial para la “arquitecta” Arianne (Ellen Page), que se pese a descubrir un fascinante nuevo universo donde lo imposible es posible, se integra en el equipo y asume su rol como si se hubiese dedicado a ello toda la vida, o al desaprovechado personaje de Saito (Ken Watanabe), que pasa de amenazante villano a socio perfectamente fiable de una forma un tanto descafeinada e inverosimil.

Y es que el film carece de toda fuerza a casi cualquier nivel. Da la impresión de que Nolan se inventa un sistema de reglas demasiado rígidas y totalmente arbitrarias para que la historia funcione en el sentido en que quiere, pero por mas que se dedica aplicadamente a explicárnoslas (de la forma mas obvia y aburrida que existe en cine: mediante unos diálogos descaradamente destinados a ello, utilizando al personaje de la novata “arquitecta” Arianne como excusa para aleccionarnos), no logra que tengan el más mínimo interés, porque falla lo principal: los sueños.

En efecto, dudo que nadie sueñe como nos propone Nolan, con unas imágenes tan claras, con unos escenarios tan definidos, con unas reglas tan rígidas. ¿Dónde está lo onírico? ¿Dónde está la ensoñación? ¿Donde está la confusión propia de los sueños? Nolan, tan apegado siempre a lo tangible, tan sobrio como falto de imaginería, es incapaz de desdibujar una sola línea de su plan supuestamente perfecto.

Veamos esos tres supuestos niveles del sueño que parecen en la película: el primero son las calles de una ciudad tipo Nueva York donde tiene lugar una persecución de coches con tiroteo incluido.  El segundo es un hotel donde también hay alguna pelea entre el equipo de Cobb y esas “proyecciones” de la mente de la víctima, y el tercero es un bunker en la nieve donde deben adentrarse los protagonistas en una escena tipo Splinter Cell que resulta en otro tiroteo. Mas que ante niveles de sueño, pareciera que estamos ante niveles de un videojuego. Al final, tanto galimatías pseudocientífico resulta una burda excusa para entregar un mediocre film de acción. Pero es que si como film de ciencia ficción, su interés es más que dudable, 'Origen' no funciona ni como película de acción, ya que no aporta nada nuevo al género, como sí hiciera por ejemplo la que parece uno de sus referentes, a años luz por cierto, 'Matrix' (de la cual, no soy precisamente un gran seguidor) y aquellas espectaculares escenas de acción que marcaron tendencia.

Sin embargo, pese a todos estos problemas de base, pese a todas sus carencias y pese a su mediocridad, el film ha sido ensalzado por la crítica especializada y por la amateur, y muchos hablan ya de una “obra maestra”. Entre las voces discordantes ante tal disparate, recupero las palabras de A.O. Scott en su crítica en el New York Times, con las que estoy bastante de acuerdo:

[…] …en 'Origen', no hay nada que cuente como una visión genuina. La idea del Sr. Nolan de la mente es demasiado literal, demasiado lógica, demasiado atada a reglas como para permitir medir la locura -el riesgo de confusión, de delirio, de inefable ambigüedad- que todo esto requiere." (A. O. Scott: The New York Times)

En resumen, un film sobrevaloradísimo, que desaprovecha desde el arranque su premisa y toda posibilidad de resultar inquietante o interesante, que se inventa un universo nuevo pero excesivamente cuadriculado y que nos propone unos personajes y una aventura carentes de fuerza, y donde lo único destacable proviene del apartado técnico, de esa tremendante realista escena de lucha sin gravedad, que al menos confirma el gusto de Nolan por huir de la excesiva digitalización de los efectos especiales tan de moda hoy en día.
Leer más... Leer más...

21/10/10

Peligro: extraterrestres en 10 kms.


Muchas veces, también en el Cine, menos es más. Y esta premisa la aplica a la perfección Gareth Edwards en su magnífico debut.


Aunque se haya publicitado “Monsters” como una serie B de bajísimo presupuesto, más bien habría que hablar de un low-cost de altísima calidad. El film de Edwards no tiene espíritu de serie B, ni lo pretende, sino más bien una impecable factura, casi diria hollywoodiense. Y es que el recorte de presupuesto no está en la menor calidad de sus efectos visuales (premiados en Sitges’10), sino en su sabia dosificación, pues la mayor parte del tiempo, Edwards no nos muestra a los monstruos que dan título al film, sino que nos obliga a imaginarlos. Y lo hace de maravilla, lo cual resulta en uno de los grandes aciertos del film.


Como apunta su director, su film empieza donde la mayoría de películas sobre invasiones extraterrestres acaban, con un mundo en el que los humanos cohabitan desde hace seis años con los aliens, contenidos en la llamada “zona infectada”, en la franja centroamericana, ocupando parte de Méjico y Estados Unidos.

El mismo director reconoce que el germen de la historia fue la idea de que tras la llegada de la vida extraterrestre a la Tierra, “la vida continúa, y las criaturas sólo afectan una parte del mundo”. A Edwards le pareció “interesante la idea de que [la gente] no reaccionase, como si estar rodeados de monstruos fuese una cosa natural para ellos”. Esta sensación transpira por los poros de la historia desde el primer minuto.

Tras un vigoroso (y “monstruoso”) arranque, el extenso primer acto nos describe la situación de forma magnífica, con los aliens como auténticos protagonistas en ausencia: vemos las consecuencias, la devastación (para ello se aprovecharon los efectos del huracán Ike sobre Galverstone, Texas), las noticias, y su efecto en la vida de la gente, mientras oímos hablar una y otra vez de la “zona infectada”. El tono intimista y descriptivo impregna el relato, como si la cámara se imbuyese de la mirada atenta y curiosa del fotógrafo Andrew Kaulder (interpretado por un interesante Scott McNeary). Reseñables las escenas del velatorio por las víctimas en el pueblo mejicano, o las reflexiones de Kaulder sobre su oficio de “fotografiar la tragedia”, frente a ese graffitti que se erige en expresión popular de un mundo marcado por la amenaza alienígena, la misma que planea magistralmente sobre el film.


Entonces llega la esperada entrada e incursión en la “zona infectada”, en un segundo acto que remite (¿voluntariamente?) al Jurassic Park de Spielberg (la selva, los rugidos entre la maleza, el ataque nocturno a los jeeps, etc.). Y como allí (salvando las distancias), la tensión está creada con maestría, valiendose de la efectiva premisa de la incursión en territorio hostil y la amenaza constante. Porque esa es una de las grandes bazas del film: mientras otros juegan al susto fácil, “Monsters” pivota sobre la sensación de amenaza. Por eso, posiblemente muchos salgan decepcionados del cine. Porque aquí también hay acción (y por supuesto, monstruos), pero en general, el ritmo es pausado, la tensión contenida y el tono es incluso contemplativo en muchos pasajes. Aquí, toda la destrucción ya fue, la invasión está confirmada, y lo que queda es un poso de dolor, de devastación, de miedo, e incluso de corrupción (interesante esa reflexión sobre aquellos que arriesgan sus vidas para sacar partido del desastre).

Otro de los aciertos del film es la relación entre sus dos protagonistas, que viven una historia de amor que, en manos de cualquier otro podría haber caído en el cliché, pero que Edwards sabe dibujar con una sutileza, un intimismo y una savoir faire dignos de un cineasta más experto.

Y luego está ese final, de una fuerza callada y una poética que seguramente muchos no le perdonen tratandose de una película “de bichos”. Pero no se equivoquen: "Monsters" no es ni una serie B, ni una monsters movie al uso, "Monsters" es mucho más. Es un cruce imposible entre “La guerra de los Mundos” y "Una historia verdadera", entre “Parque Jurásico” y “Breve Encuentro”. Así que si disfrutan con el buen cine, olvidense de los prejuicios y no se la pierdan, porque no se ve cada día a un debutante como Gareth Edwards marcarse un ejercicio de personalidad de este calibre, nadando a contracorriente del género, sólo partiendo de él, para acabar entregando lo más parecido (con permiso de Shyamalan) a una "peli de extrarrerestres de autor".

¿Lo peor? Que apuesto a que los puristas del género la van a machacar.

Lo mejor, a pesar de todo lo dicho: la guapísima Whitney Able y su adorable español con acento mejicano.

Leer más... Leer más...

18/2/10

Camino (2008): '¿Quieres que rece para que tu también te mueras…?'


Goya a la mejor película en 2009 y gran triunfadora de la ceremonia del año pasado, “Camino”, es una de esas películas cuyo primer visionado (y único, por ahora) me produjo sensaciones encontradas. Sin embargo, no todas iban exactamente en la dirección que el film de Javier Fésser pretendía, ya que éste se puede analizar desde dos enfoques que funcionan de forma irregular: el emocional, y el del debate que pretende plantear.

En cuanto a lo primero, la capacidad de emocionar, no se le puede negar su tremenda eficacia. Servidor, desde “Los Puentes de Madison” (C. Eastwood, 1995), no había necesitado tanto el pañuelo viendo una película. Ya de entrada, el argumento (inspirado en un hecho real) de esa niña criada en un entorno extremadamente religioso y convertida por ese mismo entorno casi en mártir debido a su enfermedad degenerativa, resulta tremendamente trágico. A ello se une la estructura y tono que utiliza Fésser, fragmentando el relato convencional mediante unos fascinantes pasajes fantásticos (aunque a veces demasiado extensos y subrayados en exceso) , para transmitirnos las ensoñaciones, ilusiones y miedos de la niña, y cuya fotografía y efectos especiales nada tienen que envidiar a muchos films americanos. Son estos momentos oníricos, provocados por su enfermedad y por el amor imposible que Camino siente por su compañero Jesús (el paralelismo religioso resulta algo efectista) los más emotivos del film, los que mas mueven a la lágrima.

Y es que es tan bella esa niña, esta tan llena de vida y tan bellamente retratada, con sus ilusiones, y sus miedos, que es difícil que al espectador, sabedor del trágico desenlace final (que Fesser se encarga de anticiparnos al principio), no se le haga un nudo en la garganta al contemplar tanta belleza. Mención aparte de dicha belleza, es imposible no referirse también al inmenso talento que demuestra ese “animal cinematográfico” de solo diez años llamada Nerea Camacho. El resto del casting, por su parte, también realiza un trabajo espléndido, con especial atención a los padres de la niña (Carme Elias y Mariano Venancio).

Por otro lado, la dirección de Javier Fesser es prácticamente perfecta, colocando la cámara siempre en el lugar adecuado para transmitir lo que pretende, a veces frialdad, a veces desconcierto, otras temor, y la mayor parte de las veces una belleza sublime, sobretodo en los pasajes oníricos.

Todo ello, unido a una eficaz banda sonora, contribuye a elevar el volumen emocional de la cinta hasta extremos sublimes, y sin embargo, quizá demasiado obvios y excesivos, como por ejemplo (*** spoiler***) con la innecesaria muerte del padre, o con el estirado epílogo tras la muerte de Camino, por ejemplo, “rimando” cada detalle de la escena de apertura con la de la obra de teatro del colegio. Aquí, tras elevar al infinito el volumen emotivo, Fésser da la sensación de haberse dejado encendido el subwoofer emocional, y no precisamente por descuido, hasta llegar a empalagar, a pesar, eso si, de conservar intacto el tono y la belleza de las imágenes. Esa negativa a cerrar a tiempo una historia redonda y arrastrarse en busca de un final cansino, sucedía también en otro maravilloso film, “Cándida” (2006), de Guillermo Fesser, con guión también de su hermano Javier.


En cuanto a la dimensión temática, sin llegar a posicionarse descaradamente, sino más bien con mucho estilo, el film sí resulta, a mi entender, algo tramposo. A raíz del debate por el retrato que el film hace del Opus Dei, el propio director comentaba que todo lo que aparece en el film es estrictamente cierto y obedece a una rigurosa documentación. No lo pongo en duda, y no siento precisamente simpatía por esta orden religiosa. Sin embargo, sorprende la extremadamente férrea voluntad de todas esas personas, empezando por la propia madre de la niña, para acatar los designios del Señor, y no flaquear ni un ápice a pesar de que es su propia hija la que se está degradando día tras día en la cama de un hospital. A veces incluso dan gracias a Dios por ello. El comportamiento de dichos personajes (en especial también los cargos religiosos que aconsejan a los padres), parece como mínimo sospechoso de estar llevado al extremo, lo que convierte un supuesto debate temático en una representación algo maniquea de la lucha entre la vida y la supuesta voluntad de Dios.

En resumen, un film inmensamente conmovedor, de fantástica factura, que no resulta perfecto por su empeño en jugar demasiado fuerte sus inmejorables cartas, un polémico drama de inmenso potencial emotivo, tan efectista como efectivo, gracias a una excelente factura técnica y artística y, debates a parte, digna merecedora de un Goya.
Leer más... Leer más...

7/3/09

Nolan se excede

El Caballero Oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008)



Después de apuntar muy buenas maneras redefiniendo el perfil cinematográfico de Batman con su magnífica “Batman Begins”, Christopher Nolan acomete ahora la segunda entrega de su particular saga sobre el superhéroe de DC Comics. Si en la primera nos explicaba sus orígenes de un modo tan serio y realista (alejado de la personal fantasía de Tim Burton y de la esperpéntica falta de seriedad de Joel Schumacher) de tal modo que uno podía llegar a creer que alguien con un pasado tan traumático y una personalidad tan atormentada pudiera llegar a convertirse en un oscuro superhéroe, en su último film Nolan continúa por la misma senda, forzando al máximo los límites del cine de superhéroes, trayendolo al terreno del thriller policiaco y de acción todo lo “realista” que el género le permite. No es casualidad que el nombre del superhéroe no aparezca en el título de la película: pareciera que Nolan sólo se ha inspirado en Batman y su universo para construir un relato de acción con pretendido sustrato filosófico, poliédrico y coral donde “el caballero oscuro” comparte protagonismo con muchos otros personajes, donde lejos de la fantasía gótica de Burton, Gotham podría ser perfectamente Nueva York, y los Swat aparecen tanto como en cualquier blockbuster adrenalítico hollywoodiense.


Es de suponer que esta nueva mirada desencantará a unos cuantos amantes del cómic, aunque, personalmente, a servidor (gourmet del buen thriller policiaco americano y poco aficionado al cine de superhéroes) le parece muy interesante. Sin embargo, “El Caballero Oscuro” me parece excesiva en su metraje, y en la cantidad de frentes que mantiene abiertos, subtramas y elementos argumentales que contiene (tres protagonistas con su respectiva historia, y dos villanos con la suya propia, además los mafiosos, de la inevitable historia de amor-amistad de Batman con Rachel y los dos ayudantes el protagonista). Esto afecta a la estructuración del guión por actos y secuencias, que a mi entender no está bien resuelta, con excesivas subidas y bajadas de la tensión y demasiados giros y varios amagos de final para luego volver a complicar las cosas. Soy de los que piensan que la duración idónea de un film suele estar entre la hora y media y las dos horas, por lo que creo que, si de sagas se trata, este film hubiera podido dar lugar a dos entregas más, más cortas y mejor estructuradas.


Resulta inevitable referirse a la interpretación por parte de Heath Ledger (ya saben, su último papel antes de su muerte) de un Joker histriónico y patético, mucho más carnal y sudoroso y menos elegante y cómico que el que interpretó Jack Nicholson. Un Joker que más que salido de una baraja de cartas, parece salido de un manicomio.


En definitiva, “El Caballero Oscuro” tiene los mismos mimbres que su primera y excelente entrega (la estética más realista y, a mi entender, elegante y atractiva de todas las sagas, gran calidad técnica, un buen elenco de actores, un guión con discurso, que no se reduce a la sucesión de escenas de acción, etc.), pero explicada ya la interesante peripecia vital de cómo Bruce Wayne se convierte en Batman, Nolan se centra esta vez en una irregular y enrevesada trama policia-mafia-justicia, con Batman y el Joker de por medio, que quizá pretende abarcar demasiado y al final el film se hace mareante y largo hasta el hartazgo.

Leer más... Leer más...

Luchando contra la vida

The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008)


Darren Aronofsky define su última película, más que como un film estrictamente deportivo, “como un drama muy humano y sensible, en la linea estilística del retrato intimo de una vida. No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar del fim.”



Estoy totalmente de acuerdo con esta definición clara y honesta. A pesar de que la historia de “The Wrestler” (“El Luchador”) no es demasiado original, está muy bien contada, y este tipo de relatos, cuando estan bien trazados, resultan altamente emotivos.


La biografía de este Randy “Ram” Robinson recuerda mucho a la de el púgil español Miguel Urtain: alguien que en el ring fue un mito, pero que fuera de él fue derrotado por la vida. Además, resulta tremendamente obvia, pero no por ello menos potente y fantástica, la simbiosis que se produce entre el personaje y el actor, Mickey Rourke: un tipo que en los 80 fue un icono (en su máximo esplendor con su papel en “9 semanas y media”), pero que 20 años después ha sido relegado al olvido. Rourke compone (o más bien se funde con) un peripatético y a la vez entrañable Randy “Ram” Robinson.


Con todos estos ingredientes, The Wrestler” es un retrato intimista y descarnado de un inadaptado, un hombre que intenta encontrar su lugar en el mundo y hacer bien las cosas fuera de lo único que sabe hacer realmente bien: pelear. Una frase que le dice al personaje de Cassidy (Marisa Tomei), define sus sentimientos hacia el mundo y su tragedia personal: “Aquí (en el ring) mi corazón está bien, sólo me lo rompen cuando salgo afuera”.


Lejos del innovador estilo mostrado en películas como “Pí” (1998) o “Requiem for a dream” (2000), Aronofsy utiliza esta vez un lenguaje bastante clásico y un ritmo bastante pausado, que se adaptan perfectamente a la historia. Eso sí, destaca el trabajo de la cámara, muy cerca siempre del personaje para potenciar su visión del mundo que le rodea, como en esa magnífica escena en que Randy se prepara para salir a atender clientes en el supermercado, tras la cortina de plástico, mientras cree escuchar ahí afuera el clamor de sus fans, como si estuviese a punto de salir al ring.


Sin embargo, hay que decir que el film, aunque transpira verdad por todos sus poros,recurre también a muchos tópicos del drama a la americana: personajes perdedores con vidas desestructuradas, tendencia al pesimismo enmarcado en ambientes sórdidos y deprimentes, el vacío y el feísmo de lo cotidiano, situaciones lacrimógenas, etc.



En definitiva, un retal de vida rasgado que hará disfrutar, e incluso derramar alguna lágrima, a todos aquello que disfruten de las historias duras de naufragios personales, y no solamente, aunque seguro que también muchísimo, a los amantes de ese deporte – espectáculo, el wrestling americano, que es en sí mismo un gran teatro, como la propia vida.

Leer más... Leer más...

3/3/09

Puro artificio oscarizable

Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008)


Tanto y tan bien había oído hablar de esta película, que no podía esperar a verla. Se postulaba como una de las candidatas a los Oscar (donde finalmente fue la gran triunfadora), y además, me habían hablado muy bien de su guión, algo que para mi la hacía totalmente apetecible.




Sin embargo, la historia de Slumdog Millionaire, tras su apariencia de propuesta original y más o menos independiente respecto a los cánones hollywoodienses, esconde un artificio más que obvio diseñado para arrasar en una ceremonia como la de la Academia nortemaericana. Veamos:


En primer lugar, lo primero que destaca de este film, aquello que lo hace más llamativo, es la inclusión en su argumento del archifamoso concurso “Quién quiere ser millonario”, en este caso en su versión hindú. El recurso a los referentes televisivos hacen la cinta mucho más atractiva para el pueblo llano, de eso no cabe duda.

El film utiliza la participación de Jamal en dicho programa para armar su mecanismo de flashbacks al pasado del protagonista, donde cada pregunta y la consecuente respuesta correcta del chico sirven para explicar un episodio de su vida. Artificio en estado puro. Pero aquí no acaba la cosa: el film también se desarrolla en una tercera linea temporal, el interrogatorio al que es sometido Jamal por parte de la policía, sospechoso de estar haciendo tramapas en el concurso. Una frase de uno de los agentes que lo interroga resume la fragilidad de la premisa inicial del film:


- “Catedráticos, doctores, abogados… han sido incapaces de llevarse el premio. ¿Cómo es posible que un simple perro de chabola sea capaz de acertar todas las preguntas?”


Lo inverosimil del asunto es que algunas de esas preguntas son del nivel de la última, la que cierra (tan bien cerrado, tan al estilo Hollywood) todo el mecanismo:


- “¿Cómo se llamaba el tercer mosquetero?”


Sentado en mi butaca, pensé que yo también podría ser millonario. El resto de preguntas hacen referencia a aspectos de la cultura popular hindú, que servidor desconoce, pero que es de suponer que sí debería conocer un catedrático o un abogado de ese país. Lo que ocurre es que, seguramente, si las preguntas hubieran sido mucho más difíciles, también hubiera sido mucho más difícil justificar porqué en cada episodio de la vida de ese “perro de chabola” estaba la respuesta a cada una de ellas.


Por lo demás, los personajes carecen de la entidad suficiente para emocionar de verdad, salvo recurriendo a la unión entre infancia y pobreza. La historia de amor en el tiempo (el leitmotiv de todo el mecanismo; otro ingrediente que nunca falla) entre Jamal y Látika resulta demasiado plana. Se quieren porque sí, a pesar de los obstáculos, el tiempo y la distancia, aunque apenas han tenido tiempo de conocerse. Además, el hermano del protagonista, Salim, es bueno o malo a conveniencia del guión.


Aún así (o quizá gracias a todo ello), el film tiene ritmo, una buena fotografía y ciertamente engancha, pero con el paso del tiempo no deja ningún poso ni reflexión alguna en el espectador. Además, recuerda demasiado a la estupenda cinta brasileña “Ciudad de Dios”, aunque en versión más amable y digerible para la mayoría del público.


Al final, después de que el chico (millonario o no) bese a la chica, suenan las fanfarrias, llegan los créditos, y entonces descubrimos que, a pesar de la pretendida gravedad de la historia de amor entre Jamal y Látika, todo era broma, un simpático guiño al fenómeno Bollywood, completando así la lista de razones por las que Slumdog Millionaire ha arrasado en los Oscars.

Leer más... Leer más...

8/1/09

Patinazo en toda regla

Solo quiero caminar (Agustín Díaz Yanes, 2008)


Extraño híbrido de película gangsteril tarantinesca y drama coral femenino almodovariano, que no funciona como ninguna de las dos cosas.

Porque el film de Diaz Yanes es desastroso no ya en su propuesta o en su discurso, sino en facetas tan obvias como la descripción de sus personajes, el concepto básico de ritmo cinematográfico o en la dosis de información necesaria para que el espectador pueda seguir y completar el relato.

Para empezar, el guión se olvida de algo tan importante para cualquier película como es describir a sus personajes. Las protagonistas son cuatro mujeres de acción, pero… ¿por qué se dedican a los robos? ¿Cómo han llegado hasta ahí? ¿Quiénes son realmente? No esperen respuesta. El prototipo de “mujer de acción” que se saca de la manga Diaz Yanes requeriría de una explicación de su historial y sus motivaciones y de un cierto discurso que nunca llega. Y así, los personajes resultan, sencillamente, inverosímiles, y el espectador nunca llega a identificarse con ellos. Además, “cuando las cosas se ponen feas”, estas cuatro mujeres son tan torpes que de esa premisa difícil de asumir nacen la mayor parte de unas escenas de acción con tan poco ritmo y estilo que rozan el ridículo en algunos momentos.

El recurso fácil al mafioso poderoso, vanidoso y machista, y a su caterva de matones incompetentes , zafios y cabezas huecas resulta más fácil de digerir para un espectador acostumbrado a ese tipo de cine, aunque no aporte nada nuevo.

El relato también olvida los mecanismos básicos de aporte de información, para que el espectador pueda comprender, completar e incluso anticipar el devenir de los acontecimientos.

Por lo demás, Díaz Yanes se recrea, aunque sin sacarle todo el jugo posible, en la estética de ese México DF tan vital y tan corrupto, tan pintoresco, fronterizo y fotogénico, y en los lugares comunes del cine gangsteril norteamericano moderno. Esto es, mafia, poder, narcotráfico, muchas pistolas y sexo grosero. Pero esto no es Hollywood, y el esquema se reproduce sin apenas pulso, mediante un relato fallido e inconexo en el que el único hilo conductor es el personaje de Gabriel, un Diego Luna a lo Vincent Vega con el encanto de los sicarios con sentimientos y dilemas morales.

En suma, sólo se le puede agradecer a Díaz Yanes la idea de escapar a México para rodar cine español de acción. Lástima que con tan poco acierto, Díaz Yanes le haga un flaco favor a un género lamentablemente casi virgen en la filmografía patria.
Leer más... Leer más...

Alta cocina española

Fuera de carta (Nacho G. Velilla, 2008)

Buena comedia nacional, llena de situaciones hilarantes, dialogos ágiles e histrionicos y momentos desternillantes.


“Fuera de Carta” es una muy buena comedia de enredo de ritmo trepidante, diálogos histriónico y desternillantes (aunque algunas veces un pelín forzados), en la que Javier Cámara disfruta con un papel que le va como anillo al dedo y que recuerda (salvo en la condición sexual y en el extremo amaneramiento) al de Mario Estrada en la serie “Lex”: un tipo de éxito, competitivo y egocéntrico pero tremendamente incapacitado para el amor, ya sea hacia sus parejas como sobre todo hacia sus hijos.


Maxi es el dueño y chef de un restaurante de alto copete, el Xantarella, cuya cocina es una especie de camarote de los hermanos Marx. Su condición homosexual no le representa hoy en día ningún problema. Sin embargo, deberá afrontar el pasado cuando, tras la muerte de su ex mujer, deba hacerse cargo de sus dos hijos, a los que apenas conoce.


Todo se enredará aún más con la llegada de Horacio, un atractivo argentino del que quedará prendada Álex, la maitre del Xantarella y mejor amiga de Maxi. Sin embargo, Horacio resultará ser también gay, y se enamorará de Maxi.


Al alto nivel del menú ayuda el resto de un elenco de personajes principales llevados al extremo: Horacio (Benjamín Vicuña), el guaperas argentino y atormentado gay que aún no ha salido del armario por miedo al rechazo y al fracaso profesional; Álex (Lola Dueñas), la chica explosiva pero ingenua y sin suerte con los hombres, y Ramiro, el desastroso pinche del Xantarella, interpretado por un Fernando Tejero en su papel de siempre.

Leer más... Leer más...

29/7/08

Irreversible: el cine como puñetazo en el ojo

Título original: “Irreversible
Director: Gaspar Noé
Guión: Gaspar Noé
Productores: Christophe Rossignon y Richard Grandpierre
Música: Thomas Bangalter
Fotografia: Gaspar Noé y Benoit Debie
Año: 2002
Duración: 90 min.
Nacion. (idioma): Francia (francés)
Intérpretes: Monica Bellucci, Vincent Cassel, Albert Dupontel, Jo Prestia.


Narrada hacia atras, como "Memento" (C. Nolan, 2001), y en 12 planos-secuencia, "Irreversible" es un sobrecogedor reportaje sobre una noche maldita, que reune todos los elementos del morbo: un club leather, con sus paracaídistas y todo (un antro infecto que parece inspirado en un Ralf Konig MUY oscuro), putas, travelos, peleas, venganza, gore (el mejor en muchos años, no apto para impresionables), una violación (anal, para más señas), sexo tierno (Noe "utiliza" a la pareja Cassel-Bellucci como Kubrick utilizó a Cruise-Kidman), el desnudo de la Bellucci y 2 pollas explícitas para los coleccionistas de escenas calientes. Todo ello narrado con energía, haciendo un desvergonzado y necesario uso del zoom y la cámara-en-mano.

Nos guste más o menos su peculiar estilo (yo creo que encaja a la perfección con la historia), lo cierto es que el director consigue acercarnos a lo que está pasando, consigue transmitir a la narración una ambientación acorde con el "mal rollo" que inspira el argumento. Nos parece estar ahí, donde suceden los hechos, y, por ello mismo, nos hace desear estar lo más lejos posible de ahí, donde suceden esos hechos. Y sin embargo suceden, y suceden en Francia, que está aquí al lado, pero suceden también en cualquier sitio. Y eso es uno de los mensajes que desprende el film: también te puede pasar a tí. Y es terrible.

"Irreversible" habla del instinto animal de venganza del ser humano, de la rabia y las distintas formas de expresarla, de una sociedad tan podrida que pueden suceder cosas como esa en cualquier esquina. Nos obliga a observar durante mas de 15 minutos, en plano abierto y fijo, cómo una chica és ultrajada analmente, sin la excusa elíptica del plano corto y movido. Para más inri, su violador, en lugar de ser un encapuchado asocial y eyaculador precoz, és un encocado y arrogante chapero gay que improvisa una violación femenina "por probar": Alex (Belluci) presencia una pelea de novios entre el chapero y su travelo en un paso subterraneo. Desafortunada testigo, el tipo la amenaza con una navaja, y luego piensa que no estaria nada mal montarselo con ella. Mala suerte.

Dos momentos concretos nos hablan también de lo absurdo del destino:


- mientras Alex está siendo violada, al fondo del túnel, alguien baja las escaleras para cruzar, pero al ver a una pareja follando en el suelo se corta y vuelve sobre sus pasos. Lástima.
- cuando Pierre (Dupontel) acaba de reventarle el craneo con el extintor al supuesto violador, el verdadero criminal, delante de él, mira el cadaver, alucinando. Mala puntería.


Si uno ve Irreversible y luego se pregunta porqué su director no ha vuelto a estrenar película, puede facilmente creer que Gaspar Noé se suicidó despues de rodar ésta película. Al menos, da toda la impresion de ser un tipo con muy poca paz interior, porque su película está contada con las vísceras, desde la bilis, y no defraudará, sino que asqueará a los conformistas, mientras que puede llegar a traumatizar a los espectadores con cierto espíritu reflexivo.


"Irreversible" se clava en la conciencia del espectador y deja, para el debate posterior, una tesis sobre la venganza, sus motivos y sus consecuencias. Sí señor, esto es Cine. Este es el puñetazo en el ojo que, en mi opinión, debería ser una de las esencias del Séptimo Arte.
Leer más... Leer más...

El Incidente: más de lo mismo y peor








Título original: “The Happening
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Productores: M. Night Shyamalan, Sam Mercer y Barry Mendel
Música: James Newton Howard
Fotografia: Tak Fujimoto
Año: 2008
Duración: 90 min.
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Mark Whalberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sánchez

Mientras un extraño fenómeno está afectando a la población de Nueva York, y se propaga por la costa este de Estados Unidos, se produce un éxodo masivo hacia la salvación. Entre la multitud desesperada viajan el profesor de ciencias Elliot Moore (Mark Wahlberg), junto con su mujer (Zooey Deschanel), su compañero (John Leguizamo) y la hija de este (Ashlyn Sanchez). En su huida desesperada, Elliot intentará aplicar sus conocimientos científicos para entender lo que está sucediendo, además de intentar salvar el difícil momento de su matrimonio.

“El Incidente” (mejorable traducción del inglés “The Happening”) pretende ser inquietante desde su vago título. Realmente, cuando acaba el film no sabemos mucho más sobre el tal incidente, suceso o fenómeno, lo cual (por mucho que les pese a aquellos que necesitan una explicación para todo) me parece un acierto. Lo que sucede es que esta película ya la habíamos visto antes: se llamaba “Señales”, era del mismo director, y era infinitamente mejor.

En efecto, lo que allí era una (supuesta) invasión alienígena, aquí es un (supuesto) virus o reacción química o vaya usted a saber, que hace que las personas se comporten de forma destructiva. Esa vaguedad en las premisas iniciales siempre me ha parecido tremendamente acertada, y es muy propia de Shyamalan, quien prefiere mostrar lo que está sucediendo con cuentagotas, y aportar el grueso de la información mediante la radio, la televisión, o conversaciones telefónicas, videos, comentarios, etc. Es decir, más que ver lo que está pasando ahí afuera, se nos cuenta. Si lo pensamos bien, los grandes sucesos modernos que afectan a toda la Humanidad (p.e., la llegada del hombre a la Luna o el 11-S) los vivimos en nuestro hogar, y nos llegan mediante inputs de información muy variados y a veces contradictorios, que generan confusión, histeria, rumores, tópicos, leyendas, etc. Shyamalan siempre coloca la cámara delante del individuo, mientras afuera el mundo se acaba, porque le interesa más el efecto del suceso en el individuo confundido y desinformado que el suceso en sí, o que la histeria colectiva y la fanfarria de explosiones, gritos y carreras. No hay nada más terrorífico que encuadrar la mirada de alguien que mira algo terrorífico, dejando ese algo off camera. Eso es el terror psicológico.

Ahora bien, “El Incidente” recuerda demasiado a “Señales”, da toda la sensación de que el director se repite a sí mismo. Y lo que es peor, la historia carece de la fuerza de aquella (el personaje de Alma, la mujer de Moore, no aporta nada, y la crisis de la pareja resulta un tanto ridícula), Shymalan parece haber perdido el pulso y la tensión (a veces parece que intenta mantenerla mediante el melodrama lacrimógeno típicamente americano), y además hay escenas que parecen forzadas (¿es necesario y creíble que una madre que está hablando con su hija en peligro conecte el altavoz del móvil para que todos oigamos a la niña posesa?) o simplemente calcadas de “Señales” (¿el video del zoo de esta no os recuerda al de la fiesta de cumpleaños en Brasil de aquella?).

En resumen, “El Incidente” abunda, sin aportar nada, en el interesante estilo (con toques hitchcockianos) de Shyamalan, a quien habría que reconocerle al menos su particular e inquietante visión del suspense (aparte de “Señales”, “El Bosque” me parece magnífica). Sin embargo, su último film huele a cerrado, y bien le convendría a su director un poco de aire fresco, por ejemplo fuera de la maquinaria industrial y repetitiva de Hollywood, de sus paranoias post 11-S y de sus manidas lecciones religioso-morales sobre el valor, la familia, etc.
Leer más... Leer más...

28/7/08

Death Proof: extraño híbrido tarantinesco

Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Productores: Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, Erica Steinberg, Elisabeth Avellán
Fotografía: Quentin Tarantino
Montaje: Sally Menke
Vestuari: Nina Proctor
Duración: 114 min.
Año: 2007
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Kurt Russell, Sidney T. Poitier, Vanessa Ferlito, Rose McGowan, Tracey Thoms, Rosario Dawson, Zoe Bell

Como autor de culto que es, cualquier película de Tarantino se presta a un doble análisis: como película en sí misma o como una pieza dentro de su filmografía. Sin embargo, puesto que, sin ser totalmente profano en la materia, tampoco soy un gran entendido en cine tarantinesco, sería pretencioso y falaz redactar aquí una tesis sobre en qué estrato de su obra se sitúa su último film, así que intentaré analizar "Death Proof" como obra individual. La tarea no es fácil, porque cada pieza de la filmografía de Tarantino comparte con las demás tantos referentes que, en cierto modo, acaba perdiendo entidad en sí misma.

Y es que, a poco que hayamos visto simplemente "Pulp Fiction" o "Jackie Brown", sería fácil identificar ya desde el primer plano del filme (esos pies de mujer con las uñas pintadas, sobre el salpicadero de un coche), que estamos ante una película de Quentin Tarantino. La escena que abre el film es otra de esas de manual tarantinesco: una larguísima conversación en la que se van solapando diálogos ingeniosos (por cierto, ¿alguien puede contar las veces que se dice fuck o fucking?) que, sin embargo apenas tendrán relevancia en la futura trama. Es decir, Vincent y Jules discutiendo sobre cuartos de libra o masajes en los pies (los pies femeninos, ese fetiche recurrente) mientras se dirigen a ajusticiar a unos pobres desgraciados. Esto sucedía hace 13 años en la genial "Pulp Fiction" (1994), pero el bueno de Tarantino se empeña en repetirse una vez tras otra.


Precisamente Pulp Fiction (en mi opinión, junto a "Reservoir Dogs", sus mejores películas y las más frescas) revolucionó las estructuras narrativas clásicas, y desde entonces Tarantino ha hecho de ello otra de sus señas de identidad. Es por ello que "Death Proof", más que en un planteamiento, nudo y desenlace, se estructura en dos capítulos: el primero es oscuro, misterioso, tiene mucho estilo y contiene también muchos guiños al ideario tarantinesco: el homenaje a los dobles y a la serie B setentera norteamericana, ese lap dance (impresionante esa belleza de rasgos duros llamada Vanessa Ferlito) que tanto recuerda al mítico baile de Salma Hayek en "Abierto hasta el Amanecer", etc. Aquí se nos presenta a Mike “el Doble”, un tipo peculiar y misterioso que luego resulta ser un psicópata del volante. Interesantísimo, terrorífico y cautivador personaje interpretado genialmente por un maduro y desgastado Kurt Russell, en lo que es el capítulo tétrico del film.

La segunda parte de la historia es más colorida y lúdica, y a mi entender carece de la fuerza y el dramatismo de la primera. Es aquí donde "Death Proof" comienza a perder fuelle. Aquí apenas hay misterio, y la única tensión proviene de una larguísima y trepidante escena de persecución sobre ruedas (continúa el homenaje a los dobles y a los coches, e incluso me atrevería a decir que a… ¿"Mad Max"?), en la que el otrora temible Mike “el Doble” acaba siendo un patético loco del volante que da con la horma de su zapato, y la historia del cazador cazado acaba con un festín de violencia gratuita muy al estilo Kill Bill.

En fin, una ensalada de chicas atractivas e irreverentes, y potentes coches. Una primera hora de homenaje, quizá el menos disimulado, a los referentes setenteros del director, que se tuerce después hacia una segunda parte tremendamente decepcionante, con un cierre tan delirante (y falto de todo estilo) que sólo podría permitirselo alguien como Tarantino.
Leer más... Leer más...