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17/7/11

Tardío estreno en España de un maravilloso film francés sobre una niña marcada por la disfuncionalidad familiar y la torpeza de sus adultos


En la línea del mejor cine francés, "Stella" (estrenada en Francia en 2008) es un film intimista, un retrato del difícil paso de la niñez a la adolescencia, de sus problemas, y de su belleza, de una sutilidad, de una ternura y de desazón, que abruma sin caer en dramatismos maniqueos ni en truculencias barriobajeras.

1977. Stella Vlamink es una pre-adolescente de 11 años de un suburbio de Paris cuyo hogar es el bar de sus padres. Allí lo ha aprendido casi todo del mundo de los adultos que lo frecuentan (sobre poquer, sobre billar, sobre futbol, prostitución, peleas, etc.), pero apenas sabe nada de lo que necesita para aprobar en el colegio o para relacionarse con sus compañeros y con el mundo de ahí afuera. Sus padres no son la mejor ayuda en ese sentido.

Cuando empieza una nueva etapa escolar en un nuevo colegio, Stella se enfrentará, además de a sus limitaciones académicas, a sus carencias en el contacto con los demás, y se abrirá a un mundo nuevo para ella, el de los primeros problemas de la adolescencia como el primer amor o la amistad verdadera.

A través de la voz en off de la protagonista, el film hace un retrato familiar disfuncional y caótico. Stella es un pez fuera del agua, una niña en un mundo de adultos, y como tal, su educación ha sido muy diferente a la de sus compañeros de clase. No se trata de una niña maltratada, ni falta de cariño, sino de atención. Sus padres descuidan sus necesidades emocionales, la tratan como a un adulto mas y proyectan en ella sus problemas (su madre dice estar contenta con su vida, pero abronca a Stella por no estudiar como si se abroncase ella misma; su padre la quiere, pero casi siempre está ausente). Su hogar, el bar, es divertido, pero es un microcosmos caótico nada propicio para una niña de su edad.

Así, Stella se ha endurecido, se ha construido una fortaleza alrededor de su corazón para que nada de lo que vive a diario le haga daño. Pero sólo es una coraza externa. En el fondo, sigue siendo una frágil niña de 11 años, deseosa de recibir más atención, de encontrar una amiga con quien compartir. Y ese sutil abanico de sentimientos lo interpreta magistralmente la joven actriz Léora Barbara, que aguanta casi todo el peso del film, transmitiendo a ratos fragilidad, a ratos seguridad y otras veces hieratismo y una total desconexión de una realidad dolorosa.

En el fondo, la paradoja del film consiste en comprobar cómo una niña rodeada de mayores debe desaprender casi todo lo que ha aprendido de ellos en su corta vida para ganar la inocencia que le toca por su edad. Y es que “Stella” no habla de los malos tratos, ni por parte de padres ni de profesores, sino más bien de las continuas lecciones vitales y emocionales contraproducentes que puede recibir un niño de unos adultos superados por sus roles. Otra reflexión del film es que la escuela (la cultura en general, debemos entender) puede ser una oportunidad para formar personas, aunque sin embargo, no fueran los métodos descritos en el film (vigentes a mediados de los 70) los mejores para conseguirlo.

Con todo, "Stella" es uno de esos films que cuesta analizar desde sus apartados técnicos, pese a que apenas se puede criticar nada: una buena labor de realización, un magnífico desempeño de sus actores principales (atención al parecido más que razonable entre Benjamin Biolay y Benicio del Toro), una buena ambientación o su espléndida banda sonora. Sin embargo, como a cualquier película cuyo punto de referencia es la propia vida, sus heridas y su belleza, el film de Silvie Verheyde no debería ser juzgado sino desde la verdad de lo que cuenta. Y ahí también aprueba con nota. Por ello, me asalta una inquietante pregunta: ¿porque tardan tanto films como éste en encontrar un hueco en nuestra salas?

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18/2/10

Camino (2008): '¿Quieres que rece para que tu también te mueras…?'


Goya a la mejor película en 2009 y gran triunfadora de la ceremonia del año pasado, “Camino”, es una de esas películas cuyo primer visionado (y único, por ahora) me produjo sensaciones encontradas. Sin embargo, no todas iban exactamente en la dirección que el film de Javier Fésser pretendía, ya que éste se puede analizar desde dos enfoques que funcionan de forma irregular: el emocional, y el del debate que pretende plantear.

En cuanto a lo primero, la capacidad de emocionar, no se le puede negar su tremenda eficacia. Servidor, desde “Los Puentes de Madison” (C. Eastwood, 1995), no había necesitado tanto el pañuelo viendo una película. Ya de entrada, el argumento (inspirado en un hecho real) de esa niña criada en un entorno extremadamente religioso y convertida por ese mismo entorno casi en mártir debido a su enfermedad degenerativa, resulta tremendamente trágico. A ello se une la estructura y tono que utiliza Fésser, fragmentando el relato convencional mediante unos fascinantes pasajes fantásticos (aunque a veces demasiado extensos y subrayados en exceso) , para transmitirnos las ensoñaciones, ilusiones y miedos de la niña, y cuya fotografía y efectos especiales nada tienen que envidiar a muchos films americanos. Son estos momentos oníricos, provocados por su enfermedad y por el amor imposible que Camino siente por su compañero Jesús (el paralelismo religioso resulta algo efectista) los más emotivos del film, los que mas mueven a la lágrima.

Y es que es tan bella esa niña, esta tan llena de vida y tan bellamente retratada, con sus ilusiones, y sus miedos, que es difícil que al espectador, sabedor del trágico desenlace final (que Fesser se encarga de anticiparnos al principio), no se le haga un nudo en la garganta al contemplar tanta belleza. Mención aparte de dicha belleza, es imposible no referirse también al inmenso talento que demuestra ese “animal cinematográfico” de solo diez años llamada Nerea Camacho. El resto del casting, por su parte, también realiza un trabajo espléndido, con especial atención a los padres de la niña (Carme Elias y Mariano Venancio).

Por otro lado, la dirección de Javier Fesser es prácticamente perfecta, colocando la cámara siempre en el lugar adecuado para transmitir lo que pretende, a veces frialdad, a veces desconcierto, otras temor, y la mayor parte de las veces una belleza sublime, sobretodo en los pasajes oníricos.

Todo ello, unido a una eficaz banda sonora, contribuye a elevar el volumen emocional de la cinta hasta extremos sublimes, y sin embargo, quizá demasiado obvios y excesivos, como por ejemplo (*** spoiler***) con la innecesaria muerte del padre, o con el estirado epílogo tras la muerte de Camino, por ejemplo, “rimando” cada detalle de la escena de apertura con la de la obra de teatro del colegio. Aquí, tras elevar al infinito el volumen emotivo, Fésser da la sensación de haberse dejado encendido el subwoofer emocional, y no precisamente por descuido, hasta llegar a empalagar, a pesar, eso si, de conservar intacto el tono y la belleza de las imágenes. Esa negativa a cerrar a tiempo una historia redonda y arrastrarse en busca de un final cansino, sucedía también en otro maravilloso film, “Cándida” (2006), de Guillermo Fesser, con guión también de su hermano Javier.


En cuanto a la dimensión temática, sin llegar a posicionarse descaradamente, sino más bien con mucho estilo, el film sí resulta, a mi entender, algo tramposo. A raíz del debate por el retrato que el film hace del Opus Dei, el propio director comentaba que todo lo que aparece en el film es estrictamente cierto y obedece a una rigurosa documentación. No lo pongo en duda, y no siento precisamente simpatía por esta orden religiosa. Sin embargo, sorprende la extremadamente férrea voluntad de todas esas personas, empezando por la propia madre de la niña, para acatar los designios del Señor, y no flaquear ni un ápice a pesar de que es su propia hija la que se está degradando día tras día en la cama de un hospital. A veces incluso dan gracias a Dios por ello. El comportamiento de dichos personajes (en especial también los cargos religiosos que aconsejan a los padres), parece como mínimo sospechoso de estar llevado al extremo, lo que convierte un supuesto debate temático en una representación algo maniquea de la lucha entre la vida y la supuesta voluntad de Dios.

En resumen, un film inmensamente conmovedor, de fantástica factura, que no resulta perfecto por su empeño en jugar demasiado fuerte sus inmejorables cartas, un polémico drama de inmenso potencial emotivo, tan efectista como efectivo, gracias a una excelente factura técnica y artística y, debates a parte, digna merecedora de un Goya.
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7/3/09

Nolan se excede

El Caballero Oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008)



Después de apuntar muy buenas maneras redefiniendo el perfil cinematográfico de Batman con su magnífica “Batman Begins”, Christopher Nolan acomete ahora la segunda entrega de su particular saga sobre el superhéroe de DC Comics. Si en la primera nos explicaba sus orígenes de un modo tan serio y realista (alejado de la personal fantasía de Tim Burton y de la esperpéntica falta de seriedad de Joel Schumacher) de tal modo que uno podía llegar a creer que alguien con un pasado tan traumático y una personalidad tan atormentada pudiera llegar a convertirse en un oscuro superhéroe, en su último film Nolan continúa por la misma senda, forzando al máximo los límites del cine de superhéroes, trayendolo al terreno del thriller policiaco y de acción todo lo “realista” que el género le permite. No es casualidad que el nombre del superhéroe no aparezca en el título de la película: pareciera que Nolan sólo se ha inspirado en Batman y su universo para construir un relato de acción con pretendido sustrato filosófico, poliédrico y coral donde “el caballero oscuro” comparte protagonismo con muchos otros personajes, donde lejos de la fantasía gótica de Burton, Gotham podría ser perfectamente Nueva York, y los Swat aparecen tanto como en cualquier blockbuster adrenalítico hollywoodiense.


Es de suponer que esta nueva mirada desencantará a unos cuantos amantes del cómic, aunque, personalmente, a servidor (gourmet del buen thriller policiaco americano y poco aficionado al cine de superhéroes) le parece muy interesante. Sin embargo, “El Caballero Oscuro” me parece excesiva en su metraje, y en la cantidad de frentes que mantiene abiertos, subtramas y elementos argumentales que contiene (tres protagonistas con su respectiva historia, y dos villanos con la suya propia, además los mafiosos, de la inevitable historia de amor-amistad de Batman con Rachel y los dos ayudantes el protagonista). Esto afecta a la estructuración del guión por actos y secuencias, que a mi entender no está bien resuelta, con excesivas subidas y bajadas de la tensión y demasiados giros y varios amagos de final para luego volver a complicar las cosas. Soy de los que piensan que la duración idónea de un film suele estar entre la hora y media y las dos horas, por lo que creo que, si de sagas se trata, este film hubiera podido dar lugar a dos entregas más, más cortas y mejor estructuradas.


Resulta inevitable referirse a la interpretación por parte de Heath Ledger (ya saben, su último papel antes de su muerte) de un Joker histriónico y patético, mucho más carnal y sudoroso y menos elegante y cómico que el que interpretó Jack Nicholson. Un Joker que más que salido de una baraja de cartas, parece salido de un manicomio.


En definitiva, “El Caballero Oscuro” tiene los mismos mimbres que su primera y excelente entrega (la estética más realista y, a mi entender, elegante y atractiva de todas las sagas, gran calidad técnica, un buen elenco de actores, un guión con discurso, que no se reduce a la sucesión de escenas de acción, etc.), pero explicada ya la interesante peripecia vital de cómo Bruce Wayne se convierte en Batman, Nolan se centra esta vez en una irregular y enrevesada trama policia-mafia-justicia, con Batman y el Joker de por medio, que quizá pretende abarcar demasiado y al final el film se hace mareante y largo hasta el hartazgo.

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Luchando contra la vida

The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008)


Darren Aronofsky define su última película, más que como un film estrictamente deportivo, “como un drama muy humano y sensible, en la linea estilística del retrato intimo de una vida. No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar del fim.”



Estoy totalmente de acuerdo con esta definición clara y honesta. A pesar de que la historia de “The Wrestler” (“El Luchador”) no es demasiado original, está muy bien contada, y este tipo de relatos, cuando estan bien trazados, resultan altamente emotivos.


La biografía de este Randy “Ram” Robinson recuerda mucho a la de el púgil español Miguel Urtain: alguien que en el ring fue un mito, pero que fuera de él fue derrotado por la vida. Además, resulta tremendamente obvia, pero no por ello menos potente y fantástica, la simbiosis que se produce entre el personaje y el actor, Mickey Rourke: un tipo que en los 80 fue un icono (en su máximo esplendor con su papel en “9 semanas y media”), pero que 20 años después ha sido relegado al olvido. Rourke compone (o más bien se funde con) un peripatético y a la vez entrañable Randy “Ram” Robinson.


Con todos estos ingredientes, The Wrestler” es un retrato intimista y descarnado de un inadaptado, un hombre que intenta encontrar su lugar en el mundo y hacer bien las cosas fuera de lo único que sabe hacer realmente bien: pelear. Una frase que le dice al personaje de Cassidy (Marisa Tomei), define sus sentimientos hacia el mundo y su tragedia personal: “Aquí (en el ring) mi corazón está bien, sólo me lo rompen cuando salgo afuera”.


Lejos del innovador estilo mostrado en películas como “Pí” (1998) o “Requiem for a dream” (2000), Aronofsy utiliza esta vez un lenguaje bastante clásico y un ritmo bastante pausado, que se adaptan perfectamente a la historia. Eso sí, destaca el trabajo de la cámara, muy cerca siempre del personaje para potenciar su visión del mundo que le rodea, como en esa magnífica escena en que Randy se prepara para salir a atender clientes en el supermercado, tras la cortina de plástico, mientras cree escuchar ahí afuera el clamor de sus fans, como si estuviese a punto de salir al ring.


Sin embargo, hay que decir que el film, aunque transpira verdad por todos sus poros,recurre también a muchos tópicos del drama a la americana: personajes perdedores con vidas desestructuradas, tendencia al pesimismo enmarcado en ambientes sórdidos y deprimentes, el vacío y el feísmo de lo cotidiano, situaciones lacrimógenas, etc.



En definitiva, un retal de vida rasgado que hará disfrutar, e incluso derramar alguna lágrima, a todos aquello que disfruten de las historias duras de naufragios personales, y no solamente, aunque seguro que también muchísimo, a los amantes de ese deporte – espectáculo, el wrestling americano, que es en sí mismo un gran teatro, como la propia vida.

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3/3/09

Puro artificio oscarizable

Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008)


Tanto y tan bien había oído hablar de esta película, que no podía esperar a verla. Se postulaba como una de las candidatas a los Oscar (donde finalmente fue la gran triunfadora), y además, me habían hablado muy bien de su guión, algo que para mi la hacía totalmente apetecible.




Sin embargo, la historia de Slumdog Millionaire, tras su apariencia de propuesta original y más o menos independiente respecto a los cánones hollywoodienses, esconde un artificio más que obvio diseñado para arrasar en una ceremonia como la de la Academia nortemaericana. Veamos:


En primer lugar, lo primero que destaca de este film, aquello que lo hace más llamativo, es la inclusión en su argumento del archifamoso concurso “Quién quiere ser millonario”, en este caso en su versión hindú. El recurso a los referentes televisivos hacen la cinta mucho más atractiva para el pueblo llano, de eso no cabe duda.

El film utiliza la participación de Jamal en dicho programa para armar su mecanismo de flashbacks al pasado del protagonista, donde cada pregunta y la consecuente respuesta correcta del chico sirven para explicar un episodio de su vida. Artificio en estado puro. Pero aquí no acaba la cosa: el film también se desarrolla en una tercera linea temporal, el interrogatorio al que es sometido Jamal por parte de la policía, sospechoso de estar haciendo tramapas en el concurso. Una frase de uno de los agentes que lo interroga resume la fragilidad de la premisa inicial del film:


- “Catedráticos, doctores, abogados… han sido incapaces de llevarse el premio. ¿Cómo es posible que un simple perro de chabola sea capaz de acertar todas las preguntas?”


Lo inverosimil del asunto es que algunas de esas preguntas son del nivel de la última, la que cierra (tan bien cerrado, tan al estilo Hollywood) todo el mecanismo:


- “¿Cómo se llamaba el tercer mosquetero?”


Sentado en mi butaca, pensé que yo también podría ser millonario. El resto de preguntas hacen referencia a aspectos de la cultura popular hindú, que servidor desconoce, pero que es de suponer que sí debería conocer un catedrático o un abogado de ese país. Lo que ocurre es que, seguramente, si las preguntas hubieran sido mucho más difíciles, también hubiera sido mucho más difícil justificar porqué en cada episodio de la vida de ese “perro de chabola” estaba la respuesta a cada una de ellas.


Por lo demás, los personajes carecen de la entidad suficiente para emocionar de verdad, salvo recurriendo a la unión entre infancia y pobreza. La historia de amor en el tiempo (el leitmotiv de todo el mecanismo; otro ingrediente que nunca falla) entre Jamal y Látika resulta demasiado plana. Se quieren porque sí, a pesar de los obstáculos, el tiempo y la distancia, aunque apenas han tenido tiempo de conocerse. Además, el hermano del protagonista, Salim, es bueno o malo a conveniencia del guión.


Aún así (o quizá gracias a todo ello), el film tiene ritmo, una buena fotografía y ciertamente engancha, pero con el paso del tiempo no deja ningún poso ni reflexión alguna en el espectador. Además, recuerda demasiado a la estupenda cinta brasileña “Ciudad de Dios”, aunque en versión más amable y digerible para la mayoría del público.


Al final, después de que el chico (millonario o no) bese a la chica, suenan las fanfarrias, llegan los créditos, y entonces descubrimos que, a pesar de la pretendida gravedad de la historia de amor entre Jamal y Látika, todo era broma, un simpático guiño al fenómeno Bollywood, completando así la lista de razones por las que Slumdog Millionaire ha arrasado en los Oscars.

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8/1/09

Patinazo en toda regla

Solo quiero caminar (Agustín Díaz Yanes, 2008)


Extraño híbrido de película gangsteril tarantinesca y drama coral femenino almodovariano, que no funciona como ninguna de las dos cosas.

Porque el film de Diaz Yanes es desastroso no ya en su propuesta o en su discurso, sino en facetas tan obvias como la descripción de sus personajes, el concepto básico de ritmo cinematográfico o en la dosis de información necesaria para que el espectador pueda seguir y completar el relato.

Para empezar, el guión se olvida de algo tan importante para cualquier película como es describir a sus personajes. Las protagonistas son cuatro mujeres de acción, pero… ¿por qué se dedican a los robos? ¿Cómo han llegado hasta ahí? ¿Quiénes son realmente? No esperen respuesta. El prototipo de “mujer de acción” que se saca de la manga Diaz Yanes requeriría de una explicación de su historial y sus motivaciones y de un cierto discurso que nunca llega. Y así, los personajes resultan, sencillamente, inverosímiles, y el espectador nunca llega a identificarse con ellos. Además, “cuando las cosas se ponen feas”, estas cuatro mujeres son tan torpes que de esa premisa difícil de asumir nacen la mayor parte de unas escenas de acción con tan poco ritmo y estilo que rozan el ridículo en algunos momentos.

El recurso fácil al mafioso poderoso, vanidoso y machista, y a su caterva de matones incompetentes , zafios y cabezas huecas resulta más fácil de digerir para un espectador acostumbrado a ese tipo de cine, aunque no aporte nada nuevo.

El relato también olvida los mecanismos básicos de aporte de información, para que el espectador pueda comprender, completar e incluso anticipar el devenir de los acontecimientos.

Por lo demás, Díaz Yanes se recrea, aunque sin sacarle todo el jugo posible, en la estética de ese México DF tan vital y tan corrupto, tan pintoresco, fronterizo y fotogénico, y en los lugares comunes del cine gangsteril norteamericano moderno. Esto es, mafia, poder, narcotráfico, muchas pistolas y sexo grosero. Pero esto no es Hollywood, y el esquema se reproduce sin apenas pulso, mediante un relato fallido e inconexo en el que el único hilo conductor es el personaje de Gabriel, un Diego Luna a lo Vincent Vega con el encanto de los sicarios con sentimientos y dilemas morales.

En suma, sólo se le puede agradecer a Díaz Yanes la idea de escapar a México para rodar cine español de acción. Lástima que con tan poco acierto, Díaz Yanes le haga un flaco favor a un género lamentablemente casi virgen en la filmografía patria.
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Alta cocina española

Fuera de carta (Nacho G. Velilla, 2008)

Buena comedia nacional, llena de situaciones hilarantes, dialogos ágiles e histrionicos y momentos desternillantes.


“Fuera de Carta” es una muy buena comedia de enredo de ritmo trepidante, diálogos histriónico y desternillantes (aunque algunas veces un pelín forzados), en la que Javier Cámara disfruta con un papel que le va como anillo al dedo y que recuerda (salvo en la condición sexual y en el extremo amaneramiento) al de Mario Estrada en la serie “Lex”: un tipo de éxito, competitivo y egocéntrico pero tremendamente incapacitado para el amor, ya sea hacia sus parejas como sobre todo hacia sus hijos.


Maxi es el dueño y chef de un restaurante de alto copete, el Xantarella, cuya cocina es una especie de camarote de los hermanos Marx. Su condición homosexual no le representa hoy en día ningún problema. Sin embargo, deberá afrontar el pasado cuando, tras la muerte de su ex mujer, deba hacerse cargo de sus dos hijos, a los que apenas conoce.


Todo se enredará aún más con la llegada de Horacio, un atractivo argentino del que quedará prendada Álex, la maitre del Xantarella y mejor amiga de Maxi. Sin embargo, Horacio resultará ser también gay, y se enamorará de Maxi.


Al alto nivel del menú ayuda el resto de un elenco de personajes principales llevados al extremo: Horacio (Benjamín Vicuña), el guaperas argentino y atormentado gay que aún no ha salido del armario por miedo al rechazo y al fracaso profesional; Álex (Lola Dueñas), la chica explosiva pero ingenua y sin suerte con los hombres, y Ramiro, el desastroso pinche del Xantarella, interpretado por un Fernando Tejero en su papel de siempre.

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25/10/08

Estreno corto: "Cumpleaños Fatal"

Hola de nuevo!!!

Ya podeis ver en Internet el corto que grabé en Terrassa en Septiembre, durante el Festival Baumann. Sólo teneis que pinchar en el enlace (externo) de la derecha, en la nueva sección “Videos”, sobre la imágen o aqui .



Bruno se levanta una mañana con una resaca de campeonato. Su compañero de piso, Abel, ya está tomando el café en la cocina. Abel se marcha con prisas, ya que su hermano llega de Suiza en avion, y debe ir a recogerlo al aeropuerto. Bruno se queda solo con su dolor de cabeza, y cae en la cuenta de que Abel se ha ido sin felicitarle, pues hoy es su cumpleaños.

Minutos mas tarde, Bruno recibe la visita de alguien que no viene precisamente a felicitarle...

Como siempre, espero que os guste tanto como lo bien que me lo pasé yo grabándolo. Saludos cinéfilos ;-)
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17/10/08

"Embrión", primer largometraje de AVED

Ayer tuve la oportunidad de charlar durante unas horas con mi buen colega Javier Rueda, presidente de AVED (Producciones Audiovisuales y Periodismo Cinematográfico), que acaba de estrenar su primer largometraje, en el que él actúa como productor y director de fotografía. Se trata de "Embrión", opera prima también de su director, Gonzalo López, y cuyo el estreno tuvo lugar hace apenas unas semanas en el Festival de Sitges’08.

“Embrión”, según se puede leer en su sinopsis, se inspira en el film “The Embryo hunts in secret” (1966), del director japonés Koji Wakamatsu. Carlos liga una noche con Jenny, y la lleva a su casa. Lo que Jenny no sabe es que Carlos tiene intención de retenerla e inquietantes planes...


"Las clásicas pulsiones entre sexo, deseo y violencia del director nipón se dan cita en esta película de Gonzalo López, cuya parquedad de medios establece un diálogo con la serie B del film en el que se inspira" (Web Festival Sitges'08).


Según Javi Rueda, el director Gonzalo López y él se conocieron en Sitges’05 (donde un servidor colaboró como voluntario – algún os día explicaré la experiencia – y donde también yo conocí a Javi), como parte del jurado joven del festival. Al parecer, conectaron creativamente, y cuando volvieron a encontrarse en Sitges’07, Gonzalo le presentó el guión de “Embrión”. Javi, que con AVED ha colaborado de alguna u otra forma en infinidad de proyectos varios y cortometrajes, se sintió atraído por la historia y pensó que merecía la pena embarcarse en su primer largometraje. Dicho y hecho, en apenas un año y medio y con 15.000 euros, el presupuesto más bajo de todas las películas que competían en el festival.

Entre otros factores, Javi confiesa que lo que le atrajo del guión de Embrión fue que, pese a ser una historia "con mucho discurso", con prácticamente dos personajes y que transcurre prácticamente en un solo interior, "era muy visual". Según su productor, “Embrión” plantea cuestiones profundas de carater vital, e incluso políticas, utilizando el vehículo del sexo y la violencia, a veces explícitos.

Ahora, conseguido el éxito de estrenar en Sitges, queda el reto de lograr estrenar en salas comerciales. Javi asume que no será fácil, por los elementos que caracterizan al film: su bajísimo presupuesto, sus pocas localizaciones y su apuesta por la textura video. “La gente dice que es una película muy blanca, muy luminosa, pero ese es un efecto que buscábamos. Ni a Gonzalo como director, ni por extensión a mí, nos interesaba una imagen muy contrastada, muy cinematográfica”.

Ya estoy esperando poder verla para hacer la crítica... ;-)
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16/10/08

Visita relámpago a Sitges 08

Aunque nunca vivo el Festival de Sitges tan a tope como me gustaría, la verdad es que este año mi visita ha sido más testimonial que nunca. Prácticamente se puede decir que fui a “hacerme la foto”. Y para que quede constancia, pues aquí está:



Este año ni siquiera pudimos ver una sola película, pues no habíamos reservado entradas, y cuando llegamos, ya no quedaba prácticamente ni una. Otro año será…

Como pequeño apunte, el premio a la mejor película recayó este año en “Surveillance”, de Jennifer Lynch, hija de David Lynch, director predilecto de mi amiga Rebeca, conmigo en la foto de arriba.

Al menos, pude tomar buenas fotos, como ésta del sol poniendose en la playa de Sitges, a la espera de la siguiente edición del Festival. Espero poder dedicarle más tiempo el año que viene.


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15/10/08

Apple presenta en BCN Final Cut Studio 2



El pasado 9 de Octubre, en el marco del llamado “Final Cut World Tour”, se presentó en el Auditorio Axa, en la Diagonal de Barcelona, la nueva versión del famoso programa de edición profesional de video Final Cut, dentro de la suite Final Cut Studio 2.

La presentación constó de demostraciones in situ (mediante proyección en una pantalla gigante) de las capacidades de los nuevos programas. La de Final Cut Studio 2 se centró en las herramientas más novedosas o destacables incluidas en esta solución: Color (retoque profesional del color), Soundtrack Pro 2 (lo mejor, la eliminación de una pista de sonido de un ruido indeseado, ante el asombro de la platea), y Motion 3, para crear gráficos 3D en movimiento sobre las imágenes. Además de Final Cut Pro 6, Final Cut Studio 2 incluye Compressor 3 y DVD Studio Pro 4.

También se presentó Final Cut Server, una nueva herramienta ideada para gestionar y automatizar flujos de trabajo.

Final Cut Studio 2 cuesta unos 1299 USD (499 si se actualiza desde Final Cut Studio o 699 si se actualiza desde Final Cut Pro 1,2,3,4 o 5). Por su lado, Final Cut Server costará 999 USD con una licencia para 10 usuarios o 1999 con licencia ilimitada de usuarios.

Fotos: cortesía de Ausies Pomès.
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Festival de Baumann: una gran experiencia

Del 16 al 27 del pasado mes de Septiembre se celebró en Terrassa la 8ª edición del Festival de Curtmetratges Baumann (Baumann v.08).

El festival incluye, a parte de la obligatoria sección oficial de cortos a concurso, diversas actividades paralelas (talleres, concurso de bandas sonoras, mesas redondas, etc.), entre las cuales se incluía el taller “Fem un Curt!”, en el cual tuve la suerte de participar.

En tan solo cinco días (17-19 + 22-23 Sept.) un grupo de seis desconocidos entre los que me encontraba yo (además de David, Benny, Eva, Roger y Ricard; foto), monitorizados por los sensacionales Nuria y David, nos vimos en la tesitura de tener que escoger una idea, escribir un guión, grabar y editar un corto, y el resultado fue “Cumpleaños Fatal”, una opera prima para la mayoría de nosotros, sobre un chico que tendrá, en el día de su aniversario, un regalo un tanto… especial.


Aparte del resultado, que no pudo ser mejor (siempre teniendo en cuenta las limitaciones de tiempo, espacios y material), me gustaría destacar el buen ambiente de grupo que se respiró en todo momento, y lo divertido de la experiencia.

“Cumpleaños Fatal” se presentó, junto con “El Rodaje”, el trabajo del otro grupo del taller (con Paola al mando) el día 26 en el auditorio municipal de Terrassa (foto).



La única pega, en mi caso, fue no poder disfrutar del resto del festival, debido a la lejanía de Terrassa de mi ciudad, que sólo me permitió dedicarme al taller. Pero el año que viene espero repetir, ¿no, chicos? ;-)

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29/7/08

El Incidente: más de lo mismo y peor








Título original: “The Happening
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Productores: M. Night Shyamalan, Sam Mercer y Barry Mendel
Música: James Newton Howard
Fotografia: Tak Fujimoto
Año: 2008
Duración: 90 min.
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Mark Whalberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sánchez

Mientras un extraño fenómeno está afectando a la población de Nueva York, y se propaga por la costa este de Estados Unidos, se produce un éxodo masivo hacia la salvación. Entre la multitud desesperada viajan el profesor de ciencias Elliot Moore (Mark Wahlberg), junto con su mujer (Zooey Deschanel), su compañero (John Leguizamo) y la hija de este (Ashlyn Sanchez). En su huida desesperada, Elliot intentará aplicar sus conocimientos científicos para entender lo que está sucediendo, además de intentar salvar el difícil momento de su matrimonio.

“El Incidente” (mejorable traducción del inglés “The Happening”) pretende ser inquietante desde su vago título. Realmente, cuando acaba el film no sabemos mucho más sobre el tal incidente, suceso o fenómeno, lo cual (por mucho que les pese a aquellos que necesitan una explicación para todo) me parece un acierto. Lo que sucede es que esta película ya la habíamos visto antes: se llamaba “Señales”, era del mismo director, y era infinitamente mejor.

En efecto, lo que allí era una (supuesta) invasión alienígena, aquí es un (supuesto) virus o reacción química o vaya usted a saber, que hace que las personas se comporten de forma destructiva. Esa vaguedad en las premisas iniciales siempre me ha parecido tremendamente acertada, y es muy propia de Shyamalan, quien prefiere mostrar lo que está sucediendo con cuentagotas, y aportar el grueso de la información mediante la radio, la televisión, o conversaciones telefónicas, videos, comentarios, etc. Es decir, más que ver lo que está pasando ahí afuera, se nos cuenta. Si lo pensamos bien, los grandes sucesos modernos que afectan a toda la Humanidad (p.e., la llegada del hombre a la Luna o el 11-S) los vivimos en nuestro hogar, y nos llegan mediante inputs de información muy variados y a veces contradictorios, que generan confusión, histeria, rumores, tópicos, leyendas, etc. Shyamalan siempre coloca la cámara delante del individuo, mientras afuera el mundo se acaba, porque le interesa más el efecto del suceso en el individuo confundido y desinformado que el suceso en sí, o que la histeria colectiva y la fanfarria de explosiones, gritos y carreras. No hay nada más terrorífico que encuadrar la mirada de alguien que mira algo terrorífico, dejando ese algo off camera. Eso es el terror psicológico.

Ahora bien, “El Incidente” recuerda demasiado a “Señales”, da toda la sensación de que el director se repite a sí mismo. Y lo que es peor, la historia carece de la fuerza de aquella (el personaje de Alma, la mujer de Moore, no aporta nada, y la crisis de la pareja resulta un tanto ridícula), Shymalan parece haber perdido el pulso y la tensión (a veces parece que intenta mantenerla mediante el melodrama lacrimógeno típicamente americano), y además hay escenas que parecen forzadas (¿es necesario y creíble que una madre que está hablando con su hija en peligro conecte el altavoz del móvil para que todos oigamos a la niña posesa?) o simplemente calcadas de “Señales” (¿el video del zoo de esta no os recuerda al de la fiesta de cumpleaños en Brasil de aquella?).

En resumen, “El Incidente” abunda, sin aportar nada, en el interesante estilo (con toques hitchcockianos) de Shyamalan, a quien habría que reconocerle al menos su particular e inquietante visión del suspense (aparte de “Señales”, “El Bosque” me parece magnífica). Sin embargo, su último film huele a cerrado, y bien le convendría a su director un poco de aire fresco, por ejemplo fuera de la maquinaria industrial y repetitiva de Hollywood, de sus paranoias post 11-S y de sus manidas lecciones religioso-morales sobre el valor, la familia, etc.
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