Mostrando entradas con la etiqueta 2011. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2011. Mostrar todas las entradas

14/12/12

Infancia clandestina (2011): decepción con acento porteño


Benjamín Ávila (Buenos Aires, 1972) demuestra varias cosas: la primera es que ni un buen tema ni una implicación personal en el mismo bastan para armar una buena película. Una mirada a uno de los episodios más oscuros de la historia de Argentina, la represión, a finales de los 70, de los montoneros por parte de la dictadura de Videla, por medio de los ojos de un niño (la historia está inspirada en la infancia del propio director), podría sonar a buen material. Sin embargo, cualquier episodio de “Cuéntame” (uno no puede evitar encontrar semejanzas) tiene más poder narrativo y más emoción que este film.

Los padres de Juan (Teo Gutiérrez Moreno), Horacio (César Troncoso) y Cristina (Natalia Oreiro), montoneros exiliados de la dictadura militar argentina, deciden volver a su país para continuar con la lucha. Desde entonces convivirán con el tío Beto (Ernesto Alterio), hermano de Horacio, con sus nuevas identidades (Juan pasará a ser Ernesto), y con el miedo continuo a ser descubiertos. Además, Juan / Ernesto verá cómo las decisiones de sus padres comprometen su propio futuro y su felicidad.


La segunda cosa que demuestra Benjamín Ávila es que o carece de sentido del ritmo y de la planificación o aquí no los ha encontrado. Y es que no por necesarios, debemos aplaudir estos films de forma acrítica. Su innegable valor como testimonio de la abominación y el recurso enternecedor de la mirada infantil (que aunque justificada aquí, empieza a convertirse en un lugar demasiado común) le habrán valido su elección para representar a Argentina en los Oscar 2013, pero no salvan artísticamente, en mi opinión, un relato deslavazado que solo sube enteros en momentos puntuales: cuando nos hace sentir (y casi envidiar) ese primer amor infantil (ayudado por el encanto de la niña Violeta Palukas), o la discusión con la abuela Amalia (Cristina Banegas), pero en general, el desarrollo anodino inclina la balanza hacia el aburrimiento. Su pobre dirección artística (la fotografía pretendidamente grisácea, pero plana; la discreta ambientación) tampoco ayuda en exceso.

De lo poco destacable, Ernesto Alterio, que brilla por encima del resto, componiendo un personaje entrañable, el tío ­­­­­­­­Beto, que se convertirá en un referente para Juan / Ernesto por su alegría y sus ganas de disfrutar de la vida.

“Infancia clandestina” llega a las salas españolas el próximo 21 de Diciembre.
Leer más... Leer más...

11/5/12

'Monsieur Lazhar' (2011): una lúcida, sosegada y emotiva reflexión sobre nuestros valores educativos y vitales

Una profesora se ahorca en una clase de primaria. Los niños deberán convivir a partir de ahora con ese doloroso recuerdo, con la idea de la muerte, con conceptos que les sobrepasan a su corta edad y que les dejaran, en cualquier caso, una huella indeleble. La política del colegio es intentar olvidarlo todo, alejar a los niños de lo sucedido. Pero el profesor sustituto, el ‘monsieur Lazhar’ del título, un refugiado argelino, cree más conveniente que los niños aprendar a convivir de una forma natural con ello. Tras leer un discurso escrito por una de las alumnas (en una escena apabullante), en el que habla del suicidio de su maestra de una forma tremendamente lúcida y desgarradora, la directora del centro prohíbe a Lahzar hacer copias y distribuirlas, en pos del respeto por la difunta. “¿Y ella, fue respetuosa con ellos cuando se colgó en medio de la clase?”, es la respuesta de Lahzar.

En la anterior escena radica una de las claves de un film que habla sobre cómo gestionar el recuerdo de algo tan doloroso y violento como un suicidio: ¿afrontándolo o enterrándolo? La propensión de Lazhar a exponer el tema incomoda a los padres y demás profesores, poniendo, continua pero suavemente, el dedo en la llaga, violentando unos valores culturales que pretender desterrar la idea de la muerte, negarla.

La otra gran cuestión de fondo del film es su reflexión sobre el sistema educativo (occidental, se entiende). No es difícil suponer la estrategia narrativa del director en este punto: colocar el mensaje central del film no en boca de Lazhar (lo cual resultaría demasiado obvio y moralizante), sino de uno los personajes con menos crédito de la función, de aquellos que uno no se toma demasiado en serio. Gastón, el profesor de educación física (algo así como un gañán a la francesa) se queja lúcidamente: “tratamos a los niños como si fuesen residuos radiactivos”. Esta se revela cómo la idea central del film: ya no se puede pegar, pero en el otro extremo, tampoco abrazar a un alumno, desterrando los sentimientos y la implicación emocional de las aulas. La revelación final del (algo previsible) misterio sobre el suicidio de la anterior profesora acaba de poner el acento en esta problemática. Tampoco se debe educar, tan solo enseñar, como le espeta uno de los padres a Lazhar. Y eso que no dan “Educación para la ciudadanía”…
Al contrario de lo que pueda sugerir su premisa inicial, ‘Monsiuer Lazhar’ no transita por el lado sensacionalista de la misma. Al contrario, el nuevo film del canadiense Philippe Falardeau, lejos de explotar las vías que abre dicha premisa, destaca por su sutileza, apuntando sin subrayar. Por ejemplo, el trágico pasado de Lahzar, que (aunque nos imaginamos) sólo conocemos mediante insertos de su declaración en los juzgados en los que pide el asilo político. O la incipiente e improbable relación entre Lahzar y Claire (Brigitte Poupart), otra profesora del centro que se interesa por él; o la ‘conexión magrebí’ con uno de los alumnos; ni siquiera explota el previsible choque cultural ni las posibilidades cómicas y dramáticas del “pez fuera del agua”.

En cierto sentido, tanta sutileza también juega en su contra, ya que el libreto adolece de los problemas (o convicciones, según se mire) narrativos clásicos del cine de autor europeo o europeizado. ‘Monsieur Lazharno tiene grandes giros, ni unos conflictos demasiados potentes. De nuevo tema sobre trama. El film simplemente sigue una línea pausada, una progresión en la que Lahzar va venciendo los escepticismos de los demás maestros y de los padres, y va ganándose el corazón de los pequeños, necesitados de la calidez y la comprensión que les aporta su nuevo profesor. Y el espectador no puede evitar ir enamorándose de este entrañable profesor, hasta llegar a un final emotivo pero, a mi entender, algo precipitado.

Las fantásticas actuaciones de Mohamed Fellag (abandonando su registro cómico) y los infantes Sophie Nélisse (ojo a esta niña, porque además de buena actriz amateur es una preciosidad) y Émilien Néron, con sendas escenas sobrecogedoras, son las otras grandes bazas de un film impregnado de la personalidad de su protagonista: entrañable, contenido, obstinado y esencialmente bondadoso.

Leer más... Leer más...

21/2/12

Drive (2011): un genial Ryan Gosling conduce una de las pelis de culto del año pasado


Varias cosas hacen de Drive una de las películas más estimulantes de los últimos tiempos, y casi todas tiene que ver con la arriesgada apuesta de Winding Refn de ir a contracorriente del cine actual e incluso del propio genero: su homenaje al heroe romántico, su apuesta por los silencios, su puesta en escena pausada, estilizada e hipnótica, y cierta (sólo cierta) estética ochentera, básicamente en su banda sonora y sus títulos de crédito. Todo ello conforma lo que se ha llamado un ejercicio de neonoir, y explica su encumbramiento instantáneo (quizá algo exagerado) como peli de culto.

Habrá quien piense que ese conductor sin nombre interpretado por Ryan Gosling es demasiado plano, y no le faltará razón: apenas sabemos nada de él (ni siquiera su nombre) y su gesto hierático y sus silencios parecen una barrera infranqueable para llegar a conocerle. Sin embargo, a veces es preferible saber poco de un personaje y quedarse con ganas de saber más de él (algo que parece que sí sucede en la novela de James Sallis, adaptada por Hossein Amini), que saberlo todo de otros personajes carentes de interés que pueblan las pantallas hoy en día.

Y es que ‘Drive’, lejos de esa corriente de la narrativa que dice que los personajes deben mostrar su interior, deben evolucionar y ‘aprender’ algo por el camino, parece beber de la tradición del héroe de acción pétreo, de ese romanticismo del tipo duro de toda la vida incapaz de cambiar, y me recuerda particularmente a la figura del cowboy, condenado por su propia naturaleza solitaria y su incapacidad para establecer relaciones exentas de violencia, o hasta cierto punto al mítico guardaespaldas interpretado por Kevin Costner en el film de los 90, ese tipo duro emocionalmente disciplinado, que arrastra un tremendo trauma de romper todo lo que toca, o incluso a un Dexter menos amable y sin una voz en off que nos ayude a comprenderle. Eulàlia Iglesias, en Cahiers du Cinema, aporta algo más de luz a la impenetrable psicología de este conductor, cuando habla de su “insospechada capacidad para la agresividad y el retraimiento de quien se sabe condenado por ello”. Su hieratismo es como un esfuerzo de contención, como un intento de evitar que el escorpión que lleva en la chaqueta (un icono pop fílmico desde ya) lance su picadura mortal sobre la rana.

La relación que establece con Irene (Carey Mulligan, ahora en 'Shame') también puede parecer plana, poco desarrollada y algo arquetípica, pero hay algo que la hace especial: se dicen más con los silencios que con las palabras. Y eso hoy en dia, es mucho decir.

Hay besos que hacen perder la cabeza...

Mención aparte merece la maravillosa, casi lynchiana, puesta en escena de Winding Refn. En los tiempos de The Fast & the Furious, Transporter, y todas sus adrenalíticos (y estúpidos, con perdon) sucedáneos, la primera escena de Drive es un tutorial sobre cómo generar tensión sin quemar tanto carburante, usando tanto el cerebro y la pausa para construir una escena de acción (se diría que interior) como el mismo conductor para escapar de sus perseguidores. A continuación, unos títulos de crédito al ritmo de sintetizadores (genial la BSO, que podeis escuchar aquí), para un film que se queda con lo mejor de la (a veces muy hortera) estética ochentera y la estiliza. Tiene ‘Drive’ cierta cualidad hipnótica que me encanta (¡esas escenas de acción en un sordo ralentí!), y que debe mucho también a la excelente fotografía de Newton Thomas Sigel .

Sin embargo, no les falta a los que critican el film de Winding Refn por su violencia gratuita. No nos engañemos, así como el éxito de Pulp Fiction se debió, entre otros muchos factores, a su violencia tan estilizada y desdramatizada, Drive ganará muchos adeptos por la misma razón. Los baños de sangre cool (si tienen cierto poso existencial, como en este caso, mejor), suelen gustar. Pero en mi opinión, era innecesaria tanta sangre fácil que, si por un lado subraya la ‘naturaleza fatalmente violenta’ del protagonista, a veces está fuera de lugar (¡¡atención, spoiler!!): ¿es coherente que un villano al que se pretende humanizar mediante la duda, la comprensión y el remordimiento le clave un tenedor en el ojo y apuñale en la garganta a un secuaz para eliminar un testigo? ¿Desde cuando un crimen estratégico es pasional? Sí, la escena del ascensor mola mazo, pero ¿realmente le reventaríamos el cráneo a pisotones a un enemigo ante la chica de nuestros sueños, sin pensar que podríamos llegar a asustarla un pelín? Es en estas incoherencias donde se le ve el plumero a Winding Refn en su (innecesario) intento de que su peli sea todavía más ‘molona’ o impacte más por la vía sangrienta.

¿Es Walter White? ¡No, es el genial Bryan Cranston!

En cuanto al reparto, Gosling está excelente logrando expresar mucho con muy poco,Carey Mulligan se defiende bastante bien, y el elenco de secundarios es genial: Albert Brooks da auténtico pavor en su cambio de registro como un villano tan humano como cruel. Los años le sientan muy bien al simiesco Ron Perlman, y para acabar de flipar, sale el sublime Bryan Cranston (¿pero dónde ha estado este hombre escondido hasta que empecé a ver Breaking Bad?), lo cual es para mi todo un evento en sí mismo.

En mi opinión (si algo ha suscitado este film ha sido opiniones de todo tipo) estamos ante una estimulante mezcla de muchas influencias (su homenaje al llanero solitario, al cine de persecuciones al volante, al pop ochenteno, a la estética Lynch, su gore à la Noé), donde, en lugar de resultar en un pastiche, el todo es mucho más que sus partes, conformando uno de los mejores y más sólidos ejercicios de estilo a contracorriente de los últimos tiempos
Leer más... Leer más...

22/1/12

Flashback: crítica de "No habrá paz para los malvados"

Aprovechando que las nominaciones a los Goya la han vuelto a poner de actualidad, recuerdo la crítica que hice en Octubre de la última película de Enrique Urbizu. ¡Que la disfruteis! 

¡Lee mi crítica o te vuelo la tapa de los sesos!

http://couriernewdoce.blogspot.com/2011/10/no-habra-paz-el-nuevo-thriller-de.html


Leer más... Leer más...

20/12/11

El Barça y el heroe inhumano: cuando la perfección aburre


No soy freak de los cómics, pero siempre me ha gustado Batman, por ese lado oscuro, por ese espíritu traumatizado y esa fragilidad tan romántica del superhéroe de Gotham. También soy culé, y vaya por delante que estoy disfrutando de este momento dulce, pero hace tiempo que me viene inquietando algo a raíz de tanta victoria, tanto espectáculo y tanto título.

El Barça siempre me se me había antojado un poco como Batman: un superheroe romántico y frágil, capaz de lo mejor (Wembley'92) y de lo peor (Tokio'92, Atenas'94), trágicamente amarrado a un destino fatal, a la necesidad genética de jugar bonito para ganar, o en su defecto, perder siendo fiel al propio estilo. Una suerte de romanticismo futbolístico en tiempos de fútbol práctico y resultadismo. Un heroe acostumbrado a recibir golpes en su orgullo, acostumbrado a caerse, pero también a levantarse con estilo. Un superheroe redondo, con sus puntos fuertes, pero también con su talón de Aquiles, con su propio trauma: la escasez de títulos contantes y sonantes en sus vitrinas, la soledad de su única (y gracias) Copa de Europa, frente a las seis (más tarde nueve) de su eterno rival.

Aunque la memoria periodística suele ser corta, el manejo virtuoso del balón del que hace gala el Barça no lo ha inventado Guardiola: el Barça siempre se ha distinguido por su excelente trato del esférico y una capacidad única para combinar en corto. Sin embargo, como decía, también ha tenido siempre sus puntos flacos: aparte de que los catenaccios eran su particular "kriptonita", el Barça que yo recuerdo (de Cruyff hasta hoy) siempre se había caracterizado por la fragilidad defensiva, la endeblez física y cierta falta de competitividad que transmitía al aficionado culé (al menos a mí) la sensación de que su equipo salía al campo "con la flor en la mano", y que no daba la talla en los momentos importantes. Un complejo heredado de la Holanda del 74, la naranja mecánica de Cruyff, que no ganó nada a pesar de llegar a dos finales de un mundial y maravillar al mundo con su fútbol. Quizá el Barça no tuviese la solera y el tronío de otros, pero tenía cierta virtud heroica y la sufrida sensación de que el fútbol estaba en deuda con nosotros. Vaya, un poco como la selección española hasta hace tres años.

Ser culé siempre había sido sinónimo de sufridor, de patimenta (sufrimiento). Sin embargo, el equipo de Guardiola está cambiando eso. Porque a su cada vez más virtuoso trato del balón, ha ido añadiendo cada día más intensidad, más músculo (sobre todo defensivo) y más competitividad. Y, más allá de los títulos, más allá de las victorias, y un poco más acá de estar transformando el paradigma futbolístico mundial (como lo hiciera también la naranja mecánica), lo que también está cambiando este Barça me da la sensación, es la mentalidad culé. Y es que estos chicos no solo están pulverizando records, también están pulverizando el eterno fatalismo blaugrana, del que las nuevas generaciones tendrán que oír hablar o leer en los libros. El culerismo está entrando, por así decirlo, en otra dimensión, en la que ya se puede codear, por títulos y no sólo por sensaciones, con los grandes de Europa. Porque hoy en día es muy agradecido (y muy fácil) ser culé. Pero eso, como todo tiene su lado negativo.


Debo confesar que a veces, yo también me aburro viendo al Barça. Me sucede como cuando veo una de esas pelis de acción de hoy en día, en la que el prota, el héroe, es prácticamente perfecto. Ese prota a lo Vin Diesel o Jason Statham que pelea como Bruce Lee y Jackie Chan juntos, dispara como Rambo, conduce como Bullit, es hábil con los ordenadores como Ethan Hunt e inteligente como Jason Bourne. O sea, aburridísmo. Un héroe por el que uno, sencillamente, no puede sufrir, porque es tan perfecto que no parece humano. Y eso es lo que pasa con el equipo culé: el Barça aburre porque no tiene rival. No es que el bueno casi siempre gane (que eso, al menos en el cine, ha sido así de toda la vida), es que uno ya ni siquiera sufre por él. Al menos, hoy por hoy, por más prisa que tengan algunos (año tras año) en afirmar que su eterno antagonista está a su nivel. Sí, quizá el villano de turno (siguiendo con el símil, que nadie se ofenda), en uno de los pocos giros interesantes del guión, consiga hacerle algún rasguño o incluso derrotarle en cierto momento de la película , y el héroe deba volver a su batcueva a reponerse de sus heridas. Pero, inmediatamente, regresa más fuerte que nunca y se vuelve a restablecer el aburrido (des)equilibrio. Es como si Guardiola hubiese cogido a Batman, lo hubiera metido en el diván, y le hubiese quitado su atractivo y magnético trauma.

Al final, cada previa del partido del siglo, o de cada final como la del domingo, con sus despliegues informativos y sus caldeados debates previos, acaba siendo como una de esas inchadas campañas de promoción antes del gran estreno cinematográfico de turno (de MI4, por poner un ejemplo actual): un megatrailer de una esperada película que sin embargo, siempre me acaba defraudando, porque a pesar del virtuosismo técnico en la realización, a pesar del ritmo trepidante y de la belleza de la puesta en escena, falta lo esencial: la emoción, la sensación de sufrimiento por el héroe, por el propio equipo. Cuando el héroe destroza al villano y ni siquiera se lleva un rasguño, como sucedió el domingo, la película resulta tremendamente aburrida. Y entonces, a este espectador le gustaría hacer suyo el anuncio que leyó una vez, firmado por los mismos que dicen que el héroe va de sobrao. "Cosas veredes..."
Leer más... Leer más...

14/12/11

El 'making of' de 'Eva' llega en papel.

Hoy se ha presentado en la cinéfila librería "Ocho y medio" el libro 'Eva: Así se hizo la película'. Se trata de un making of de 207 páginas (y un precio de 25 € aprox.), una memoria que recoge de forma suculenta todo el trabajo que hay detrás del film de Kike Maillo. La presentación ha corrido a cargo del propio director, que ha ido contestando las preguntas de los compañeros del programa radiofónico “La Script” de la Ser, y alguna pregunta más de los medios allí congregados.


El libro (que tengo ahora mismo en mis manos por cortesía de David Martos), es un regalo para cualquier cinéfilo, sobre todo para los apasionados de la ciencia-ficción, y un documento treméndamente inspirador para aquellos que alguna vez hemos osado soñar con un proyecto tan ambicioso como este. 

Tras las palabras del propio director y de Sergi Belbel, a modo de introducción, el libro nos invita a sumergirnos en los diferentes apartados, como si de los extras de un DVD se tratase: “La historia” “La nieve” (sobre el entorno nevado, la utópica ciudad de Santa Irene, o el rodaje en Panticosa de la famosa caída de Marta Etura) “Retrofuturismo” (con especial atención a los ambientes y localizaciones, pero también a aspectos gráficos, vestuario o el diseño del hand-up), “Robots” (donde se detallan dibujos, maquetas y cantidad de detalles técnicos de todo el universo robótico de la película), “Sonido” o un interesantísimo apartado “carteles” donde podemos ver infinidad de versiones del cartel hasta llegar al definitivo.


 Con un estilo sosegado, cercano y muy coherente, Kike Maillo empezó perfilando los orígenes de esta historia de ciencia-ficción y sus referentes: de niño, viendo un capítulo de ‘Doctor Who’, se dio cuenta de que quería hacer películas “del futuro”, pero fue con ‘Blade Runner’, a los doce años, cuando comprendió que la ciencia ficción puede servir, más allá del entretenimiento, para hablar del ser humano. El hecho de que los robots pudieran sentir miedo le pareció fascinante. Pero el germen más inmediato de ‘Eva’ comenzó a gestarse en Sitges’07, y a raíz de la eterna cuestión de “aquí no se puede hacer eso”. Para demostrar lo contrario, Maíllo rodó un teaser, con el que entre otros, convenció a Sergi Belbel, que a la postre se hizo cargo del guión. 

El director se deshizo en elogios hacia Claudia Vega, la pequeña actriz que da vida a Eva, de la que dijo que “es capaz de sonar auténtica, no necesita emular a los mayores. Es muy empática, capaz de conectar con sus emociones, y eso es algo que no tienen muchos niños actores. Lo que ahora necesita trabajar y convertirse en la buenísima actriz que es”.

Dos elementos muy importantes en Eva son su ubicación temporal y geográfica. Preguntado por el futuro en el que se sitúa el film, Maíllo contestó que es “entre muy cerca y muy lejos”, o lo que han dado en llamar el “retrofuturismo” (“un futuro que ha sabido recuperar o mantener lo bueno del pasado”, una idea muy en sintonía con estos tiempos de revival vintage y ochentero). Maíllo no quería un futuro “plastificado” demasiado high-tech o apocalíptico, demasiado alejado de nuestra realidad, para mantener más cercana la parte melodramática de la historia. “No enseñar el futuro” es un lema que puede leerse en el libro como una de las obsesiones de los creadores del film. “Crear el mundo de Eva requería centrar la atmósfera y sus detalles en algo cercano, familiar […] La cámara nunca muestra directamente las innovaciones, los robots o la tecnología, sino que se centra en el drama de los personajes por encima de todo”.

También habló del paisaje, y de su importancia en la historia. Reconoció que buscaban un paisaje exótico, y finalmente se decidieron por Suiza (la Patagonia y Canadá fueron las otras opciones) y sus paisajes nevados. En el libro se compara “la lluvia incesante de ‘Blade Runner’” con “la nieve de ‘Eva’”.

El hecho de que ‘Eva’ no parezca una película española, según Maíllo “es cierto, pero es un problema de percepción de lo que es el cine español. “Es triste que no hayamos sabido comunicar” lo que somos y lo que sabemos hacer. En su opinión, tampoco es una cuestión de las nuevas generaciones, sino que siempre se han hecho cosas interesantes, pero “es un problema de percepción”, insistió.

Sobre la maginitud y ambición de este “proyecto rebelde” (como lo define el propio director), Kike Maíllo se mostró tajante al afirmar que “hay un punto de inconsciencia, con cinco años más no la habríamos hecho”. Luego insistió (a pregunta de un servidor), de forma ambigua en que “hay cien cosas que cambiaría, pero hoy no podría hacerlo otra vez. Soy otra persona, antes era mucho más hábil (sic) para hacer algo así”, seguramente refiriéndose a aquel punto de inconsciencia de que habló antes. Y es que para levantar un proyecto como este seguramente hace falta mucho entusiasmo. “Un don que tengo es que veo la botella medio llena”. – afirmó el director. “Si algo distingue a los diez mejores directores de la historia es el trabajo”. 

En cuanto a la inevitable cuestión de cómo llegar a un público poco acostumbrado a productos nacionales de este género, Maíllo concluyó con humildad que “seguramente no lo hemos conseguido, pero hemos abierto una rendija". Ya en petit comité nos comentaba "y ojalá muchos otros vengan detrás”. Estoy totalmente de acuerdo. Y además, que le quiten lo bailao.  
Leer más... Leer más...

6/12/11

Entrevista a Carlos Sorín sobre su último film

Acabo de encontrar esta interesante entrevista que le hicieron a Carlos Sorin en la Casa América de Madrid, cuando vino a presentar su última película, "El Gato desaparece", que cuya crítica publique hace varios posts.


La entrevista es realmente interesante. Un resumen de las reflexiones más interesantes de Sorín:

- "Quise hacer género para probar si podía dirigir una película clásica. Como una especie de ejercicio de estilo personal"

- "Según Hitchcock, 'Psicosis' no es una película sobre la locura, es una película sobre el cine. Todo el cine de Hitchcock es un juego. También quise hacer esta película como un juego".

- "La película está construida sobre los gestos, sobre la increíble gama gestual de Beatriz (Spelzini). Para mi es más importane un gesto que una palabra, porque es más ambiguo y permite al espectador hacer distintas interpretaciones, mientras que la palabra es más inequívoca"

- "En esta película, de ingeniería narrativa, con personajes más complejos, en la que hay que construir cada mirada, cada gesto, el tempo, necesitas actores profesionales, y además buenos actores. Con un actor, puedes tener una puesta en escena más construída, más controlada".

- "En general, mi forma de trabajar es bastante intuitiva, apenas ensayo. Con no actores, improviso".

- "Una de las facilidades de hacer género es que lo que haces, ya está hecho, y se espera que lo hagas nuevamente. El género es una reafirmación de sí mismo, y en ese sentido es menos arriesgado. Es una lucha entre confirmar el género y al mismo tiempo innovar".

- "Como influencias de esta película,  Chabrol, y más conceptualmente, 'El escritor oculto', de Polanski, una obra maestra de cine clásico- Después de ver tanto cine de vanguardia, donde uno no sabe qué está bien y qué esta mal, ver una película hecha con ese rigor, es un placer. Es como escuchar a Brahms".

- "Busqué un formato como el cinemascope, lo contrario a lo claustrofóbico, porque quería que la gente sientiese la claustrofobia por lo que está pasando, y no por elementos externos".

Su próximo proyecto será "Puerto deseado", proyecto que aparcó para rodar "El gato desaparece", debido a problemas con los derechos del cuento en que se basa.
Leer más... Leer más...

30/11/11

Día simiesco: Lanzamiento Blu Ray de "El Origen del Planeta de los Simios"



Hoy he tenido un día "simiesco". Esta tarde tenía el screening del lanzamiento del Blu Ray de “El origen del Planeta de los Simios” (Rupert Wyatt, 2011), donde nos han mostrado algunos de los extras que acompañan al lanzamiento de la precuela de la famosa saga iniciada en 1968 por el icónico film de Charlton Heston, dirigido por Frankin J. Schaffner.

Para no desentonar, me he puesto las pilas y he visto la película. Luego, en el screening, he podido degustar parte de los extras del Blu Ray, todo un monográfico sobre la deslumbrante tecnología digital que hay detrás de este tipo de films, desde un “como se rodó” la escena final de la batalla en el puente de San Francisco (recreado para la ocasión en los estudios de rodaje en Nueva Zelanda), hasta la técnica de la motion capture aplicada sobre el imprescindible en estas lides Andy Serkis, o la postproducción de la empresa neozelandesa Weta, responsable también de otro célebre primate, el King Kong de Peter Jackson, o de El Señor de los Anillos, entre otros.

El lanzamiento en versión doméstica, será el 14 de diciembre, y en tres formatos contenidos en el mismo pack: Blu Ray, DVD y copia digital. La idea, según explican desde Fox, se enmarca en una estrategia general (cuya presentación era el objetivo velado del screening) para captar a los consumidores de DVD e intentar ”educarlos” para que se pasen al Blu Ray, a la vez que se proporciona una copia digital (previa descarga de Internet con un código contenido en el pack) para disfrutar de la película también en dispositivos portátiles, como iPad, móviles o incluso Play Station 3.


Además, Fox lanzará dos packs, que a buen seguro hará las delicias de los amantes de la saga: uno con la precuela y el clásico original de 1968, y otro con los 7 títulos que conforman por ahora la saga. 
Leer más... Leer más...

26/11/11

Valentín Fdez. Tubau y la escritura para subvenciones



Como guionista amateur totalmente consciente de la dificultad de acceder a la industria y la difícil situación del guionista en España, suelo seguir de cerca todo lo que hace Valentín Fdez. Tubau (a partir de ahora VFT, como yo lo conozco de forma sui géneris), desde su plataforma Ars-Media y en colaboración con ABCGuionistas. Supongo que habrá quien lo considere un “iluminati” con poca obra conocida dándoselas de gurú del guión en español, pero qué queréis que os diga, a mi este tipo me convence. Y creo que lo que hace, aprovechando además de forma muy productiva la plataforma online, tiene mucho valor para toda la comunidad de guionistas amateurs de España e Iberoamérica. Así que, antes que nada, vaya este post como pequeño homenaje a un tipo curioso, un predicador incansable de la palabra del guión.

En fin, que con las subvenciones del ICAA al desarrollo de guiones de largometraje a la vuelta de la esquina, no podía perderme la serie de conferencias online que impartió los días 17, 21 y 23 de Noviembre sobre “escritura para subvenciones, ayudas y becas” (podeis escucharlas en diferido aquí).

Y es que el tema se las trae. Imaginaos que mezclamos todas las dudas del guionista amateur a la hora de presentar su adorado guión a productoras (formatos, contenido, modos de presentación, etc., fondo y forma, en fin), con la maraña del lenguaje administrativo típico de las convocatorias oficiales. El resultado es el caos máximo, la esquizofrenia colectiva (del colectivo de guionistas, claro) anual causada por el halo de mística, rumores y oscurantismo sazonado con sospechas de tongo que envuelve todo este tema de las subvenciones a guión. Podemos tener una buena historia, e incluso una buena técnica escribiendo, pero enseguida nos asaltan las dudas: ¿qué debo incluir? ¿cómo debo presentarlo? ¿qué se valora más? ¿a quién debo sobornar?

Alguien tenía que arrojar algo de luz sobre el asunto, y ese no podía ser otro que VFT, con unas conferencias en las que se dijeron cosas muy interesantes, en las que participaron tres invitados: Joana Chilet, aportando su experiencia como miembro de jurado, entre otros de las subvenciones del ICAA, y los guionistas, con guiones subvencionados, Daniel Remón (entre otras, “5 metros cuadrados”, actualmente en cartelera), y Grojo, miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Paso a haceros un resumen de las ideas más interesantes:

Con las subvenciones de desarrollo a guiones de largometraje del ICAA como referencia básica de las conferencias, lo primero que dejó claro VFT es que no se premia un guión, sino un proyecto con posibilidades de desarrollo. Esto es importante, ya que no es lo mismo escribir para ayudas sobre guión acabado para ayudas a desarrollo.

Respecto a los rumores de tongo o de que están amañadas, dejó claro que más que tongo, lo que existe es la subjetividad de un jurado que puede tener ciertas preferencias por un género u otro, por una temática en particular, etc. Una idea que me pareció importante es que, para un guionista, tan importante es ponerse en la piel de los personajes como en la del miembro del jurado que tiene que evaluar nuestro proyecto. La avalancha de guiones, y la baja calidad de muchos de ellos que “intoxican el conjunto” pueden crear un prejuicio y predisponer al jurado en contra del nuestro, por muy bueno que sea. También hay que tener muy claro que ni un jurado ni un productor ni nadie (salvo nuestra madre) va a abordar la lectura de nuestro guión con el interés que nosotros creemos que merece.


Por tanto, frente a los factores subjetivos que no podemos controlar y que juegan en nuestra contra, se trata de optimizar nuestro proyecto para invertir la situación captando el interés y provocando una reacción positiva hacia nuestro proyecto.

¿Qué elementos se juzgan, qué criterios se tiene más en cuenta a la hora de valorar los proyectos? Antes que nada:

-          El formato: es eliminatorio. Es necesario un mínimo de profesionalidad en la presentación.
-          La adecuación a las bases: ¡hay que leerselas!

En este sentido, nuestro proyecto debe ser impecable, algo que al parecer no es menos habitual de lo que cabría esperar. Si pasamos este corte preliminar, estos son los criterios de valoración en el caso de las subvenciones del ICAA:

-          La historia: Se insistió en que es lo más importante, y así lo indican los 60 puntos que supone en la puntuación.

-          El curriculum del guionista: A pregunta de un servidor, guionista amateur con sensación de agravio, la respuesta fue que no es un factor determinante para la concesión de la subvención. Determinante quizá no, pero lo cierto es que supone una cuarta parte (25 puntos) de la puntación. Y además, el desarrollo de la nueva Ley del Cine de 2007 dispone “ayudas específicas a la formación no reglada” que, en las bases, se traducen en estos términos: “se valorará con un máximo de  25 puntos, la acreditación de un curso de cinematografía o de artes audiovisuales de duración no inferior a 200 horas en el que se incluya la enseñanza de escritura de guión” O sea, básicamente, que se prima a los que viene de escuelas de cine. Y yo me pregunto: ¿sirve el curso de diálogos online de VFT?

-          La viabilidad económica: supuestamente, el objetivo de la subvención es el desarrollo del proyecto y su posterior producción, y por eso, supone 15 puntos de cara a su evaluación. Algunos de los cambios que se introdujeron en cuestión de ayudas a guión en el desarrollo de la nueva Ley del Cine de 2007 intentaban paliar el problema de la cantidad de guiones subvencionados que se quedan sin producir, entre otras medidas, con el fomento de ayudas a producciones basadas en guiones a su vez subvencionados (se valoran con 20 puntos los proyectos que se basen en un guión que haya obtenido ayuda el año anterior). Por tanto, la viabilidad económica del proyecto pasa a un primer plano. Pero, ¿qué entendemos por viabilidad económica y cómo se mide? Ese punto, para el guionista ajeno a la lógica presupuestaria de las productoras, sigue quedando algo oscuro.

Pero, ¿qué es una buena historia? En general, en la conferencia se habló de escribir sobre aquello que nos motiva, ser sinceros y no intentar “vender la moto” al jurado si no creemos en nuestro proyecto. Eso es lo primero. ¿Y después? VFT insistió en que, pese a que la lógica y la claridad narrativa son esenciales, un buen argumento o una trama interesante no sirven para convencer al jurado, si no tenemos una historia que enganche, que capte el interés mediante las emociones que pone en juego. Hay que cuidar lo que llama “el canal emocional”.

Por ello, hay que “escribir desde la pasión, pero con razón”, sin pensar tanto en nuestras limitaciones (falta de experiencia, de técnica, etc.) o en lo que se suele premiar o es más comercial, o en la época en que sucede (aunque esto puede tener una importancia de cara a la viabilidad). Lo importante es la historia, las emociones que se manejan, las reacciones de los personajes, los temas que se plantean. Aunque se desarrolle en otra época o lugar, estos elementos son (o deben ser) trasladables a nuestra realidad.

Y si tenemos una buena historia, ¿qué documentación hay que presentar? Aunque depende de la convocatoria y hay que consultar las bases, normalmente son tres elementos:

-          memoria
-          sinopsis
-          tratamiento.

La memoria

Suele tener entre uno y cuatro folios (aunque siempre hay que consultar las bases), con una extensión media de dos. Es algo parecido al famoso pitch de venta, y debe responder a tres preguntas clave:

-          ¿Quién cuenta la historia? Es decir, nosotros.
-          ¿Qué implicación tenemos con esa historia? ¿Porqué queremos contarla? En definitiva, debemos demostrar esa pasión de la que hablábamos antes.
-          ¿Porqué debe ser contada? ¿Por qué merece la pena producir ese guión? En definitiva, ¿a quién le importa nuestra historia? Aquí entramos en el difícil terreno de la diferenciación, tan necesaria en cualquier mercado competitivo y saturado.

La conclusión es que la memoria es el documento más personal y debe “tocar la fibra” del jurado. Hay que tener en cuenta que nos dirigimos a una persona, no a una masa ni a una entidad, y por tanto, para convencerla, nuestro estilo debe ser (además de correcto y formal, claro), directo y sincero.

En la memoria se pueden incluir o no elementos gráficos, aunque en principio no convendría saturarla de ellos, y sólo incluirlos si aportan algo. No se recomienda intentar impresionar con diseños gráficos que se salgan del estándar, salvo en la portada, donde debemos captar el interés (el título también es muy importante para ello).

La sinopsis

Al igual que la memoria, suele tener una extensión entre uno y cuatro folios (generalmente dos estaría bien). Debe incluir el final, ya que se trata de una sinopsis para su evaluación técnica, distinguiéndola (suele haber confusión al respecto) con la sinopsis “de venta”, en la que intentamos dejar a lector en “suspenso”, guardándonos la resolución del relato.

VFT destaca que “en una sinopsis no cabe toda la trama, pero los elementos principales de la emoción del relato deben estar presentes”.

El tratamiento

Gran parte de las conferencias giró en torno al tratamiento, un formato difícil, un tema sobre el que hay muchas dudas, y muchas versiones. Algunos consejos sobre el tratamiento:

-          Con o sin encabezamientos de escena. No es determinante.
-          Según los guionistas Daniel Remón y Grojo, no hay que confundir tratamiento y escaleta. Mientras que la escaleta es un documento centrado en la estructura, para uso del propio guionista (y aquí los encabezamientos de escena sí son imprescindibles), el tratamiento sería como “una versión literaria de la escaleta” orientada a un lector externo. Dicho de otra forma, el tratamiento debe ser atractivo.
-          Por ello, hay que escribir el tratamiento pensando en el lector, aprovechando el atractivo de la palabra, de la literatura (sin excederse, claro). Una reflexión interesante: olvidarnos por un momento del cine y las imágenes y pensar que somos narradores, explicar la historia como si fuera un cuento.
-          El formato es cada vez más permisivo, ya no hace falta escribir sólo lo que se ve en pantalla, se pueden incorporar metáforas (“entra como un huracán”) y otros recursos expresivos.
-          Hay que “afilar la narrativa” para expresar justo la película que tenemos en mente. Ser concisos, no permitir interpretaciones abiertas.
-          Muy excepcionalmente, podemos incluir algún diálogo, por su importancia o expresividad, pero debemos evitar citarlos continuamente en estilo indirecto (“ella le pregunta si….” “el le contesta…”, etc.). Erro típico, se insistió mucho en esto. 
-          Centrarse más en las emociones, y en las acciones y reacciones que en los diálogos.
-          Que nuestra narrativa se exprese a si misma, que el espectador comprenda lo que sucede “sumando dos mas dos”, sin dárselo todo masticado o sobreexplicado (“Juan bebe porque está sufriendo”).

Sobre cuestiones de género y temática, y el vox populi que dice, por ejemplo, que las subvenciones suelen priorizar (como el cine español, en general) las temáticas sociales, o despreciar las comedias, nadie quiso mojarse en exceso. En todo caso, VFT sugirió hacer una investigación de aquellas temáticas y géneros que se suelen premiar, o recurrir a la prensa como “barómetro del interés social”. Respecto a los temas, no hay que confundir la controversia (la cual significa conflicto, y es algo positivo en un guión, un valor añadido) con la apología de actitudes y conductas moralmente reprobables, algo que puede hacer que nuestro guión sea desechado al instante.

Espero que este resumen os sirva de ayuda si. Las conferencias eran el preludio de un programa de seminarios y tutorias sobre el tema, del que encontrareis más info aquí. Saludos, y mucha suerte, si os presentais ;)

Os dejo los enlaces más interesantes:

Para escuchar las conferencias: http://instantteleseminar.com/?eventid=24387456

Mas info sobre el programa de escritura para subvenciones: http://www.mercadoguion.com/Escritura-Subvenciones/

Subvención del ICAA a desarrollo de guiones de largometraje: http://www.mcu.es/cine/SC/becasAyudasSubvenciones/DesarrolloGuionesLargos2011.html


Leer más... Leer más...

18/11/11

PREESTRENO 'El gato desaparece': Sorín se pasa al género con una 'historia mínima' de suspense



Si Carlos Sorín acuñó, con su mayor éxito hasta la fecha, un concepto interesante, el de “historia mínima” (que podríamos caracterizar por la austeridad, la atención a personajes sencillos y a situaciones cotidianas), podríamos afirmar que 'El gato desaparece' es una “historia mínima de suspense”: un hombre recién salido del psiquiátrico, su desconfiante esposa y un gato en ausencia son elementos suficientes para construir un austero y tenso relato de suspense clásico con aires polanskianos, más cercano al drama que al thriller, más naturalista que efectista.

El gato siempre ha sido amigo del misterio, y en esta ocasión su desaparición es una acertada metáfora de la pérdida de la confortabilidad hogareña y de la confianza en el otro. Sorín demuestra que se puede hacer thriller psicológico y mostrar la paranoia sin necesidad de tirar de flashbacks ni efectismos baratos, sino mediante un sabio uso de la luz, del encuadre, de los detalles y de la contención. El film presta más atención a la paranoia psicológica de Beatriz, la esposa preocupada por un eventual rebrote psicótico de su marido, que a una trama escuálida. Con esos mimbres, consigue arrancar el suspense de la calma chicha de una cotidianeidad aparentemente inofensiva. En este sentido, es difícil no acordarse de 'La semilla del diablo' o incluso de la menos exitosa 'La cara del terror' (‘The astronaut’s wife’, 1999), por cuanto juega a la confusión haciendo que nos preguntemos constantemente donde acaba el comportamiento extraño de Luis, el marido supuestamente curado de su brote psicótico y empieza la paranoia su mujer y su creciente desconfianza, pese a la aparente falta de motivos. Ese juego, ese progresivo intercambio de papeles, esa escalada paranoica, resulta altamente estimulante, gracias a un clima que se va volviendo cada vez más opresivo, a unos personajes bien trabajados y al magnífico duelo actoral entre Luis Luque y Beatriz Spelzini. El resto de los personajes aparecen bastante planos (los médicos, la hija, el amigo), quizá para potenciar el aislamiento y la opresión de la protagonista.

Sin embargo, todo ello no oculta la escasez de la trama, cierta falta de recorrido argumental y cierta sensación de estiramiento. Quizá por ello Sorín se ve obligado, para jugar al género, a hacer uso (e incluso abuso) del susto barato tipo “mano-en-el-hombro-por-la-espalda” o “escena-de-miedo-que-era-una-pesadilla” para mostrar la progresiva inquietud de Beatriz, aunque el film contiene también momentos muy potentes como el macabro juego del gato y el ratón (la rata, mejor dicho) en los túneles de ventilación, que por momentos recuerda a una de las historias de “Amores Perros”

En suma, nos hallamos ante un interesante cuanto de suspense con cierta etiqueta de autor, pero sin más pretensiones que las de un buen ejercicio de estilo.

'El gato desaparece' se estrenará en España el 25 de noviembre.
Leer más... Leer más...

27/10/11

Esta noche en la Sexta: "El luchador" (Darren Aronofsky, 2009)


Aprovechando que la Sexta emite esta noche a las 00:35h. "El luchador", aprovecho para recuperar la crítica que escribí entonces sobre este buen film. Por cierto que su director, el talentoso Darren Aronofsky, parece que ya tiene un nuevo y ambicioso proyecto entre manos: "El Arca de Noe".

Os dejo con la crítica:

Darren Aronofsky define su última película, más que como un film estrictamente deportivo, “como un drama muy humano y sensible, en la linea estilística del retrato intimo de una vida. No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar del fim.”

Estoy totalmente de acuerdo con esta definición clara y honesta. A pesar de que la historia de “The Wrestler” (“El Luchador”) no es demasiado original, está muy bien contada, y este tipo de relatos, cuando estan bien trazados, resultan altamente emotivos

La biografía de este Randy “Ram” Robinson recuerda mucho a la de el púgil español Miguel Urtain: alguien que en el ring fue un mito, pero que fuera de él fue derrotado por la vida. Además, resulta tremendamente obvia, pero no por ello menos potente y fantástica, la simbiosis que se produce entre el personaje y el actor, Mickey Rourke: un tipo que en los 80 fue un icono (en su máximo esplendor con su papel en “9 semanas y media”), pero que 20 años después ha sido relegado al olvido. Rourke compone (o más bien se funde con) un peripatético y a la vez entrañable Randy “Ram” Robinson. 

Con todos estos ingredientes, “The Wrestler” es un retrato intimista y descarnado de un inadaptado, un hombre que intenta encontrar su lugar en el mundo y hacer bien las cosas fuera de lo único que sabe hacer realmente bien: pelear. Una frase que le dice al personaje de Cassidy (Marisa Tomei), define sus sentimientos hacia el mundo y su tragedia personal: “Aquí (en el ring) mi corazón está bien, sólo me lo rompen cuando salgo afuera”. 

Lejos del innovador estilo mostrado en películas como “Pí” (1998) o “Requiem for a dream” (2000), Aronofsy utiliza esta vez un lenguaje bastante clásico y un ritmo bastante pausado, que se adaptan perfectamente a la historia. Eso sí, destaca el trabajo de la cámara, muy cerca siempre del personaje para potenciar su visión del mundo que le rodea, como en esa magnífica escena en que Randy se prepara para salir a atender clientes en el supermercado, tras la cortina de plástico, mientras cree escuchar ahí afuera el clamor de sus fans, como si estuviese a punto de salir al ring. 

Sin embargo, hay que decir que el film, aunque transpira verdad por todos sus poros, recurre también a muchos tópicos del drama a la americana: personajes perdedores con vidas desestructuradas, tendencia al pesimismo enmarcado en ambientes sórdidos y deprimentes, el vacío y el feísmo de lo cotidiano, situaciones lacrimógenas, etc.

En definitiva, un retal de vida rasgado que hará disfrutar, e incluso derramar alguna lágrima, a todos aquello que disfruten de las historias duras de naufragios personales, y no solamente, aunque seguro que también muchísimo, a los amantes de ese deporte – espectáculo, el wrestling americano, que es en sí mismo un gran teatro, como la propia vida.

Leer más... Leer más...

24/10/11

Presentación de "Chic-cas": humor en femenino


En el marco del Festival de Series de Canal + que antes os comentaba, he estado esta tarde en la presentación de Chic-cas, una comedia en clave feminina que nace de la colaboración entre Paramount Comedy y la compañía teatral Yllana. 

Se trata de una serie de scketches protagonizados por Marta Belenguer, Elena Lombao, Cecilia Solaguren y Paula Galimberti, que combinan el humor cotidiano con la parodia, el absurdo y mucha comedia física. Al contrario del glamour que sugiere su título, y lejos del humor dirigido a mujeres tipo "Sexo en Nueva York", los scketches giran en torno a situaciones cotidianas (normalmente relaciones de pareja) y a personajes femeninos reconocibles y naturales, chicas patosas, alocadas o incluso ridículas. Las actuaciones son geniales, el ritmo en la dirección es bueno, y los scketches han conseguido sacar más de una sincera carcajada al auditorio.



Tras la presentación, ha tenido lugar una distendida charla entre tres de las actrices, el actor Fele Martínez y el conductor del evento, el guionista Natxo López (Aída, 7 vidas), que ha girado básicamente en torno a la cuestión de género en el humor: ¿porque conocemos más cómicos hombres que mujeres? ¿Existe un humor femenino? ¿Es posible un humor unisex? Vean y opinen.
Leer más... Leer más...

23/10/11

Festival de Series 2011 Canal +



Hoy domingo 23 se cierra la tercera edición del Festival de Series 2011 de Canal +, que se ha estado celebrando desde el jueves 20 en los Cinesa Proyecciones (C/Fuencarral 136) de Madrid.

Me dejé caer por allí el viernes y lo que vi me sorprendió: mucho frikismo y series a cascoporro, sí, pero también mucho, mucho marketing, en un festival concebido como una gran acción promocional (y yo le hago la promoción gratis, toma ya). Por ejemplo, las azafatas que daban la bienvenida a los asistentes a la esperada premiere de PanAm, la nueva serie que Canal + estrenará el domingo 29.

Yo, sin embargo, el viernes preferí asistir al "taller de autopromociones" a cargo de Xosé Castro. A base de ejemplos de autopromos (algunas realmente ingeniosas como las de Wallander, The Killing, o los ejemplos musicales de The Wire o CSI), Castro fue desarrolando (no sin algunos problemas técnicos con el PowerPoint) un taller muy ameno pero poco provechoso, más enfocado a espectadores curiosos que a creativos necesitados de consejo. Demasiados ejemplos y pocas conclusiones.


Por cierto, que a la entrada me hicieron una entrevista como muestra representativa de los asistentes, que luego no han incluído en el video resumen del viernes. ¿Acaso no daba bien en pantalla? ¿Es que mis respuestas no fueron lo suficientemente interesantes? Nunca lo sabré...

En fin, que si estáis por Madrid, os animo a pasaros hoy, que es el último día. Sí ya sé que es un poco tarde, pero más vale tarde que nunca, ¿no? Toda la info, en la atractiva y completa página web del festival. ¡Bueno, me voy a ver si aún llego!
Leer más... Leer más...

13/10/11

PREESTRENO 'Contagio': Soderbergh nos brinda un concienzudo análisis de una catástrofe epidémica, pero falta thriller


Resulta evidente el "contagio" del modelo narrativo ‘Traffic’ (2000) sobre el último film de Soderbergh: si en aquella se ocupaba mediante un enfoque poliédrico y una clara voluntad analítica, de la cuestión del tráfico de drogas a escala mundial, en este caso hace lo propio con una epidemia vírica global similar a la reciente gripe A (de la cual se también se habla en el film).

Pero la frialdad narrativa típica de este Soderbergh (dejando de lado su faceta más mainstream tipo ‘Ocean’s Eleven’) tiene su lado bueno y su lado malo. Lo bueno es que se trata de un estudio riguroso y nada sensacionalista de la catástrofe, centrado en los procedimientos científicos (afortunadamente lejos de la pirotecnia visual y rítmica de CSI ) políticos y mediáticos que rodean a un suceso de esta magnitud. Lo malo es que da toda la sensación de que Soderbergh se ha puesto el vestuario anticontaminación para no infectarse del sustrato emocional (sólo baja la guardia un poco al final) y físico de la historia, mediante una fotografía limpia, incluso aséptica, con encuadres fijos y distantes, y una escasa dramatización. Hay momentos, sobre todo durante la primera hora, en los que uno no sabe si está viendo una película o un documental sobre virus del National Geographic. El virus es un ente invisible y sin emociones, sí, pero se transmite entre personas, y se supone que sus efectos provocan reacciones emocionales viscerales, que escasean en el film (y cuando las hay, son algo gélidas), quizá desaprovechando un gran elenco de actores. En este sentido, ‘Contagio’ se sitúa en el extremo opuesto a films como ‘Estallido’ (Breakout, Wolfgang Petersen, 1995). Por otro lado, tanta sobriedad nos escamotea la parte carnal y truculenta del asunto, y aunque no se puede negar el verismo de las escasas escenas en que aparecen los efectos del virus, habrá quien eche en falta más virulencia, al estilo de films como ‘28 dias despues’ (28 days later, Danny Boyle, 2002) y similares.

Por otro lado, el engranaje narrativo margina la reflexión temática. Soderbergh reconoce que una de las cosas que le atrajo del proyecto fue “que no se prestaba a interpretaciones metafóricas”, pero en mi opinión es una lástima que no se exploren más ciertos temas interesantes que surgen de la historia, como el instinto de supervivencia (“el hombre como lobo para el hombre”), la dualidad "infección vs. información" y su propagación viral en un mundo globalizado,  o el papel y responsabilidad de la blogosfera, internet y los medios de comunicación ante este tipo de situaciones (personificado en el interesante y ambiguo personaje de Jude Law). 

La propuesta es original y arriesgada por lo respetuoso y sobrio de su distanciamiento analítico, y Soderbergh es fiel a ella. Pero cabe preguntarse si merecía la pena sacrificar tantas posibilidades estéticas, emotivas, físicas y temáticas para acabar entregando un film que solo está algún punto por encima del simple entretenimiento. 
Leer más... Leer más...

6/10/11

"No habrá paz...": el nuevo thriller de Urbizu, más apreciable y contundente en sus intenciones que en su resultado final



Adoro la infravalorada ‘La caja 507’ (Enrique Urbizu, 2002), quizá el mejor thriller español que recuerdo, aunque posiblemente también influya lo (inexplicablemente) poco que se prodiga nuestra cinematografía por esos terrenos. Por eso, con prácticamente los mismos ingredientes en la receta, esto es, guión de Urbizu y Michel Gaztambide, y Coronado como protagonista, “No habrá paz para los malvados”, desde su evocador título y su cartel, se me antojaba otro hito. Nada más lejos de la realidad.

A Urbizu hay que reconocerle, sin embargo, las intenciones. Alegra comprobar que no hace falta ver una de Torrente para ver desfilar por la pantalla mafias, policías corruptos, bandas de atracadores de bancos, o para ver algún tiroteo patrio. En efecto, el cineasta bilbaíno parece empeñado en la noble tarea de rescatar de la realidad española el material dramático necesario para componer un paisaje que sirva de telón de fondo a un género menor en nuestro cine: el thriller policiaco. Un paisaje compuesto por las cloacas de la ciudad, por descampados, clubes de alterne, fincas campestres, por desguaces y almacenes, y habitado por un elenco de personajes que van desde el glamour inherente a los grandes capos mafiosos hasta cierta hosquedad y aspereza típicamente ibéricas. Un paisaje en el que también se desarrolla esa maravilla de serie que es 'Crematorio' (Canal+, 2011, y que La Sexta emitirá este año). ¿Alguién podría decir que no son productos genuinamente españoles? Con esas grandes intenciones, hay que lamentar que esta 'No habra paz…' no haya sido mucho más.

Y es que 'No habrá paz...' carece de algo que sí poseía ‘La Caja 507’: un gran guión. Aquí nos encontramos a Santos Trinidad, una suerte de cruce entre el Torrente más casposo y un Alonzo Harris (D. Washington en 'Training Day') castizo, paseándose por la línea que separa el bien y el mal con su cubata de ron, su calibre 38 y sus expeditivos métodos para hacer justicia. Un quijote borrachuzo, seco y violento. Sin embargo, a pesar de que Santos Trinidad tendría todos los números para formar parte del imaginario popular junto a otros héroes repulsivos como el propio Torrente, y villanos fascinantes como el Malamadre de ese otro genial thriller patrio que es ‘Celda 211’ (Daniel Monzón, 2009), el retrato de Trinidad está algo desdibujado, y es difícil empatizar más con él, a pesar del gran trabajo de un excelente Coronado, que parece haber encontrado en ese perfil áspero y violento (Trinidad recuerda mucho a Rafael Mazas) lo que Bruce Willis encontró en John McClane, es decir, una especie de mímesis entre actor y personaje.

Por otro lado, los personajes secundarios resultan planos y sosos, y algunos aportan poco o nada, como sucede con el de Rodolfo Sancho, compañero de Santos, que bien hubiera podido ser un Jake Hoyt (Ethan Hawke en 'Training Day'), pero que se queda en una simple comparsa. Por otro lado, la pretendida aspereza y negrura de la historia parecían pedir para la policía judicial algo más que el correcto debut de una cándida Helena Miquel (cantante de Delafe y Las Flores Azules) y la cara de osito adorable de Juanjo ‘Verano Azul’ Artero. Sirva decir que en la única escena del personaje secundario de Sancho Gracia en ‘La caja 507’ había más emoción y verdad que la que inspiran aquí todos los secundarios. Y así, el film se agota en la cruzada de su personaje principal, y en una trama estirada, falta de ritmo y de tensión, con demasiados huecos que el espectador (al menos, servidor) no es capaz de completar, acaso por déficit de atención. 

Pareciera que arrastrado por las carencias del guión, el Urbizu director tampoco parece dar con el tono ni el ritmo adecuados prácticamente en ningún momento, y ni siquiera la  ambientación, la gran baza del film junto a su personaje principal, es todo lo buena que podría haber sido.

Por todo ello, y aunque se me haga muy difícil porque aprecio profundamente la propuesta, no me queda más remedio que ponerle a 'No habra paz…' un aprobado justo y pedirle a Urbizu que siga transitando esta senda, pero la próxima vez con algo más de acierto.
Leer más... Leer más...

27/8/11

"Super 8" o el triunfo de la (falsa) nostalgia ochentera.


Hace poco cacé por TV el final de "Tiburon 3" (Jaws 3, Joe Alves, 1983). Y al ver cómo estallaban las mandíbulas del escualo al tragarse una bomba no pude por menos que esbozar una nostálgica y condescendiente sonrisa.

Hoy en día, a la gente le encanta decir que acaba de ver una película como las de los 80, aunque tengan apenas 20 años, pero mucho me temo que un thriller genuinamente ochentero sería en muchos aspectos infumable para el espectador medio actual, acostumbrado a un cine donde la calidad de una superproducción se mide por la factura de sus efectos especiales y lo trepidante de su acción, donde al guión sólo se le pide que sea correcto y repita los mismos arquetipos de siempre.

Al contrario de lo que leo por ahí, viendo “Super 8“ nunca tuve la sensación de estar viendo una película de los 80. Yo nací en el 80, y lo único que me recordó a "E.T." (Steven Spielberg, 1982) es por la cantidad de veces que he oído la comparación. Abrams debe haber creído que bastaba con poner a un grupo de niños aventureros (al estilo de “Los Goonies” (The Goonies, Richard Donner, 1985) o “Cuenta conmigo” (Stand by me, Rob Reiner, 1986)) rodando en super 8 para dotar de “ochentismo” a la película, lo cual no sé si tomarme como una muestra más de ingeniería comercial cinematográfica y un insulto a mi inteligencia como espectador, o como un intento honesto y fallido del bueno de J.J.

“Super 8” quizá sea el “E.T.” o “Los Goonies” de las generación actual post 11-S, con el mismo sentido de la lírica y la magia que “Monstruoso”, “REC” o “28 días después”. Películas todas estas que me encantan, pero cuya contundencia, carga violenta y sentido apocalíptico no ligan nada con el espíritu de aquellas. En este sentido, el film es más Abrams que Spielberg.

Ignoro si por cobardía, o simplemente por la natural inclinación actual hacia la desmesura, Abrams se vale de todo tipo de recursos actuales para hacer más digerible su pretendido homenaje: montaje trepidante e impecables efectos especiales “factoría Spielberg” tan excesivos e innecesarios como tanta acción y tantos golpes de sonido para generar sustos. Y es que en los ochenta, los trenes no descarrilaban así.

El cuadro lo completa un guión tan sólidamente arquetípico desde el primer fotograma que se le ven las costuras en exceso (traumas infantiles, elementos que se siembran y luego se recogen, secundarios que se ven venir de lejos, malos malísimos, chica rubia en peligro y protagonista al rescate, momentos lacrimógenos muy bien trenzados con pasajes de acción, moralina final, etc.). Todo ello hace que el film se deslice cuesta abajo empujado por una inercia que entretiene, pero que no excita ni sorprende. No confundamos lo que se hacía en los 80 con lo que se lleva haciendo desde los 80.

¿Y el monstruo? Bien, gracias. Ha sido muy bien conservado en el formol de nuestra curiosidad por una abrumadora campaña publicitaria, inteligente, prometedora y atractiva; incluyendo los carteles, casi lo mejor del film. Pero a pesar de tanto misterio, y de que efectivamente es inquietante, no era más que otro "monstruoso” alienígena, carente del carisma necesario, por mucho que intenten humanizarlo al final. De nuevo más Abrams que Spielberg.

En fin, un sólido producto comercial, más pretencioso que atrevido en su empeño de remover nostalgias ochenteras, y que no logró su objetivo en este humilde crítico. Demasiado anclado en el cine mainstream actual como para atreverse a revisitar de verdad los 80; demasiados homenajes y referencias, demasiado sabor a refrito como para respirar un mínimo de personalidad propia. Un buen film entretenido, pero que no queda.

Kenneth Turan, de L.A. Times, lo define mejor que yo: "Aunque efectiva por momentos, finalmente no es tan excitante o emocionante como nos gustaría que fuese (...) El problema de 'Super 8' no es que tenga mucho de lo que quejarse, sino que tiene poco por lo que entusiasmarse".
Leer más... Leer más...