
27/8/11
"Super 8" o el triunfo de la (falsa) nostalgia ochentera.

16/8/11
Después de "Primos", "Amigos". La misma (poca) gracia. El mismo éxito.
17/7/11
Tardío estreno en España de un maravilloso film francés sobre una niña marcada por la disfuncionalidad familiar y la torpeza de sus adultos

En la línea del mejor cine francés, "Stella" (estrenada en Francia en 2008) es un film intimista, un retrato del difícil paso de la niñez a la adolescencia, de sus problemas, y de su belleza, de una sutilidad, de una ternura y de desazón, que abruma sin caer en dramatismos maniqueos ni en truculencias barriobajeras.
1977. Stella Vlamink es una pre-adolescente de 11 años de un suburbio de Paris cuyo hogar es el bar de sus padres. Allí lo ha aprendido casi todo del mundo de los adultos que lo frecuentan (sobre poquer, sobre billar, sobre futbol, prostitución, peleas, etc.), pero apenas sabe nada de lo que necesita para aprobar en el colegio o para relacionarse con sus compañeros y con el mundo de ahí afuera. Sus padres no son la mejor ayuda en ese sentido.
Cuando empieza una nueva etapa escolar en un nuevo colegio, Stella se enfrentará, además de a sus limitaciones académicas, a sus carencias en el contacto con los demás, y se abrirá a un mundo nuevo para ella, el de los primeros problemas de la adolescencia como el primer amor o la amistad verdadera.
A través de la voz en off de la protagonista, el film hace un retrato familiar disfuncional y caótico. Stella es un pez fuera del agua, una niña en un mundo de adultos, y como tal, su educación ha sido muy diferente a la de sus compañeros de clase. No se trata de una niña maltratada, ni falta de cariño, sino de atención. Sus padres descuidan sus necesidades emocionales, la tratan como a un adulto mas y proyectan en ella sus problemas (su madre dice estar contenta con su vida, pero abronca a Stella por no estudiar como si se abroncase ella misma; su padre la quiere, pero casi siempre está ausente). Su hogar, el bar, es divertido, pero es un microcosmos caótico nada propicio para una niña de su edad.
Así, Stella se ha endurecido, se ha construido una fortaleza alrededor de su corazón para que nada de lo que vive a diario le haga daño. Pero sólo es una coraza externa. En el fondo, sigue siendo una frágil niña de 11 años, deseosa de recibir más atención, de encontrar una amiga con quien compartir. Y ese sutil abanico de sentimientos lo interpreta magistralmente la joven actriz Léora Barbara, que aguanta casi todo el peso del film, transmitiendo a ratos fragilidad, a ratos seguridad y otras veces hieratismo y una total desconexión de una realidad dolorosa.
En el fondo, la paradoja del film consiste en comprobar cómo una niña rodeada de mayores debe desaprender casi todo lo que ha aprendido de ellos en su corta vida para ganar la inocencia que le toca por su edad. Y es que “Stella” no habla de los malos tratos, ni por parte de padres ni de profesores, sino más bien de las continuas lecciones vitales y emocionales contraproducentes que puede recibir un niño de unos adultos superados por sus roles. Otra reflexión del film es que la escuela (la cultura en general, debemos entender) puede ser una oportunidad para formar personas, aunque sin embargo, no fueran los métodos descritos en el film (vigentes a mediados de los 70) los mejores para conseguirlo.
Con todo, "Stella" es uno de esos films que cuesta analizar desde sus apartados técnicos, pese a que apenas se puede criticar nada: una buena labor de realización, un magnífico desempeño de sus actores principales (atención al parecido más que razonable entre Benjamin Biolay y Benicio del Toro), una buena ambientación o su espléndida banda sonora. Sin embargo, como a cualquier película cuyo punto de referencia es la propia vida, sus heridas y su belleza, el film de Silvie Verheyde no debería ser juzgado sino desde la verdad de lo que cuenta. Y ahí también aprueba con nota. Por ello, me asalta una inquietante pregunta: ¿porque tardan tanto films como éste en encontrar un hueco en nuestra salas?
14/4/11
Los responsables de "Gru" vuelven con una película que mezcla acción real y animación, sustentada en una historia poco inspirada
"Hop", la nueva apuesta de los creadores de “Gru, mi villano favorito”, toma esta vez como elemento central la tradición anglosajona del conejo de Pascua, una especie de contrapartida de Santa Claus en su intento por hacer felices a todos los niños del mundo con su reparto de cestas llenas de dulces y huevos de pascua. Hasta aquí, correcto. Sin embargo,el problema es que la historia mezcla de forma algo disparatada elementos heterogeneos que no acaban de ligar demasiado bien.

E.B., el hijo del conejo de Pascua, en quien su padre piensa delegar el cargo, sueña en cambio con ser una estrella del rock. Para ello, huye (por unos túneles a lo "Mission: Impossible") a Hollywood. Cuando su padre lo descubre, envía una especia de conejos ninja en su busca, mientras en la fábrica, Carlos, el capataz de los pollos proletarios, el segundo de a bordo del señor conejo de Pascua, prepara un golpe para tomar el poder.
En Hollywood, E.B. se topará con Fred (James Marsden), un joven al que sus padres acaban de echar de casa por ser un vago.
Hop destaca especialmente en el apartado técnico, mezclando de forma notable acción real y animación. También es digno de mención el diseño de la fábrica de dulces, que se nos presenta en una buena escena de arranque. Sin embargo, estamos ante un guión disparatado y sin fuerza, con escasos momentos de humor brillantes, y con dos personajes con los que es difícil empatizar en exceso. Por un lado, el personaje de Fred, está desdibujado, resulta poco creíble y a ratos incoherente, carece de fuerza, de un objetivo claro, y su revelación final es poco menos que ridícula. El de E.B., resulta a veces irritante, en su empeño por complicarle la vida a Fred. Además, tanto esfuerzo del chico para que nadie vea al conejo hablando…y resulta que a nadie le importa ese detalle, y hasta el mismísimo David Hasselhoff (en otra extravagante deriva del guión) le hace una audición y le contrata como promesa del rock. Pese a ello, más tarde, y a cuenta de un gag, Fred volverá a disimular, y se hará pasar incluso por ventrílocuo, para que nadie descubra que el conejo habla.
El film combina algunos gags más o menos lúcidos, como el anterior (aunque esté poco justificado) o el de E.B. haciéndose pasar por un peluche, con otros momentos extraños de humor fallido, como aquel en el que Carlos (un pollo golpista con un gracioso pero de nuevo injustificado acento mexicano a cargo de Hank Azaria) intenta hacer volar el… ¿trineo?, pero E.B. se lo impide haciendo bailar a su secuaz Phil al ritmo de la percusión. En resumen, poca inspiración en el apartado creativo, y un producto final heterogeneo y algo chirriante.
Por cierto, si vais con niños, no os riais demasiado en el momento “mansión Playboy”, si no quereis tener que contestar preguntas incómodas ;)
12/4/11
Caperucita Roja versión "crepuscular", y no precisamente en la acepción más deseable del término

6/4/11
Pequeñas mentiras sin importancia: los amigos de Ludo

“Pequeñas mentiras sin importancia” (Les Petits Mouchoirs), película del año en Francia con más de 5 millones de espectadores, nos habla de un grupo de amigos se dispone a pasar, como cada verano, unos días en una casa de la playa. Pero entonces uno de ellos, Ludo, sufre un grave accidente. Finalmente sus amigos deciden mantener su plan, pero los primeros días en la costa estarán marcados por el impacto emocional que ha provocado en ellos el grave estado de salud de su amigo, al que dejan ingresado en un hospital en París.
Sin embargo, pronto cada uno irá centrándose en sus propios problemas, dudas y obsesiones: Max es un neurótico del trabajo incapaz de relajarse, y menos sabiendo que Vincent se siente atraído por él, tras 15 años como amigos. Ninguno de los dos tiene demasiada comunicación con sus parejas, Véro e Isabelle. Eric no anda muy bien con su pareja, Léa, debido a su carácter mujeriego e infantil, lo mismo que Antoine, que está obsesionado con Juliette, su novia de 10 años que le acaba de dejar, y tan solo sabe hablar de ella, mientras espera un mensaje. La que parece más estable, Marie, en el fondo no acaba de asumir ninguna responsabilidad.
El último y extenso film del actor, guionista y director Guillaume Canet tiene un arranque potente que pone los pelos de punta, con el accidente de Ludo. Luego da paso a un primer acto parisino que parece no acabar nunca de arrancar. Lo más interesante comienza cuando llegan a la casa de la playa, lo que supone un paréntesis en la vida de ese grupo de amigos, a los que vamos conociendo mediante sus relaciones. El duro desenlace les hará volver de ese paréntesis y afrontar de nuevo la realidad.
Sin demasiadas coartadas argumentales, Canet parece centrase mas en el mundo interior y en la transformación de sus protagonistas, pero sobre todo en sus relaciones. Algunas situaciones y conflictos sólo se apuntan y apenas son explicados, lo que provoca cierta confusión en algunos pasajes. Predomina la comedia simpática que emana de los personajes, y el tono intimista y natural de las conversaciones. Sin embargo, la narrativa carece de cierto pulso y ritmo, quizá contagiada del asueto propio de los días de verano. Como si intentase corregirlo, Canet aboca el film a un final catártico y lacrimógeno que quizá nos pilla algo desprevenidos, porque no encaja demasiado con el tono del resto del film, pero al que no se le puede negar su efectividad, al ritmo de una fantástica versión de My way interpretada por Nina Simone.
Buenas interpretaciones (destacaría a François Cluzet, Marion Cotillard y Gilles Lellouche), una fotografía plana y sin alardes y una genial banda sonora en inglés entre el soul y el rock conformanun film por momentos entrañable, que respira vida y amistad, y huele a verano, a mar y a salitre, que destaca por la humanidad y familiaridad que desprenden sus personajes.
12/3/11
El mundo según Barney: vida (y mujeres) de este hombre
A pesar de que el título de esta producción canadiense, El mundo según Barney (Barney’s version), su slogan (“La verdad sobre su vida depende de quien la cuente”) y su sinopsis, hagan hincapié en la cuestión del punto de vista del relato sobre la vida (y mujeres) de este hombre, lo cierto es que la primera película de Richard J. Lewis (director de la serie CSI: Las Vegas) no es precisamente Ciudadano Kane. Bueno, esto es obvio, pero ni siquiera es una versión cómica de Ciudadano Kane. El mundo según Barney juega a otra cosa diferente a lo que promete.
A pesar de las expectativas, y de la supuesta complejidad narrativa del material que maneja, el fiim adolece de una visión más poliédrica sobre la vida de este hombre. En su epidermis, no es más que un relato lineal de la vida de un hombre que se casó con tres mujeres, tuvo dos hijos, y que, como diría Joaquín Sabina, “quiso más a la que más le quiso”. Ni siquiera queda claro que la (única) “voz” del relato sea la de Barney (en la adaptación se descartó la voz en off, aunque en la novela Barney relata su vida).
La supuesta complejidad de la novela de Mordecai Richler se traslada al celuloide resumiendo personajes e incluso, fusionando otros, y otorgando casi todo el protagonismo a la linea narrativa de las relaciones sentimentales y maritales de Barney. Fruto de ello, es el retrato caricaturesco de las dos primeras esposas de Barney, o el hecho de que las subtramas no acaban de encajar del todo: su ascensión profesional hasta llegar a convertirse en productor de series de televisión o la trama policial-criminal, tan desdibujada como el personaje del detective O’Hearne, quien está convencido de que Barney mató a su mejor amigo, Boggie (Scott Speedman), y ha escrito un libro en el que le inculpa directamente. Incluso la intensa relación de Barney con Boggie resulta a veces rocambolesca y poco verosímil.
Por otro lado, nos encontramos con un film tremendamente heterogéneo, algunos dirían que tramposo. ya que empieza como comedia de trazo algo grueso y acaba como drama lacrimógeno. Posiblemente lo más interesante esté en algún punto intermedio de esa transición.
El primer acto corresponde a la historia de Barney con su primera esposa Clara. El arranque de la historia es demasiado atropellado, y el tono y las situaciones son algo caricaturescos, mezclados con cierto sabor agridulce, que completa un arranque ciertamente extraño y poco verosímil. Para colmo, este primer acto (su breve matrimonio con Clara, en Italia) aporta poco o nada a la historia.
Luego viene su segunda esposa, la segunda Sra. P (Minnie Driver) y el tono se endereza hacia la comedia de enredo más arquetípica. Las situaciones siguen siendo caricaturescas, como lo es el hecho de casarse con la mujer equivocada y enamorarse de otra el mismo día de la boda, o el choque de contextos que se produce entre la naturalidad del padre de Barney, Izzy (un entrañable Dustin Hoffman), y la estirada familia de la novia. Pero al menos, durante este pasaje, el film parece corregir la irregularidad inicial.
Pero a partir de su boda con Miriam (exquisita Rosamund Pike), su tercera esposa y su verdadero amor, el film parece sentar la cabeza como su protagonista, y se va convirtiendo en un drama cada vez más amargo, hasta llegar a un final lacrimógeno que quizá echa por tierra la sutilidad emocional de esa relación, y que, para colmo, se sitúa en el extremo opuesto al tono con el que arranca la película.
Alguien dijo que el drama es una comedia sin risas. Desde ese punto de vista, todo el film es una comedia donde cada vez nos reímos menos, según vemos cómo Barney, después de conseguir lo que más ha querido, se dedica a perderlo, por el simple motivo de que no es capaz de cambiar. Como le dice su tercera esposa, es incorregible, para lo bueno y para lo malo.
Barney Panofsky es un personaje cómico que llegado el momento demuestra un profundidad y una integridad inesperada. Donde otros personajes totalmente cómicos se enredarían intentando solucionar de forma estúpida las situaciones, él se pone digno y corta de un tajo el enredo. Y es que Barney es un tipo curioso, sí, pero me temo que demasiado simpático y menos redondo de lo necesario para crear un retrato totalmente poliédrico y complejo, que justificase, además, ciertas actitudes que se antojan algo gratuitas, como ser incapaz de comprender que su esposa necesite volver a trabajar, o que, debido a su falta de atención, la está perdiendo.
En fin, un irregular film que da la impresión de no lograr alcanzar la profundidad que pretendía, ni en su personaje ni en su estructura narrativa, y cuyo máximo mérito reside en regalarnos más de dos horas de un fantástico Paul Giammatti llevando el peso de la función y pasando de la comedia al drama con una naturalidad y una riqueza de matices impresionante.

