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3/4/13

'Fin' (2012): El apocalipsis que no se ve



Hay una máxima del cine (sobre todo el de suspense o terror)  que dice que es mejor sugerir que mostrar. Pues bien, eso es lo que hace ‘Fin’, para horror de muchos espectadores que quizá esperaban un festival apocalíptico rollo “Los últimos días” (David y Alex Pastor, 2013).

Jorge Torregrossa debutó el año pasado en el largo con esta adaptación de la novela de David Monteagudo, que fue un éxito de ventas. Rodada en espectaculares localizaciones naturales de los pirineos, en la localidad Madrileña de Cercedilla, y en los estudias Ciudad de la Luz de Alicante, la adaptación corre a cargo de Jorge Guerricaechevarría (que también adaptó 'Celda 211') y de Sergio Sánchez (guionista de 'El orfanato').
 
‘Fin’ cuenta cómo un grupo de amigos cercanos a la crisis de los cuarenta, se reencuentran en una casa rural después de veinte años para revivir viejos tiempos. La alegría inicial por el reencuentro va dejando paso a los inevitables ‘trapos sucios’, cuando descubran que la idea fue del único de ellos que no se ha presentado, Angel ‘el profeta’ sobre el cual parecer haber un oscuro pacto de silencio. Tras una discusión, y un extraño fenómeno natural que les deja sin electricidad, al día siguiente, Rafa (Antonio Garrido) desaparece sin dejar rastro. A partir entonces, el resto del grupo se dispone a buscar ayuda, pero todo el mundo parece haberse evaporado.

Ante todo, hay que destacar la atmósfera inquietante que consigue desde el principio Torregrossa. Lo que en un principio parece una dilación del elemento paranormal o una inteligente dosificación a lo ‘Monsters’ (Gareth Edwards, 2010), se va confirmando a medida que avanza el metraje como una apuesta por la sutileza, la ambigüedad y lo metafórico y lo metafísico, dejando todo el margen posible para que el espectador materialice en su mente la supuesta fuerza destructora, transmitiendo la sensación de que el origen del miedo está más dentro de los personajes que fuera. Salvando las distancias, recuerda a ‘El incidente’, de Shyamalan, sólo que lo que allí olía a refrito y a falta de ideas, aquí sugiere (cuestión de expectativas y de trayectorias, quizá) valentía y estilo propio.

No es un peliculón, ni muchísimo menos. El desarrollo puede ser algo anodino por la falta de picos dramáticos, le faltan giros, y los personajes podrían ser más profundos. Pero también es cierto que la espesura dramática y la inquietud son constantes. Sus defectos, que sin duda le restan nota, no justifican la inquina con la que la han despachado algunos. Pero claro, ya sabemos que hay muchos espectadores que prefieren lo obvio a lo sugestivo, ver una película a participar en ella, ir al cine a olvidar en lugar de a recordar.

- “Tal vez sólo existamos mientras aún quede alguien que nos observe”, dice Félix (Daniel Grao), a modo de conclusión. “Yo creo que es más sencillo, naces, vives, y un día desapareces sin dejar rastro. No somos tan importantes”, le responde Eva (Clara Lago). Este diálogo final, más un interrogante que una conclusión, refleja el interesante enfoque existencial y abierto de un film interesante, que, sin embargo, tiene tres problemas muy graves: es española, y el ‘malo’ no se ve ni se explica. 'Defectos’ que muchos no le van a perdonar.
 
 

 

 
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12/2/13

Hichcock (2012): una mirada al universo Hitchcock más juguetona que profunda


Al igual que el ‘Lincoln’ de Spielberg, el esperado film de Sacha Gervasi (su debut en largometraje, tras el exitoso documental 'Anvil'), se centra en un momento crucial en la biografía del personaje que retrata. ‘Hitchcock’ muestra al maestro del suspense y su relación con su esposa durante el rodaje de su obra maestra ‘Psicosis’. De hecho, adapta libremente el libro 'AlfredHitchcock and the making of Psicho', de Stephen Rebello. La adaptación corre a cargo de John McLaughlin, coguionista de ‘Cisne Negro’.

El film nos muestra a un Hitchcock en la cima de su carrera (la película empieza en 1959, en el estreno de 'Con la muerte en los talones'), pero con la sensación de haberse dejado encasillar. “Me han metido en un ataúd, y ahora quieren clavar la tapa”, dice, saliendo de los estudios. 'Hitch' tiene la férrea voluntad de reinventarse a sí mismo y por ello se empeña en adaptar, para sorpresa de todos, el escabroso libro de Robert Bloch 'Psycho', inspirado en el mítico asesino Ed Gein (semilla, pues, de Norman Bates, aquí interpretado por un muy parecido James D'Arcy). O sea, estamos ante la adaptación cinematográfica de un libro sobre la adaptación al cine de otro libro, inspirado a su vez en un personaje real que sirvió de inspiración para géneros como el de los asesinos en serie o el slasher (por ejemplo, "La matanza de Texas", Tobe Hooper, 1974). Toma retruécano.

El actor elegido para dar vida a Hitchcock es otro peso pesado británico como Anthony Hopkins. Como Day-Lewis en ‘Lincoln’, Hopkins se funde con Hitchcock hasta desaparecer bajo el aparatoso maquillaje (nominado al Oscar, junto con el vestuario). Hopkins recrea magistralmente la figura (su silueta, su típica pose), pero el parecido no es excesivo, y más bien da la sensación de que estamos ante una caracterización paródica a lo 'Polonia'. Juzguen ustedes mismos:


Igualmente esperada era la presencia de la diva Scarlett Johansson para interpretar a Janet Leigh, aunque cabe decir que su personaje es secundario, apenas tiene un peso específico en la historia, y el film más bien muestra su buena relación con Hitchcock durante el rodaje, a pesar de la tendencia del director a controlar a sus actrices principales.
Además de centrarse en el rodaje de ‘Psicosis’, ‘Hitchcock’ aporta nuevos ángulos a la conocida leyenda del maestro del suspense, al rendir homenaje a su esposa Alma Reville (Helen Mirren como casi siempre, espléndida), la gran mujer tras el gran hombre. Otro enfoque tan libre como curioso es el paralelismo entre el mismo Ed Gein y Hitchcock, mediante unas visiones que el director sufre debido a su obsesión con la historia y el estrés causado por el rodaje. Las visiones, y su inestabilidad emocional se agravan debido a las dificultades del rodaje (o las imposiciones de la censura), pero sobre todo por sus sospechas de un supuesto affair de su esposa con Whitfield Cook (Danny Huston), guionista de ‘Alarma en el expreso', descrito aquí como un mujeriego sin demasiado talento.

 "Churri, mira que te pones pasado cuando te da por hacer una obra maestra"

Sin embargo, Gervasi no hace una introspección profunda en la mente del genio o en el proceso creativo de ‘Psicosis’, ni un ejercicio de fetichismo alrededor del icónico film de 1960 (apenas vemos la mansión, por ejemplo). Aunque también se dejan caer algunas perlas, como cuando Leigh / Johansson se refiere a Hitchcock como “adorable, comparado con Orson Welles” (que la dirigió en “Sed de mal”), cuando se insinua la (conveniente, para su personaje) homosexualidad de Anthony Perkins, o cuando muestra la tirante relación de Hitchcock con Vera Miles (Jessica Biel).

A pesar de la solemnidad de su figura central, Gervasi ha preferido centrarse en su perfil más guasón y popular, como demuestran los discursos de introducción y cierre de 'Hitch', en clara alusión a la serie televisiva 'Alfred Hitchcock presents...' (1955 -62). ‘Hitchcock’ es más bien una comedia de buen ritmo, ligera y entretenida, con una puesta en escena juguetona, con cierto aire de pequeña película, que tiene más de interpretación dramatizada y provocadora (la licencia que se toma para recrear la mítica escena de la ducha, Hitchcock espiando a Vera Miles por el mismo agujero que Norman Bates espía a Marion) que de sobria biografía.

A pesar de ser muy disfrutable, la (icónica) sombra de Hitchcock es inevitablemente mucho más grande que este film, y habrá quien piense que el maestro del suspense merecía un acercamiento más arriesgado y menos superficial.
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2/2/13

Mi videoteca: 'Arlington road' (Mark Pellington, 1999)


caban de dar esta peli en La Sexta 3. La he pillado empezada, y he intentado cambiar de canal, por que ya la había visto, pero no ha habido manera. “Arlington Road” es uno de esos thrillers en los que cada elemento es tan perfecto y cumple tan bien su función, que simplemente, no puedes evitar disfrutarla una y cuantas veces te la pongan por delante. El guión es sensacional, y a mi me recuerda a otros thrillers noventeros y “malrolleros” que marcaron mi adolescencia como ‘De repente, un extraño’ (John Schlesinger, 1990) o ‘Mujer blanca, soltera, busca…’ (Barbet Schroeder, 1992). Será que todas hablaban de gente que ve su cotidianidad, su vecindario o su propia vivienda, amenazada por alguien sospechoso que viene con muy malas intenciones, sea como vecino, como inquilino o como compañer@ de piso. Y claro, convivir con la sospecha da muy mal rollo.

Como para ir a pedirles sal...

La realización de Mark Pellington es soberbia, y transmite con cada plano el suspense que la historia merece. Pellington crea una atmósfera enfermiza para transmitir la confusión continua entre realidad y paranoia, usando movimientos de cámara, planos oblicuos, o iluminando a los personajes como si de una peli de terror se tratase. Destacable la escena de la fiesta de los Lang en la que se cuela el protagonista (Bridges), rodada de un modo tan iunquietante que recuerda al final de 'La semilla del diablo' (R. Polansky, 1968). Tres años mas tarde, Pellington dirigiría otro peliculón, con la misma atmósfera inquietante (y tambien con final potente) como ‘Mothman, la última profecía’. Compruebo su fiilmografía en Filmaffinity y no entiedo por que la carrera de este hombre se diluyó como una azucarillo en un café sólo bien caliente como el que me estoy tomando mientras escribo esto. Así que me informo un poco mejor, y ahora lo entiendo un poco más: se conoce que al hombre se le murió la mujer y dejó eso de hacer pelis por una temporadita. Anyway, parece ser que, si no hay más cambios, Mark Pellington será el director del remake americano de “El orfanato”. Buena elección, sin duda, si está al nivel de estas dos..

Y el otro apartado en el que destaca 'Arlington Road’ es en el actoral, que es excepcional. Poco se puede decir de Jeff Bridges o de Tim Robbins. Por cierto, que me da a mi que a lo mejor a Tim Robbins lo escogieron para el papel de Oliver Lang, el vecino sospechoso de actividades terroristas y perfecto marido, por su reconocida militancia izquierdista, junto a su mujer Susan Sarandon. Como que le va eso del matrimonio perfecto con conciencia política, a este hombre. También es un grandísimo acierto la elección de Joan Cusack, habitual en papeles cómicos, para hacer de su esposa (no de la Sarandon, sino de la esposa de Lang). Aprovechando la misma expresividad y gesticulación que cuando hace de ingenua o de patosa, aquí en cambio parece una loca peligrosa (el plano sostenido cuando se encuentra con la novia del protagonista y se la queda mirando y su típica sonrisa algo boba va borrandose poco a poco de su rostro, da auténtico terror).

Y luego está el último cuarto de hora, de una tensión infinita, y ese final (tranquilos, no os lo voy a 'espoilear'), que cuando lo conoces, te tragas toda la peli (como me ha pasado a mi) por verlo otra vez. Sorprendente, y con una interesante reflexión de fondo que le hace a uno cuestionarse las versiones oficiales de algunos sucesos.

"¡Mierda, ya la pillo empezada otra vez!"

Pues eso, que no os la podeis perder. Sólo necesitáis un programa cliente de Torrents y el torrent de la peli. ¡A disfrutarla!
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6/12/11

Entrevista a Carlos Sorín sobre su último film

Acabo de encontrar esta interesante entrevista que le hicieron a Carlos Sorin en la Casa América de Madrid, cuando vino a presentar su última película, "El Gato desaparece", que cuya crítica publique hace varios posts.


La entrevista es realmente interesante. Un resumen de las reflexiones más interesantes de Sorín:

- "Quise hacer género para probar si podía dirigir una película clásica. Como una especie de ejercicio de estilo personal"

- "Según Hitchcock, 'Psicosis' no es una película sobre la locura, es una película sobre el cine. Todo el cine de Hitchcock es un juego. También quise hacer esta película como un juego".

- "La película está construida sobre los gestos, sobre la increíble gama gestual de Beatriz (Spelzini). Para mi es más importane un gesto que una palabra, porque es más ambiguo y permite al espectador hacer distintas interpretaciones, mientras que la palabra es más inequívoca"

- "En esta película, de ingeniería narrativa, con personajes más complejos, en la que hay que construir cada mirada, cada gesto, el tempo, necesitas actores profesionales, y además buenos actores. Con un actor, puedes tener una puesta en escena más construída, más controlada".

- "En general, mi forma de trabajar es bastante intuitiva, apenas ensayo. Con no actores, improviso".

- "Una de las facilidades de hacer género es que lo que haces, ya está hecho, y se espera que lo hagas nuevamente. El género es una reafirmación de sí mismo, y en ese sentido es menos arriesgado. Es una lucha entre confirmar el género y al mismo tiempo innovar".

- "Como influencias de esta película,  Chabrol, y más conceptualmente, 'El escritor oculto', de Polanski, una obra maestra de cine clásico- Después de ver tanto cine de vanguardia, donde uno no sabe qué está bien y qué esta mal, ver una película hecha con ese rigor, es un placer. Es como escuchar a Brahms".

- "Busqué un formato como el cinemascope, lo contrario a lo claustrofóbico, porque quería que la gente sientiese la claustrofobia por lo que está pasando, y no por elementos externos".

Su próximo proyecto será "Puerto deseado", proyecto que aparcó para rodar "El gato desaparece", debido a problemas con los derechos del cuento en que se basa.
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18/11/11

PREESTRENO 'El gato desaparece': Sorín se pasa al género con una 'historia mínima' de suspense



Si Carlos Sorín acuñó, con su mayor éxito hasta la fecha, un concepto interesante, el de “historia mínima” (que podríamos caracterizar por la austeridad, la atención a personajes sencillos y a situaciones cotidianas), podríamos afirmar que 'El gato desaparece' es una “historia mínima de suspense”: un hombre recién salido del psiquiátrico, su desconfiante esposa y un gato en ausencia son elementos suficientes para construir un austero y tenso relato de suspense clásico con aires polanskianos, más cercano al drama que al thriller, más naturalista que efectista.

El gato siempre ha sido amigo del misterio, y en esta ocasión su desaparición es una acertada metáfora de la pérdida de la confortabilidad hogareña y de la confianza en el otro. Sorín demuestra que se puede hacer thriller psicológico y mostrar la paranoia sin necesidad de tirar de flashbacks ni efectismos baratos, sino mediante un sabio uso de la luz, del encuadre, de los detalles y de la contención. El film presta más atención a la paranoia psicológica de Beatriz, la esposa preocupada por un eventual rebrote psicótico de su marido, que a una trama escuálida. Con esos mimbres, consigue arrancar el suspense de la calma chicha de una cotidianeidad aparentemente inofensiva. En este sentido, es difícil no acordarse de 'La semilla del diablo' o incluso de la menos exitosa 'La cara del terror' (‘The astronaut’s wife’, 1999), por cuanto juega a la confusión haciendo que nos preguntemos constantemente donde acaba el comportamiento extraño de Luis, el marido supuestamente curado de su brote psicótico y empieza la paranoia su mujer y su creciente desconfianza, pese a la aparente falta de motivos. Ese juego, ese progresivo intercambio de papeles, esa escalada paranoica, resulta altamente estimulante, gracias a un clima que se va volviendo cada vez más opresivo, a unos personajes bien trabajados y al magnífico duelo actoral entre Luis Luque y Beatriz Spelzini. El resto de los personajes aparecen bastante planos (los médicos, la hija, el amigo), quizá para potenciar el aislamiento y la opresión de la protagonista.

Sin embargo, todo ello no oculta la escasez de la trama, cierta falta de recorrido argumental y cierta sensación de estiramiento. Quizá por ello Sorín se ve obligado, para jugar al género, a hacer uso (e incluso abuso) del susto barato tipo “mano-en-el-hombro-por-la-espalda” o “escena-de-miedo-que-era-una-pesadilla” para mostrar la progresiva inquietud de Beatriz, aunque el film contiene también momentos muy potentes como el macabro juego del gato y el ratón (la rata, mejor dicho) en los túneles de ventilación, que por momentos recuerda a una de las historias de “Amores Perros”

En suma, nos hallamos ante un interesante cuanto de suspense con cierta etiqueta de autor, pero sin más pretensiones que las de un buen ejercicio de estilo.

'El gato desaparece' se estrenará en España el 25 de noviembre.
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11/10/11

"La semilla del diablo": el cine era esto.


Hoy he cazado en La Sexta 3 (todo un chollo de canal para los cinéfilos) “La semilla del Diablo” (Rosemary’s baby, Roman Polanski, 1968). Sí, la traducción del título es demasiado explicativa, pero me gusta, y lo prefiero a una traducción macarrónica del nombre de la protagonista, como hubiera sido lo más probable en aquellos años: “El bebé de Rosa María”.

Tiene algo esta película que, tras varios visionados, me sigue fascinando. He empezado a verla con medio interés, con un recuerdo más o menos claro de toda la trama, y aún así he ido progresivamente volviendo a engancharme a esta joya, hasta acabar pegado a mi sofá. Quizá es que la vi por primera vez en la época en que empecé a apasionarme de verdad por el cine y a devorar clásicos (aunque aún me faltan muchísimos), y por eso me quedó marcada y le tengo cierto cariño. Pero, mucho más allá de eso, y aunque tal afirmación no sea nada arriesgada, creo que es una obra maestra del suspense. Intentaré explicar los motivos por los que me gusta tanto este film:

-          La atmósfera: el film de Polanski no muestra, sugiere. Lo importante no son los sustos (que no los hay), sino la trama y la atmosfera sobre las que se cierne lo terrible del desenlace. Por otro lado, lejos de la actual moda del "thriller psicológico" (ese paraguas tan amplio, esa etiqueta tan pretenciosa como tantas veces vacía), la trama y el suspense son totalmente físicos, carnales (el embarazo, los lúbricos y macabros sueños, el “bebé”), aunque en ningún momento se muestra más de la cuenta. Los sueños de la protagonista son mil veces más inquitantes que cualquier flashback o visión que podamos encontrar en cualquier thriller psicológico actual.

-          El enfoque: No parte de la brujería, del satanismo, sino que se trata de un lugar al que se llega en el desenlace. No nos atiborra con información sobre brujería o satanismo, sino que esta cumple una función determinada en la trama. El film se centra en Rosemary, el suspense nace de la sensación (la suya y la nuestra) de claustrofóbica conspiración, y lo terrible del asunto no es tanto la llegada del demonio o el anticristo, sino la terrible y cobarde traición del marido, posiblemente el personaje que más me inquieta de toda la función.


-       El sonido: a la hora de crear suspense, el silencio es tan importante como la música, de la cual no abusa. En cuanto a los diálogos, lo que no se dice es tan importante como lo que se dice (sobre todo en el caso del personaje de Guy).

-       El ritmo: tiene ESO que tenía el cine clásico y que conservaba hasta hace (me atrevería a decir) unos 15 o 20 años: la trama RESPIRA. El ritmo es pausado y la trama, sencilla, nada pretenciosa e impecable, se desliza lenta pero inexorablemente hacia el fatal desenlace (Dios, me estoy repitiendo un poco con lo del desenlace, pero ahora explico porque), sin necesidad de golpes de efecto ni sustos baratos.

  La iconografía: esa cuna negra, o una demacrada Mia Farrow, con ese corte "a lo Vidal Sasoon" y blanca como una pared (me atrevería a decir que en ciertas escenas se les fue la mano con el maquillaje), vistiendo ese camisón y empuñando ese cuchillo, una inquietante imagen que ha pasado al imaginario cinematográfico.



-       El final: creo que es uno de esos finales que se le graban a uno en la memoria. Si el film es una lección de suspense, el final es una cátedra sobre como liberar esa tensión. Tiene ese final algo de terrible y de grotesco que tiñe de un color macabro todo el resto del film. Es uno de esos finales (como lo es también, por ejemplo, el de ‘El planeta de los simios’ de Franklin J. Schaffner, curiosamente del mismo año) cuyo magnetismo te mantiene en el sofá y justifica otro visionado más.

En fin, espero haberme explicado. Habreis notado que, más allá del film de Polanski, estoy hablando de todo un tipo de cine que ya no se hace. Suerte que siempre nos quedará La Sexta 3.
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27/8/11

"Super 8" o el triunfo de la (falsa) nostalgia ochentera.


Hace poco cacé por TV el final de "Tiburon 3" (Jaws 3, Joe Alves, 1983). Y al ver cómo estallaban las mandíbulas del escualo al tragarse una bomba no pude por menos que esbozar una nostálgica y condescendiente sonrisa.

Hoy en día, a la gente le encanta decir que acaba de ver una película como las de los 80, aunque tengan apenas 20 años, pero mucho me temo que un thriller genuinamente ochentero sería en muchos aspectos infumable para el espectador medio actual, acostumbrado a un cine donde la calidad de una superproducción se mide por la factura de sus efectos especiales y lo trepidante de su acción, donde al guión sólo se le pide que sea correcto y repita los mismos arquetipos de siempre.

Al contrario de lo que leo por ahí, viendo “Super 8“ nunca tuve la sensación de estar viendo una película de los 80. Yo nací en el 80, y lo único que me recordó a "E.T." (Steven Spielberg, 1982) es por la cantidad de veces que he oído la comparación. Abrams debe haber creído que bastaba con poner a un grupo de niños aventureros (al estilo de “Los Goonies” (The Goonies, Richard Donner, 1985) o “Cuenta conmigo” (Stand by me, Rob Reiner, 1986)) rodando en super 8 para dotar de “ochentismo” a la película, lo cual no sé si tomarme como una muestra más de ingeniería comercial cinematográfica y un insulto a mi inteligencia como espectador, o como un intento honesto y fallido del bueno de J.J.

“Super 8” quizá sea el “E.T.” o “Los Goonies” de las generación actual post 11-S, con el mismo sentido de la lírica y la magia que “Monstruoso”, “REC” o “28 días después”. Películas todas estas que me encantan, pero cuya contundencia, carga violenta y sentido apocalíptico no ligan nada con el espíritu de aquellas. En este sentido, el film es más Abrams que Spielberg.

Ignoro si por cobardía, o simplemente por la natural inclinación actual hacia la desmesura, Abrams se vale de todo tipo de recursos actuales para hacer más digerible su pretendido homenaje: montaje trepidante e impecables efectos especiales “factoría Spielberg” tan excesivos e innecesarios como tanta acción y tantos golpes de sonido para generar sustos. Y es que en los ochenta, los trenes no descarrilaban así.

El cuadro lo completa un guión tan sólidamente arquetípico desde el primer fotograma que se le ven las costuras en exceso (traumas infantiles, elementos que se siembran y luego se recogen, secundarios que se ven venir de lejos, malos malísimos, chica rubia en peligro y protagonista al rescate, momentos lacrimógenos muy bien trenzados con pasajes de acción, moralina final, etc.). Todo ello hace que el film se deslice cuesta abajo empujado por una inercia que entretiene, pero que no excita ni sorprende. No confundamos lo que se hacía en los 80 con lo que se lleva haciendo desde los 80.

¿Y el monstruo? Bien, gracias. Ha sido muy bien conservado en el formol de nuestra curiosidad por una abrumadora campaña publicitaria, inteligente, prometedora y atractiva; incluyendo los carteles, casi lo mejor del film. Pero a pesar de tanto misterio, y de que efectivamente es inquietante, no era más que otro "monstruoso” alienígena, carente del carisma necesario, por mucho que intenten humanizarlo al final. De nuevo más Abrams que Spielberg.

En fin, un sólido producto comercial, más pretencioso que atrevido en su empeño de remover nostalgias ochenteras, y que no logró su objetivo en este humilde crítico. Demasiado anclado en el cine mainstream actual como para atreverse a revisitar de verdad los 80; demasiados homenajes y referencias, demasiado sabor a refrito como para respirar un mínimo de personalidad propia. Un buen film entretenido, pero que no queda.

Kenneth Turan, de L.A. Times, lo define mejor que yo: "Aunque efectiva por momentos, finalmente no es tan excitante o emocionante como nos gustaría que fuese (...) El problema de 'Super 8' no es que tenga mucho de lo que quejarse, sino que tiene poco por lo que entusiasmarse".
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27/12/10

Terror clásico a ciegas


Conviene no dejarse engañar por el tandem Belén Rueda – Guillermo del Toro: Los Ojos de Julia está más cerca del suspense clásico que del terror gótico, más cerca de Psicosis que de El Orfanato y todas las que la precedieron (y que siguen el esquema “viejo edificio marcado por un suceso pasado terrible, habitado por espíritus penitentes que hacen la vida imposible a el /la protagonista”).

Huyendo de alucinaciones, flashbacks y demás golpes (bajos) de efecto, propios del thriller trascendentaloide y del terror espectral-digital del nuevo siglo, Guillem Morales parte de elementos tan viejos y tan efectivos como la ceguera y el miedo a la oscuridad, y se apoya en una planificación realmente inspirada, en una fotografía grisácea, desaturada y contrastada, y en el buen uso de una banda sonora digna de mención. Con estos mimbres, Morales mantiene durante todo el metraje una inquietud sostenida por una atmósfera tán inquietante como los negros nubarrones que se ciernen en todo momento sobre el cielo de esa geografia imaginaria y universal, de unas localizaciones que remiten a muchos de nuestros miedos sin llegar nunca a la impostura.

Entendiendo el suspense como constante inquietud, y no como colección de sustos más o menos ingeniosos, Los Ojos de Julia funciona endiabladamente bien, pese a algunos agujeros del guión. Y lo hace básicamente porque su director sabe en todo momento lo que tiene entre manos, y le saca todo el jugo posible. El trabajo de cámara es en todo momento orgánico en su conexión con el tema, jugando con lo que se ve y lo que no se ve (o lo que nosotros vemos pero la protagonista no puede ver), y la fotografía crea un interesante contraste entre luces y sombras. Así, el film contiene algunas decisiones realmente acertadas, y escenas memorables, como la persecución por el pasillo al tiempo que se encienden los fluorescentes, la desapercibida huida del asesino del lugar del crimen desde su punto de vista, el desvelado de la identidad del criminal o una lucha final al ritmo de los inquietantes fogonazos de un flash, con ecos de El Silencio de los Corderos.


El apartado actoral es otro de los grandes sustentos del film. Belén Rueda lo borda, frágil y fuerte, tierna y valiente a partes iguales, en un huesudo equilibrio. Lluís Homar aporta su buen hacer, y comparte con ella momentos realmente intensos y emotivos, sobre todo durante la secuencia del viaje a esa hipotética Bellavista. Pero la revelación es Pablo Derqui, el perfecto hombre invisible,…y hasta aquí puedo leer.

Sin embargo, Los Ojos de Julia no es una película redonda. Y no lo es porque su guión denota algunas flaquezas, además de varias licencias destacables. Pese a que sería injusto restarle su parte de culpa en el suspense que recorre todo el film, y a pesar de unos buenos diálogos, el encaje de las piezas resulta, sin embargo, algo intrascendente (el papel de algunos secundarios, algún descubrimiento prescindible o los propios motivos de asesino), de modo que, una vez finalizada la función, el puzzle al completo carece quizá de la entidad suficiente para calar más hondo.

Los Ojos de Julia es, pues, un film deslocalizado y atemporal que funciona a base de escenas, de continuas ideas cinematográficas, apoyadas en una interesante fotografía, un gran desempeño actoral y una banda sonora remarcable, y cuya aparente falta de mayores pretensiones juega en su favor y en su contra. Buen cine de género, que logra inquietar y emocionar sin resultar pretencioso. Una pequeña joya, sencilla y tremedamente efectiva.
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31/3/09

Lección magistral de thriller

Collateral (Michael Mann, 2004)


Aunque el personaje de Javier Bardem en Collateral, el narcotraficante mexicano Félix Reyes Torreno, prolonga la senda del topicazo del actor latino en Hollywood (senda que siguieron antes y después Jordi Mollà y Luis Tosar), ¿quién hubiera podido resistirse a un guión como el de Stuart Beattie, y a un planteamiento como el de Michael Mann? El resultado de ambos elementos es un lujo de film, que confirma el olfato de Bardem a la hora de elegir su debut en la meca del Cine.



Collateral no es una película de acción más. Es una obra maestra del genero, sin resultar estridente ni pretenciosa. Entra suave como un buen licor y calienta lo justo para mantenerte en tensión durante todo el metraje. Y es suave, elegante y excitante como la sesión de jazz que presencian, a mitad de film, Vincent y Max.


Como la premisa inicial (un taxista “temporal”, con metas más altas para su futuro, debe transportar, contra su voluntad, a un asesino a sueldo de golpe en golpe, durante una movida noche) resulta tan atractiva y original, el film entra de lleno en la acción desde el primer minuto.


Cada personaje que aparece, desde el principio, es relevante, y la presentación de los mismos se produce mediante diálogos que van aportando una información nada gratuita para el desarrollo del film. Además, desde el primer plano, el director nos sitúa, mediante magistrales vistas aéreas, en lo que será la arena de la acción y una protagonista más del film: la ciudad de Los Ángeles, pocas veces tan bellamente retratada, gracias a una magnifica fotografía digital.


A partir del primer giro en la trama (primer asesinato de Vincent / Cruise) y la aparición del detective Fanning / Ruffalo, la tensión va in crescendo, pero Mann sabe mantenerla con buen pulso, sin necesidad de números piromusicales, tan de moda en el actual cine de acción. Aquí la tensión y la acción no provienen de los tiroteos, de una música estridente (al contrario, la banda sonora resulta elegante y perfectamente complementaria), ni de una planificación veloz y deslumbrante, sino que nace del interior de unos personajes perfectamente delimitados y expuestos a situaciones límite, como sucede cuando el taxi, que transporta el primer cadáver en el maletero, es inmovilizado por dos agentes de policía.


El personaje protagonista, Max, resulta tan creíble, tan humano, que la identificación con él es inmediata. Es simplemente un hombre corriente, con sus sueños y sus problemas familiares, que se ve sumergido por una noche al mundo del crímen, algo que le aterra y le asquea. Por ello, Vincent (una gran oportunidad para ver un registro completamente nuevo de Tom Cruise, tanto a nivel interpretativo como de caracterización), mediante unos diálogos magistrales, intenta hacerle comprender su filosofía vital, tan fría como el metal y tan desengañada. Pero en el fondo, podemos acertar a ver el corazón de ese cínico asesino a sueldo, que en el fondo acaba apreciando y respetando a Max por sus valores y su valentía.


Eso sí, cuando los disparos son necesarios, los hay, y Mann los filma con una planificación sencilla y carente de artificio. Pero ese look digital de todo el film les confiere a estas escenas una sensación (aunque parezca un contrasentido) entre la cercanía total y el videojuego. Vean si no cuando Vincent ejecuta a los dos ladronzuelos de su maletín, y juzguen ustedes mismos. A mi me parece impresionante.


El tiroteo puro y duro, casi necesario de cara a la galería, se produce en esa trepidante escena en el selecto disco-club, hacia el segundo tercio de la película. Quizá peca en este tramo de esos “pegotes” de los que tanto adolecen incluso las grandes películas de acción: parece, como mínimo sospechoso que el hasta el momento cauto Vincent, salga indemne del local, que incluso tenga tiempo de cambiar el cargador de su pistola para ajusticiar al mafiosillo de turno, a cara descubierta, delante de cientos de personas, y se vaya de rositas, por mucho que aproveche el desconcierto general. Una cosa es que, como dice el asesino (y experimenta en sus propias carnes al final) “un tipo coge el metro en Los Ángeles, se muere, y su cadáver va paseándose todo el día sin que nadie se de (o quiera darse) cuenta”, y otra muy distinta que uno pueda ir por ahí pegando tiros a diestro y siniestro en un local atestado de gente y salir casi andando.


Pero incluso en esa escena, “fantasmadas” aparte, la coreografía de música (fantástico tema de Paul Oakenfold), luces y disparos es espectacular. Además, tiene otro detalle que me gusta: huyendo de la estructura del relato clásico, aunque que hasta ese momento habíamos seguido también la peripecia del detective Fanning, Vincent se lo “ventila” sin más, sin importarle que el espectador ya le haya cogido cierto cariño al personaje y espere algo más de él. Y no se detiene ni un segundo a lamentar su muerte. Algo así sucedía también en Elephant (Gus van Sant, 2003): mostrar los antecedentes, las motivaciones de un personaje, buscar la identificación del público con él, y luego eliminarlo sin mayor gloria. Como se queja Max / Foxx a Vincent: “ese tipo también tendría mujer e hijos”, pero ese giro inesperado resulta real y cruel como la vida misma. Y la acción sigue.


Es quizá esa crueldad extrema la que motiva a Max a darle un ultimo volantazo al guión, dando el empujón definitivo a la historia hacia un final de infarto contenido, con una secuencia magistral como la del bloque de oficinas a oscuras, que ralla el límite con el cine de suspense.


En definitiva, lección de thriller en estado puro, que echa mano de la escuadra y el cartabón para diseñar un guión sencillo pero magistral, repleto de reflexiones interesantísimas, y del cuentagotas para dosificar la tensión como sólo los maestros saben hacerlo. Imprescindible.

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17/10/08

Segundo guión colgado: "Arma Blanca"

Acabo de colgar en esta página (sección "Mis guiones", a la derecha) mi segundo guión. "Arma Blanca" es una de las primeras historias que escribí. Originalmente, se trataba de un cómic, que presenté a un concurso en Sant Boi, en 2001. Luego pensé que la historia era muy cinematográfica, y que daba perfectamente para un corto.

"Verano del 2010, una ola de calor sofocante recorre la ciudad. Un jóven cartero debe entregar un paquete en una dirección situada en el extrarradio. En su trayecto desde el centro hasta las afueras, además del calor aplastante, se encontrará con varios obstáculos que harán peligrar su "misión". Mientrás, la radio habla de un asesino en serie que está actuando precisamente en el extrarradio..."

Parece que por fin (y cruzo los dedos), podré llegar a grabar en los próximos meses esta historia que me acompaña ya desde hace años, y cuyo guión he retocado varias veces (merced a los sabios consejos, entre otros, de Javi Rueda), hasta esta "penúltima" versión. Podeis descargarlo desde el enlace adjunto. Espero que os guste.
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"Embrión", primer largometraje de AVED

Ayer tuve la oportunidad de charlar durante unas horas con mi buen colega Javier Rueda, presidente de AVED (Producciones Audiovisuales y Periodismo Cinematográfico), que acaba de estrenar su primer largometraje, en el que él actúa como productor y director de fotografía. Se trata de "Embrión", opera prima también de su director, Gonzalo López, y cuyo el estreno tuvo lugar hace apenas unas semanas en el Festival de Sitges’08.

“Embrión”, según se puede leer en su sinopsis, se inspira en el film “The Embryo hunts in secret” (1966), del director japonés Koji Wakamatsu. Carlos liga una noche con Jenny, y la lleva a su casa. Lo que Jenny no sabe es que Carlos tiene intención de retenerla e inquietantes planes...


"Las clásicas pulsiones entre sexo, deseo y violencia del director nipón se dan cita en esta película de Gonzalo López, cuya parquedad de medios establece un diálogo con la serie B del film en el que se inspira" (Web Festival Sitges'08).


Según Javi Rueda, el director Gonzalo López y él se conocieron en Sitges’05 (donde un servidor colaboró como voluntario – algún os día explicaré la experiencia – y donde también yo conocí a Javi), como parte del jurado joven del festival. Al parecer, conectaron creativamente, y cuando volvieron a encontrarse en Sitges’07, Gonzalo le presentó el guión de “Embrión”. Javi, que con AVED ha colaborado de alguna u otra forma en infinidad de proyectos varios y cortometrajes, se sintió atraído por la historia y pensó que merecía la pena embarcarse en su primer largometraje. Dicho y hecho, en apenas un año y medio y con 15.000 euros, el presupuesto más bajo de todas las películas que competían en el festival.

Entre otros factores, Javi confiesa que lo que le atrajo del guión de Embrión fue que, pese a ser una historia "con mucho discurso", con prácticamente dos personajes y que transcurre prácticamente en un solo interior, "era muy visual". Según su productor, “Embrión” plantea cuestiones profundas de carater vital, e incluso políticas, utilizando el vehículo del sexo y la violencia, a veces explícitos.

Ahora, conseguido el éxito de estrenar en Sitges, queda el reto de lograr estrenar en salas comerciales. Javi asume que no será fácil, por los elementos que caracterizan al film: su bajísimo presupuesto, sus pocas localizaciones y su apuesta por la textura video. “La gente dice que es una película muy blanca, muy luminosa, pero ese es un efecto que buscábamos. Ni a Gonzalo como director, ni por extensión a mí, nos interesaba una imagen muy contrastada, muy cinematográfica”.

Ya estoy esperando poder verla para hacer la crítica... ;-)
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29/7/08

El Incidente: más de lo mismo y peor








Título original: “The Happening
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Productores: M. Night Shyamalan, Sam Mercer y Barry Mendel
Música: James Newton Howard
Fotografia: Tak Fujimoto
Año: 2008
Duración: 90 min.
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Mark Whalberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sánchez

Mientras un extraño fenómeno está afectando a la población de Nueva York, y se propaga por la costa este de Estados Unidos, se produce un éxodo masivo hacia la salvación. Entre la multitud desesperada viajan el profesor de ciencias Elliot Moore (Mark Wahlberg), junto con su mujer (Zooey Deschanel), su compañero (John Leguizamo) y la hija de este (Ashlyn Sanchez). En su huida desesperada, Elliot intentará aplicar sus conocimientos científicos para entender lo que está sucediendo, además de intentar salvar el difícil momento de su matrimonio.

“El Incidente” (mejorable traducción del inglés “The Happening”) pretende ser inquietante desde su vago título. Realmente, cuando acaba el film no sabemos mucho más sobre el tal incidente, suceso o fenómeno, lo cual (por mucho que les pese a aquellos que necesitan una explicación para todo) me parece un acierto. Lo que sucede es que esta película ya la habíamos visto antes: se llamaba “Señales”, era del mismo director, y era infinitamente mejor.

En efecto, lo que allí era una (supuesta) invasión alienígena, aquí es un (supuesto) virus o reacción química o vaya usted a saber, que hace que las personas se comporten de forma destructiva. Esa vaguedad en las premisas iniciales siempre me ha parecido tremendamente acertada, y es muy propia de Shyamalan, quien prefiere mostrar lo que está sucediendo con cuentagotas, y aportar el grueso de la información mediante la radio, la televisión, o conversaciones telefónicas, videos, comentarios, etc. Es decir, más que ver lo que está pasando ahí afuera, se nos cuenta. Si lo pensamos bien, los grandes sucesos modernos que afectan a toda la Humanidad (p.e., la llegada del hombre a la Luna o el 11-S) los vivimos en nuestro hogar, y nos llegan mediante inputs de información muy variados y a veces contradictorios, que generan confusión, histeria, rumores, tópicos, leyendas, etc. Shyamalan siempre coloca la cámara delante del individuo, mientras afuera el mundo se acaba, porque le interesa más el efecto del suceso en el individuo confundido y desinformado que el suceso en sí, o que la histeria colectiva y la fanfarria de explosiones, gritos y carreras. No hay nada más terrorífico que encuadrar la mirada de alguien que mira algo terrorífico, dejando ese algo off camera. Eso es el terror psicológico.

Ahora bien, “El Incidente” recuerda demasiado a “Señales”, da toda la sensación de que el director se repite a sí mismo. Y lo que es peor, la historia carece de la fuerza de aquella (el personaje de Alma, la mujer de Moore, no aporta nada, y la crisis de la pareja resulta un tanto ridícula), Shymalan parece haber perdido el pulso y la tensión (a veces parece que intenta mantenerla mediante el melodrama lacrimógeno típicamente americano), y además hay escenas que parecen forzadas (¿es necesario y creíble que una madre que está hablando con su hija en peligro conecte el altavoz del móvil para que todos oigamos a la niña posesa?) o simplemente calcadas de “Señales” (¿el video del zoo de esta no os recuerda al de la fiesta de cumpleaños en Brasil de aquella?).

En resumen, “El Incidente” abunda, sin aportar nada, en el interesante estilo (con toques hitchcockianos) de Shyamalan, a quien habría que reconocerle al menos su particular e inquietante visión del suspense (aparte de “Señales”, “El Bosque” me parece magnífica). Sin embargo, su último film huele a cerrado, y bien le convendría a su director un poco de aire fresco, por ejemplo fuera de la maquinaria industrial y repetitiva de Hollywood, de sus paranoias post 11-S y de sus manidas lecciones religioso-morales sobre el valor, la familia, etc.
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28/7/08

Death Proof: extraño híbrido tarantinesco

Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Productores: Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, Erica Steinberg, Elisabeth Avellán
Fotografía: Quentin Tarantino
Montaje: Sally Menke
Vestuari: Nina Proctor
Duración: 114 min.
Año: 2007
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Kurt Russell, Sidney T. Poitier, Vanessa Ferlito, Rose McGowan, Tracey Thoms, Rosario Dawson, Zoe Bell

Como autor de culto que es, cualquier película de Tarantino se presta a un doble análisis: como película en sí misma o como una pieza dentro de su filmografía. Sin embargo, puesto que, sin ser totalmente profano en la materia, tampoco soy un gran entendido en cine tarantinesco, sería pretencioso y falaz redactar aquí una tesis sobre en qué estrato de su obra se sitúa su último film, así que intentaré analizar "Death Proof" como obra individual. La tarea no es fácil, porque cada pieza de la filmografía de Tarantino comparte con las demás tantos referentes que, en cierto modo, acaba perdiendo entidad en sí misma.

Y es que, a poco que hayamos visto simplemente "Pulp Fiction" o "Jackie Brown", sería fácil identificar ya desde el primer plano del filme (esos pies de mujer con las uñas pintadas, sobre el salpicadero de un coche), que estamos ante una película de Quentin Tarantino. La escena que abre el film es otra de esas de manual tarantinesco: una larguísima conversación en la que se van solapando diálogos ingeniosos (por cierto, ¿alguien puede contar las veces que se dice fuck o fucking?) que, sin embargo apenas tendrán relevancia en la futura trama. Es decir, Vincent y Jules discutiendo sobre cuartos de libra o masajes en los pies (los pies femeninos, ese fetiche recurrente) mientras se dirigen a ajusticiar a unos pobres desgraciados. Esto sucedía hace 13 años en la genial "Pulp Fiction" (1994), pero el bueno de Tarantino se empeña en repetirse una vez tras otra.


Precisamente Pulp Fiction (en mi opinión, junto a "Reservoir Dogs", sus mejores películas y las más frescas) revolucionó las estructuras narrativas clásicas, y desde entonces Tarantino ha hecho de ello otra de sus señas de identidad. Es por ello que "Death Proof", más que en un planteamiento, nudo y desenlace, se estructura en dos capítulos: el primero es oscuro, misterioso, tiene mucho estilo y contiene también muchos guiños al ideario tarantinesco: el homenaje a los dobles y a la serie B setentera norteamericana, ese lap dance (impresionante esa belleza de rasgos duros llamada Vanessa Ferlito) que tanto recuerda al mítico baile de Salma Hayek en "Abierto hasta el Amanecer", etc. Aquí se nos presenta a Mike “el Doble”, un tipo peculiar y misterioso que luego resulta ser un psicópata del volante. Interesantísimo, terrorífico y cautivador personaje interpretado genialmente por un maduro y desgastado Kurt Russell, en lo que es el capítulo tétrico del film.

La segunda parte de la historia es más colorida y lúdica, y a mi entender carece de la fuerza y el dramatismo de la primera. Es aquí donde "Death Proof" comienza a perder fuelle. Aquí apenas hay misterio, y la única tensión proviene de una larguísima y trepidante escena de persecución sobre ruedas (continúa el homenaje a los dobles y a los coches, e incluso me atrevería a decir que a… ¿"Mad Max"?), en la que el otrora temible Mike “el Doble” acaba siendo un patético loco del volante que da con la horma de su zapato, y la historia del cazador cazado acaba con un festín de violencia gratuita muy al estilo Kill Bill.

En fin, una ensalada de chicas atractivas e irreverentes, y potentes coches. Una primera hora de homenaje, quizá el menos disimulado, a los referentes setenteros del director, que se tuerce después hacia una segunda parte tremendamente decepcionante, con un cierre tan delirante (y falto de todo estilo) que sólo podría permitirselo alguien como Tarantino.
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