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9/5/13

"La mula" llega a los cines sin Radford a bordo



En Septiembre de 2009 comenzaba en Córdoba, el rodaje de ‘La Mula’, la adaptación que Michael Radford (‘El cartero y Pablo Neruda’, ‘El mercader de Venecia’) se disponía a hacer del libro homónimo del escritor jienense Juan Eslava Castro. Nada parecía presagiar entonces los innumerables problemas entre Radford y la parte española de la producción, Gheko, la productora de Alejandra Frade, que acabaron con Radford desertando del rodaje y renunciando a firmar guión y dirección del film. Finalmente, el rodaje tuvo que terminarlo otro director contratado por la productora española.

La historia nos habla del cabo Juan Castro, un “mulero” traspasado por despecho al bando nacional de la Guerra Civil, combate sin demasiado afán ni ideales. Un día se encuentra una bonita mula blanca que arrastra el cadáver de un combatiente republicano. Con la misma facilidad que la guerra separaba familias y amigos, Juan decide cambiar de bando a Valentina (como así la bautiza) y adoptarla. En estas está Juan cuando conoce a Conchi (María Valverde), una hermosa joven católica del pueblo durante un baile. Mientras la corteja, y la guerra agoniza, Juan hace planes de futuro junto a Velantina y Conchi, llevando una vida sencilla en su quintería cuando acabe la contienda.


‘La mula’ es, ante todo, un entrañable y divertido alegato antibelicista, valiente además por situarse en el bando nacional para, huyendo de maniqueísmos panfletarios, mostrar la barbarie desde un punto de vista desmitificador (la genial escena de entrada, una mezcla de Berlanga y ‘Salvar al soldado Ryan’) y el sinsentido que la guerra representaba para gentes sencillas de ideales prosaicos como Juan Castro. Valentina, la mula que se convierte en motivo de lucha y de ilusión para Juan, se antoja una metáfora de la sencillez, de la humildad, del trabajo y la subsistencia, que era lo único que importaba a muchas personas durante la guerra. Otra potente imagen de gran consonancia es la de los campesinos mirando el zepelín nazi que sobrevuela su campos, cual ovni en plena invasión alienígena, incapaces de comprender cómo algo tan grande puede mantenerse en el aire.

Con un gran elenco de actores, entre los que Mario Casas y María Valverde (cuyo romance, al parecer, comenzó en el rodaje) son los ganchos más destacados, ‘La mula’ avanza sobre un guión muy bien trenzado, donde (sin haber leído la novela) se adivina la mano ‘americana’ del británico Radford. El film combina bien los momentos dramáticos y cargados de significado (la elección del bando por despecho, la lealtad de los amigos separados por la guerra, el alférez que no se atreve a cambiarse de lado) con la simpática comedia (el momento del obispo sobre la mula), a lo que ayuda la presencia de Secun de la Rosa (‘Días de fútbol), un habitual del género.

El film se estrena por fin el 10 de Mayo, tras haber estado paralizada su distribución por el conflicto entre Radford y los productores españoles. ‘La mula’ compitió en Málaga, donde Mario Casas recogió la Biznaga de Oro al mejor actor, un premio quizá algo excesivo, pese a su correcta interpretación y su esfuerzo por hablar con acento andaluz. Casa entró en la producción tras renunciar Oscar Jaenada.

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12/2/13

Hichcock (2012): una mirada al universo Hitchcock más juguetona que profunda


Al igual que el ‘Lincoln’ de Spielberg, el esperado film de Sacha Gervasi (su debut en largometraje, tras el exitoso documental 'Anvil'), se centra en un momento crucial en la biografía del personaje que retrata. ‘Hitchcock’ muestra al maestro del suspense y su relación con su esposa durante el rodaje de su obra maestra ‘Psicosis’. De hecho, adapta libremente el libro 'AlfredHitchcock and the making of Psicho', de Stephen Rebello. La adaptación corre a cargo de John McLaughlin, coguionista de ‘Cisne Negro’.

El film nos muestra a un Hitchcock en la cima de su carrera (la película empieza en 1959, en el estreno de 'Con la muerte en los talones'), pero con la sensación de haberse dejado encasillar. “Me han metido en un ataúd, y ahora quieren clavar la tapa”, dice, saliendo de los estudios. 'Hitch' tiene la férrea voluntad de reinventarse a sí mismo y por ello se empeña en adaptar, para sorpresa de todos, el escabroso libro de Robert Bloch 'Psycho', inspirado en el mítico asesino Ed Gein (semilla, pues, de Norman Bates, aquí interpretado por un muy parecido James D'Arcy). O sea, estamos ante la adaptación cinematográfica de un libro sobre la adaptación al cine de otro libro, inspirado a su vez en un personaje real que sirvió de inspiración para géneros como el de los asesinos en serie o el slasher (por ejemplo, "La matanza de Texas", Tobe Hooper, 1974). Toma retruécano.

El actor elegido para dar vida a Hitchcock es otro peso pesado británico como Anthony Hopkins. Como Day-Lewis en ‘Lincoln’, Hopkins se funde con Hitchcock hasta desaparecer bajo el aparatoso maquillaje (nominado al Oscar, junto con el vestuario). Hopkins recrea magistralmente la figura (su silueta, su típica pose), pero el parecido no es excesivo, y más bien da la sensación de que estamos ante una caracterización paródica a lo 'Polonia'. Juzguen ustedes mismos:


Igualmente esperada era la presencia de la diva Scarlett Johansson para interpretar a Janet Leigh, aunque cabe decir que su personaje es secundario, apenas tiene un peso específico en la historia, y el film más bien muestra su buena relación con Hitchcock durante el rodaje, a pesar de la tendencia del director a controlar a sus actrices principales.
Además de centrarse en el rodaje de ‘Psicosis’, ‘Hitchcock’ aporta nuevos ángulos a la conocida leyenda del maestro del suspense, al rendir homenaje a su esposa Alma Reville (Helen Mirren como casi siempre, espléndida), la gran mujer tras el gran hombre. Otro enfoque tan libre como curioso es el paralelismo entre el mismo Ed Gein y Hitchcock, mediante unas visiones que el director sufre debido a su obsesión con la historia y el estrés causado por el rodaje. Las visiones, y su inestabilidad emocional se agravan debido a las dificultades del rodaje (o las imposiciones de la censura), pero sobre todo por sus sospechas de un supuesto affair de su esposa con Whitfield Cook (Danny Huston), guionista de ‘Alarma en el expreso', descrito aquí como un mujeriego sin demasiado talento.

 "Churri, mira que te pones pasado cuando te da por hacer una obra maestra"

Sin embargo, Gervasi no hace una introspección profunda en la mente del genio o en el proceso creativo de ‘Psicosis’, ni un ejercicio de fetichismo alrededor del icónico film de 1960 (apenas vemos la mansión, por ejemplo). Aunque también se dejan caer algunas perlas, como cuando Leigh / Johansson se refiere a Hitchcock como “adorable, comparado con Orson Welles” (que la dirigió en “Sed de mal”), cuando se insinua la (conveniente, para su personaje) homosexualidad de Anthony Perkins, o cuando muestra la tirante relación de Hitchcock con Vera Miles (Jessica Biel).

A pesar de la solemnidad de su figura central, Gervasi ha preferido centrarse en su perfil más guasón y popular, como demuestran los discursos de introducción y cierre de 'Hitch', en clara alusión a la serie televisiva 'Alfred Hitchcock presents...' (1955 -62). ‘Hitchcock’ es más bien una comedia de buen ritmo, ligera y entretenida, con una puesta en escena juguetona, con cierto aire de pequeña película, que tiene más de interpretación dramatizada y provocadora (la licencia que se toma para recrear la mítica escena de la ducha, Hitchcock espiando a Vera Miles por el mismo agujero que Norman Bates espía a Marion) que de sobria biografía.

A pesar de ser muy disfrutable, la (icónica) sombra de Hitchcock es inevitablemente mucho más grande que este film, y habrá quien piense que el maestro del suspense merecía un acercamiento más arriesgado y menos superficial.
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27/1/13

Las ventajas de ser un marginado (2012): interesante y nostálgico drama adolescente

 

“Las ventajas de ser un marginado” ('The perks of being a wallflower') se basa en el libro del mismo nombre, que su autor, Stephen Chbosky adapta al cine y dirige. Charlie, el protagonista, es el marginado en cuestión, hasta que, tras sus primeros y sufridos días de instituto, conoce a dos hermanastros igual de outsiders que el, pero más molones. Ellos le introducen en la “buena música", las fiestas, la droga y la amistad verdadera. Patrick es rematadamente gay, y Sam, claro está, acabará conviertiéndose en el amor platónico de Charlie.

De entrada, y aunque es una de esas pelis que caen simpáticas, he de decir que la historia se apoya en esa falacia (convertida en lugar común del cine y la sociedad del siglo XXI) de que ser diferente, ser un misfit, mola mogollón. Los protagonistas se consideran a sí mismos “juguetes rotos”. Eso sí, son juguetes guapos (Emma Watson, esa cosita encantadora), cools y adorables. Pero ya se sabe, ahora lo que se lleva es ir de outsider, ser diferente, aunque todo el mundo sea igual de diferente. Seamos honestos, ser un marginado sólo tiene ventajas si es en grupito y lo pasas guay de fiesta en fiesta. Pero entonces, eso no es ser un marginado. 
 
Marginados, pero molones hasta decir basta.
 
Casi más dramática que cómica. En fin, moralinas aparte, el film es una mezcla extraña entre comedia de instituto y drama de adolescencia con protagonista atormentado que en algún momento recuerda al Timothy Hutton de ‘Gente Corriente’ (Roberto Redford, 1980), aunque en honor a la verdad hay que decir que pesa más lo primero, también es cierto que tiene un cierto poso amargo. Como peli de instituto es más madura (y los protas menos hostiables) de lo que podríamos pensar a priori. De hecho, no estamos ante un film adolescente al uso. El target es un espectador más crecidito y nostálgico de su adolescencia. De ahí, quizá, el poso amargo.

Un sutil ejercicio de nostalgia. Sin duda uno de los puntos destacables es su ambientación atemporal. Los personajes visten de forma más o menos actual, pero llama la atención que intercambian mixtapes (cintas de cassette con recopilaciones grabadas por uno mismo, ¡yo de esas hice unas cuantas!) o singles de vinilo. Además, la banda sonora (en lugar de a Kesha o Taylor Swift) remite al rock de los 70 o incluso al pop de los 80 y hay un homenaje a esa obra de culto que es ‘The Rocky Horror Picture Show’. Pero no, no estamos ante un popurrí melancólico, esto no es American Graffitti. Entre otras cosas, por que tampoco queda muy claro en que época se sitúa la acción. A Chbosky le importa más la historia que la ambientación, que casi resulta invisible. Por eso quizá se nos pueda escapar que (como me hizo notar Monidala) en ningún momento aparecen ni móviles ni ordenadores, ni Internet. Es como si Chbosky hubiese pensado que esa historia (al igual que la adolescencia de los que pasamos de los 30) hubiera sido imposible entre nativos digitales.
 
"Charlie, si quieres podemos ser follamigos. O mejor, ¿nos montamos un trio?"

Crudeza y profundidad. En un momento de la película, en plena fiesta en casa de la Sam (Emma Watson), Charlie y ella están en su cuarto. Es uno de esos momentos en los que sabes que por fin se van a declarar su amor, y se van a besar. Entonces ella le confiesa que su primer beso fue con un amigo de su padre, y que desde bien jovencita se acostaba con tipos más mayores que ella. Charlie, claro, flipa. Y acaban diciendose “I love you”, pero es un “te quiero” doloroso, y no queda muy claro si es en plan amor o en plan amigo. Esta escena es un buen ejemplo del tono de la película, de cómo cada vez que parece ir directa a estrellarse con el tópico (las novatadas en el instituto, el gay alocado, simpático y leal amigo del protagonista), finalmente lo bordea, haciendo gala de una profundidad, una crudeza y una verdad poco usual en este tipo de películas, lo que hace uno se la puede tomar extrañamente en serio. Otro punto a favor es que no abusa del subrayado, y algunas situaciones (el trauma de Charlie) simplemente se dan a entender sin remarcarlas en exceso.
 
Los jóvenes actores soportan el peso dramático de la historia más que bien, con mención especial para Ezra Miller, que interpreta a Patrick, uno de esos secundarios roba escenas. Y Emma Watson ... qué decir de Emma Watson (por cierto, ¿no se parece a Mena Suvari)? Con su pelito corto a lo garçon y sus rasgos algo masculinos, esta niña es tan guapa que duele mirarla. Pero en fin, ya paro, que podría ser mi sobrina.
 
¿¿Perrrdona?? "¿Rasgos masculinos"? O sea, ¿me acabas de llamar "machorra"?

Una peli realmente interesante. El problema de “Perks…”, quizá, es que se quede en tierra de nadie: que su público objetivo no vaya a verla por considerarla otra peli de adolescentes, y que la generación whattsapp salga decepcionada porque les parezca demasiado naïf, rara y porque no hay petardeo ni macrofiestas.



 
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22/1/13

La banda Picasso (2012): el 'robobo' de la Gioconda


En primer lugar, un consejo: si habéis olvidado ya las clases de Historia del Arte, poneos al día antes de verla. Buscad en la Wikipedia “Pablo Picasso” y “Robo de la Gioconda”. De lo contrario, os veréis arrojados a un universo bohemio de relaciones y de referencias que no sabréis apreciar, porque, entre otras cosas, Colomo es incapaz de introducirnos en él, de presentarlo de una forma comprensible y entretenida. Se da demasiado por supuesto. Pero tranquis, que yo os lo explico.

En 1911, Pablo Picasso y su amigo Guillaume Apollinaire fueron acusados como cómplices del robo de la Gioconda del Museo del Louvre. Las sospechas se basaron en su costumbre de comprar objetos robados del museo por Gery Pieret, un aventurero un amigo de Apollinaire, a quien la policía creía también autor del robo de la Gioconda. Varios años mas tarde, fue detenido el auténtico autor del robo, el italiano Vicenzo Peruggia, un guardia de seguridad del museo que alegó haberla robado para devolverla a su país, aunque parece ser que los motivos reales eran menos patrióticos.

Este hecho sirve de arranque, y de excusa (barata) para retratar a un joven Picasso (interpretado por el semidesconocido Ignacio Mateos) en sus primeros años en Francia, y sus correrías junto a los poetas Apollinaire, Max Jacob y el escultor catalán Manolo Hugué (Jordi Vilches). También se pasean por la historia Fernande, su primer amor, Georges Braque (impulsor junto a Picasso del cubismo), o Henri Matisse, con quien Picasso mantuvo cierta rivalidad.

Colomo reconoce que la versión final del guión está construida por sustracción, es decir, eliminando cosas de las primeras versiones por que no podía incluirlo todo en el metraje. Y se nota. El guión carece de una unidad narrativa, y se dedica a seguir, a la deriva, los hechos de aquel periodo de la biografía de Picasso (su amistad con Apollinaire, el retrato de Gertrude Stein, la ruptura que supuso “Las señoritas de Avignon”, el encuentro con Braque, el robo de la Gioconda, etc.) en un pastiche narrativo à la Colomó que se bifurca continuamente en múltiples líneas a medida que se van añadiendo personajes y hechos sin que la historia acabe nunca de arrancar en ninguna de las direcciones. Una hora de película y uno aun no sabe muy bien de que va, cual es el conflicto, cual es la historia. El robo de la Gioconda no sucede hasta el cabo de una hora aproximadamente. Hasta entonces, idas y venidas de personajes y correrías varias sin objetivo claro ni, por tanto, interés.

 "Uhm...esa Gioconda me está mirando mal...¿nos la pinchamos?"

El film nunca acaba de encontrar un tono, ni qué historia nos quiere contar: como comedia alrededor de la figura del genio no es “Shakespeare in love” (John Madden, 1998), y tampoco funciona como acercamiento dramático al pintor y su fascinante personalidad (tan genial como insoportable, al parecer). Ni siquiera es una película de robos: el robo de la Gioconda queda reducido a un mero ¿McGuffin?, a un gancho comercial sin un peso central en la historia. “La banda Picasso” se acaba quedando en una comedieta ligera sin chicha ni limoná. El Picasso de Colomo resulta un Picasso de comedieta, totalmente olvidable. Su reacción final (spoiler), desentendiéndose de Apollinaire, más que humana,  resulta incomprensible, miserable, por que tras tanta correría de bodevil barato, nos damos cuenta de que no conocemos al personaje, de que no podemos comprenderlo. Por que aunque Colomo se ciña a la realidad de lo sucedido, hay muy poca verdad cinematográfica en su Picasso.

Lo de rodar en un descarado digital una historia como esta también resulta bastante inexplicable. Parece mentira que detrás de la fotografía plana y poco contrastada esté el gran José Luis Alcaine. Y qué decir de la dirección de arte y el vestuario (nominado al Goya, supongo que por reconocer el esfuerzo de documentación y confección), dignos de cualquier capítulo de “Amar en tiempos revueltos”. Todo es tan de cartón piedra, falto de textura, de vida... En fin, lo de la ambientación histórica en el cine y las series españolas da para otro post.

Quizá Fernando Colomo haya inventado un nuevo movimiento cinematográfico, y su nueva película sea un hito como lo fue “Las señoritas de Avignon” para la pintura del siglo XX. Quizá yo sea demasiado obtuso para entender la grandeza de su nuevo film. Porque me siento igual que los primeros artistas y críticos que vieron el atrevido cuadro de Picasso por primera vez: no entiendo nada. Pero debo de ser yo.
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14/1/12

Preestreno "Los descendientes" (2011): Payne y Clooney nos traen un film de grandes emociones en clave menor


Mucho había leído sobre 'Los descendientes', mucho y bueno. Y la verdad es que, afortunadamente, el nuevo filme de Alexander Payne ('Entre copas'), adaptación de la novela homónima de Kaui Hart Hemmings, no me ha defraudado en absoluto.

Tras un accidente en moto acuática, Elisabeth, la mujer de Matt King (George Clooney), queda en coma irreversible, y los médicos comunican a Matt que deben desenchufarla de forma inminente de las máquinas que la mantiene con vida. Matt tendrá que lidiar con la trágica situación desde varios frentes, que a la vez remiten a las distintos actos del film: sustituyendo a su esposa y ejerciendo de padre “de repuesto” (no pasaba mucho tiempo con su familia debido a su trabajo de abogado), y logrando hacerse con sus dos hijas; tratando de asumir el descubrimiento de la infidelidad de su mujer en coma y gestionando sus emociones al respecto; y afrontando la venta por imperativo legal de unos terrenos heredados que pertenecieron a sus ancestros. Estos tres frentes, estos tres conflictos, se potencian unos a otros, alimentándose en cadena: la revelación por parte de su hija de la infidelidad de su madre marca un punto de inflexión en la relación padre-hija. A su vez, el resultado del viaje (interior y exterior) que emprenden entonces Matt y sus hijas para descubrir la verdad de su esposa, repercute en su decisión final, ya en el último acto, sobre las tierras. 

Payne dirige sin estridencias, pero sin complejos (con un uso irregular e interesado de recursos como cortinillas, voz en off o mapas) un relato esencialmente amable, donde predomina el buenismo de la mayoría de los personajes, empezando por el protagonista, Matt King (genial Clooney directo al Oscar, en un registro más vulnerable que de costumbre), un 'santo job' que nunca pierde la paciencia e intenta hacer siempre lo correcto, y que es capaz finalmente de asumir la dolorosa verdad con entereza y dignidad. Tal personaje, que en otras manos hubiese podido parecer demasiado perfecto y plano, demasiado soso, gracias a Payne y sobre todo a Clooney, resulta tremendamente humano. Como humanos, redondos y más o menos dignos resultan todos los demás personajes (desde la hija mayor hasta incluso los más susceptibles de resultar abyectos) pues la visión del director es tan comprensiva y compasiva como el propio protagonista


“Los descendientes” toca grandes temas como la muerte de un ser querido o el adulterio, en clave menor y ritmo relajado, sin sobresaltos, sin grandes giros de guión, manteniendo en todo momento un tono entre el drama y la comedia, “atmósfera narrativa” complicada, que consigue alternando momentos de drama, (filmados con delicadeza y sin caer nunca en melodramático), como la revelación de la infidelidad de la esposa de Matt, por parte de su hija, con alivios cómicos que relajan la tensión (Matt corriendo patético a casa de sus amigos), para volver a aumentarla de nuevo, cuando el protagonista, en una memorable escena, intenta sacarles a sus amigos el nombre del tipo con quien su mujer le engañaba. No es que Payne invente esa atmósfera narrativa, que recuerda a la de producciones como las geniales 'American Beauty' (que sin embargo tiene una mordacidad y una acidez de las que carece la cinta de Payne) o incluso las primeras temporadas de 'Breaking Bad', serie que también toca las misma cuestiones de la enfermedad terminal o el adulterio en una clave parecida (aunque menos realista y más oscura, entre el thriller y el humor negro). Y sin embargo, ese tono de tragicomedia honesta y realista resulta un gran acierto, ya que refleja con gran realismo la propia experiencia vital, pues efectivamente, a menudo en nuestro día a día, drama y comedia se dan la mano. “La propia vida tiene un tono que incluye esos registros diferentes”, afirma Payne. 


Pero lo que hace que “Los descendientes” sea una gran película, en mi opinión, lo que la convierte en un film tremendamente emocionante, es lo que Carlos F. Heredero, en Cuadernos de Cine, llama su “amplitud moral”. Una ambivalencia emocional, opuesta al maniqueísmo (y casi políticamente incorrecta), que permite, por ejemplo, mostrar a King abroncando a su adúltera esposa en coma, o casi deleitándose, de pura rabia, al anunciar a sus amigos la muerte inminente de Elisabeth; arrastrando, en fin, un resentimiento hacia ella durante toda la película, sin por ello dejar de quererla ni un instante. Y es que aquí no hay malos ni buenos, sino conflictos puramente humanos, de sentimientos, de expectativas, de necesidades

Ambientada (como si se tratase de una metáfora de su propia gama cromática) en un Hawaii diferente, más urbano y real, sin renunciar a la postal turística en las escenas de la playa, “Los descendientes” es una película honesta y reconfortante, de apariencia sencilla e interior complejo, un notable film que sólo flojea algo (en mi opinión) en su clímax, justo cuando la hasta entonces equilibrada balanza dramática se inclina mínimamente hacia lo lacrimógeno, perdiendo parte de su fuerza. Un must-see de este año cinematográfico que empieza, que confirma a Alexander Payne como una de las voces más propias (y sin necesidad de alzarla demasiado) del cine americano actual.

"Los descendientes" se estrena en España el 20 de Enero. 
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24/10/11

Presentación de "Chic-cas": humor en femenino


En el marco del Festival de Series de Canal + que antes os comentaba, he estado esta tarde en la presentación de Chic-cas, una comedia en clave feminina que nace de la colaboración entre Paramount Comedy y la compañía teatral Yllana. 

Se trata de una serie de scketches protagonizados por Marta Belenguer, Elena Lombao, Cecilia Solaguren y Paula Galimberti, que combinan el humor cotidiano con la parodia, el absurdo y mucha comedia física. Al contrario del glamour que sugiere su título, y lejos del humor dirigido a mujeres tipo "Sexo en Nueva York", los scketches giran en torno a situaciones cotidianas (normalmente relaciones de pareja) y a personajes femeninos reconocibles y naturales, chicas patosas, alocadas o incluso ridículas. Las actuaciones son geniales, el ritmo en la dirección es bueno, y los scketches han conseguido sacar más de una sincera carcajada al auditorio.



Tras la presentación, ha tenido lugar una distendida charla entre tres de las actrices, el actor Fele Martínez y el conductor del evento, el guionista Natxo López (Aída, 7 vidas), que ha girado básicamente en torno a la cuestión de género en el humor: ¿porque conocemos más cómicos hombres que mujeres? ¿Existe un humor femenino? ¿Es posible un humor unisex? Vean y opinen.
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17/10/11

Mi filmoteca: Días de fútbol (2003)



Como es domingo por la noche, hoy voy a hablaros de futbol. En concreto, de “Días de futbol”, la que es, en mi opinión, una de las mejores comedias españolas modernas.

Escrita y dirigida por David Serrano, guionista de la exitosa “Al otro lado de la cama”, habla de un grupo de amigos en sus middle-treinta (Dios, cuando la ví en el cine eso me quedaba aún lejos…), cuyas vidas son un pozo de miserias. Cuando Antonio (Ernesto Alterio) sale de la carcel, intentará ayudarlos a todos utilizando sus nuevos conocimientos en psicología, y para ello, les propondrá apuntarse a una liga de futbol de barrio como cuando hace años ganaron una copa. El objetivo de Antonio está claro: sus amigos necesitan volver a ganar algo para recuperar la autoestima. En especial Jorge (Alberto San Juan), a quien acaba de dejarle su novia (Natalia Verbeke) tras pedirle matrimonio. 

Alguien dijo que la comedia es verdad + dolor, y “Dias de futbol” es una comedia dramática coral cuya mayor virtud es que es tremendamente amarga, pero tremendamente cómica, completamente disparatada pero completamente real. Lejos de la estilización y de la elegante puesta en escena de "Al otro lado...", Serrano realiza aquí (con parte del mismo grupo de actores) una semblanza de lo chabacano, de lo "tipical spanish", del pasodoble en la boda y la caña en el bar, de las miserias, la existencia gris y los sueños frustrados de la gente de la calle. Quizá por eso, no tuvo el éxito de aquella, porque a una gran parte del público no le gusta ver sus miserias reflejadas en la pantalla. Otro dirán que “es otra españolada”, pero es una españolada consciente de serlo, un fiel retrato hecho a pie de barrio, con mucho cariño y con mucho dolor.

El guión es sublime, de estudiarlo en escuelas, y tiene escenas y diálogos antológicos. Estos últimos captan como nunca antes la voz de la calle, llevándola hasta una hiriente y desternillante caricatura:

-    JORGE: Qué bien huele eso. A ver si te sale socarradito como a mi me gusta.
-    VIOLETA: Sí huele bien, si. Es que Miguel tiene una mano para el sofrito...
-    JORGE: Violeta, ahora que estamos hablando un poco de todo, te quería preguntar por lo que hablamos el otro dia...lo de casarnos, y eso. ¿Te lo has pensao?
-    VIOLETA: Bueno...un poco sí me lo he pensado...pero poco, Jorge, me lo he pensado poco...

Serrano crea un puñado de personajes perfectamente trazados, y les da vida gracias a un amplio reparto en estado de gracia. Alberto San Juan y Ernesto Alterio nunca estuvieron tan bien, porque Jorge, el oficinista gris e hiperresponsable sometido a una presión excesiva, apunto de explotar, y Antonio, el ex presidiario psicólogo, tan impulsivo y violento como entrañable, son dos "caramelos" de personajes. Y cuando los buenos actores (que en España los hay, aunque no sean ni el problema ni la solución) tienen un buen guión con buenos personajes entre las manos rayan a un nivel superior.


En “Días de futbol” hay espacio para la carcajada, para el patetismo, para la amistad verdadera, para la sonrisa amarga (muy amarga), para el romanticismo (las escenas de Antonio con su antigua novia Macarena son de lo más verdadero y bonito que se ha filmado en el cine español, cada vez que las veo no puedo evitar unas lagrimitas…), e incluso para el humor de trazo más grueso (que es, tristemente, lo que la gente suele recordar, como las escenas del cerdo Manolito).

Y es que en esta película todo funciona a la perfección: la puesta en escena, la caracterización de los personajes, el vestuario, las localizaciones (el madrileño barrio de La Elipa), todo va en el sentido de la historia. 

Por gustarme, me gusta hasta un detalle: en la aparentemente disparatada psicología de Antonio hay mucho de cierto, y creo que su plan para ayudar a sus amigos, su particular “terapia futbolística”, es una idea genial, además de un hallazgo fabuloso del guión que asegura momentos desternillantes.

Aparte de San Juan y Alterio, completan el reparto Natalia Verbeke, Roberto Álamo, Natalie Poza, Secun de la Rosa, Pere Ponce, María Esteve, Pilar Castro, Eva Santolaria, y el siempre solvente Fernando Tejero, que se llevó el Goya al mejor actor revelación en su primer papel en cine.

Pues eso, que los que no la hayáis visto, ya estáis tardando, y los que la hayáis visto, revisadla. Yo lo hago cada cierto tiempo y me sigo tronchando y emocionando con esta cuadrilla.
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16/8/11

Después de "Primos", "Amigos". La misma (poca) gracia. El mismo éxito.

¿Qué le pasa al cine español? ¿Y al público? No sé si será cosa del marketing, o de un público cada vez menos exigente, pero resulta que películas como “Primos” o “Amigos” (que no hagan “Hermanos”, por favor), se convierten en supuestos éxitos de público y en “la mejor comedia española del año”. Y servidor no entiende nada. No entiendo las carcajadas del público a mi alrededor, como no las entendía cuando ví la última de Sánchez Arévalo. Porque ni la una ni la otra tiene maldita la gracia. Porque no estoy hablando de tipos de humor, más o menos grosero o inteligente, estoy hablando de humor, así a secas, de su presencia o su ausencia, y la verdad, yo no se lo veo por ningún lado a ninguna de las dos. Pero vayamos con la que me ocupa ahora.
Gamberrada ingenua y blanca sin pizca de gracia, con un ritmo desmayado más cercano a la mencionada “Primos” que a “Airbag”, “Amigos” es tan cómica como su fotografía, inexplicablemente grisácea y mortecina. Ya desde los créditos, se intuye una falta de ritmo y de humor alarmante. La puesta en escena es lamentable, digna de ese medio televisivo que supuestamente pretende parodiar. Por cierto que si alguien esperaba una crítica abierta y ácida al mundo de la televisión, ya se puede ir olvidando, más que nada porque produce “la cadena amiga”.

Sigamos. No hay comedia de situación, ni ritmo cómico, ni sorpresas (salvo por los repetidos e impactantes atropellos, que se pusieron de moda hace tiempo y ya empiezan a cansar), ni una gestión de la información personaje-espectador que favorezca la comedia. Todo el humor se confía a unos diálogos tremendamente flojos y obvios, y hasta extrañamente ingenuos a veces (“Te has pasao…entera”, le dice Alterio a Goya Toledo en un momento del film), y unos gags igual de flojos y fallidos, cuando no simplemente zafios y de un mal gusto irritante, como sucede con la parodia del “caso Farruquito” (bastante desfasada, por cierto).
Y así, entre situaciones absurdas y esperpénticas deshilachadas entre sí, al estilo del peor Torrente y que flirtean, como aquel, con el humor casposo y xenófobo (¿algún peruando en la sala?), el film llega en su tramo final, donde para colmo, nos golpea con una moralina vergonzante, en boca primero de un patriarca gitano al que no sabemos muy bien qué crédito otorgarle, y finalmente de Víctor (Alberto Lozano), el personaje más soso y falto de carisma de toda la función.

Para rematar la faena, el film no sabe ni siquiera morir con dignidad, y ofrece un epílogo, y un giro, y luego un recontragiro absurdo, y al final se suicida con un gag con el que ya se había herido anteriormente.

En fin, entre “poco inspirada” y “de vergüenza ajena”, son muchos los calificativos que se me ocurren. Porque este tipo de películas son las que le dan el mal nombre al cine español, y aun más si les dan premios, como el del público que se llevó en el Festival de Málaga. Así nos luce el pelo.
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6/4/11

Pequeñas mentiras sin importancia: los amigos de Ludo

“Pequeñas mentiras sin importancia” (Les Petits Mouchoirs), película del año en Francia con más de 5 millones de espectadores, nos habla de un grupo de amigos se dispone a pasar, como cada verano, unos días en una casa de la playa. Pero entonces uno de ellos, Ludo, sufre un grave accidente. Finalmente sus amigos deciden mantener su plan, pero los primeros días en la costa estarán marcados por el impacto emocional que ha provocado en ellos el grave estado de salud de su amigo, al que dejan ingresado en un hospital en París.

Sin embargo, pronto cada uno irá centrándose en sus propios problemas, dudas y obsesiones: Max es un neurótico del trabajo incapaz de relajarse, y menos sabiendo que Vincent se siente atraído por él, tras 15 años como amigos. Ninguno de los dos tiene demasiada comunicación con sus parejas, Véro e Isabelle. Eric no anda muy bien con su pareja, Léa, debido a su carácter mujeriego e infantil, lo mismo que Antoine, que está obsesionado con Juliette, su novia de 10 años que le acaba de dejar, y tan solo sabe hablar de ella, mientras espera un mensaje. La que parece más estable, Marie, en el fondo no acaba de asumir ninguna responsabilidad.

El último y extenso film del actor, guionista y director Guillaume Canet tiene un arranque potente que pone los pelos de punta, con el accidente de Ludo. Luego da paso a un primer acto parisino que parece no acabar nunca de arrancar. Lo más interesante comienza cuando llegan a la casa de la playa, lo que supone un paréntesis en la vida de ese grupo de amigos, a los que vamos conociendo mediante sus relaciones. El duro desenlace les hará volver de ese paréntesis y afrontar de nuevo la realidad.

Sin demasiadas coartadas argumentales, Canet parece centrase mas en el mundo interior y en la transformación de sus protagonistas, pero sobre todo en sus relaciones. Algunas situaciones y conflictos sólo se apuntan y apenas son explicados, lo que provoca cierta confusión en algunos pasajes. Predomina la comedia simpática que emana de los personajes, y el tono intimista y natural de las conversaciones. Sin embargo, la narrativa carece de cierto pulso y ritmo, quizá contagiada del asueto propio de los días de verano. Como si intentase corregirlo, Canet aboca el film a un final catártico y lacrimógeno que quizá nos pilla algo desprevenidos, porque no encaja demasiado con el tono del resto del film, pero al que no se le puede negar su efectividad, al ritmo de una fantástica versión de My way interpretada por Nina Simone.

Buenas interpretaciones (destacaría a François Cluzet, Marion Cotillard y Gilles Lellouche), una fotografía plana y sin alardes y una genial banda sonora en inglés entre el soul y el rock conformanun film por momentos entrañable, que respira vida y amistad, y huele a verano, a mar y a salitre, que destaca por la humanidad y familiaridad que desprenden sus personajes.

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12/3/11

El mundo según Barney: vida (y mujeres) de este hombre

A pesar de que el título de esta producción canadiense, El mundo según Barney (Barney’s version), su slogan (“La verdad sobre su vida depende de quien la cuente”) y su sinopsis, hagan hincapié en la cuestión del punto de vista del relato sobre la vida (y mujeres) de este hombre, lo cierto es que la primera película de Richard J. Lewis (director de la serie CSI: Las Vegas) no es precisamente Ciudadano Kane. Bueno, esto es obvio, pero ni siquiera es una versión cómica de Ciudadano Kane. El mundo según Barney juega a otra cosa diferente a lo que promete.

A pesar de las expectativas, y de la supuesta complejidad narrativa del material que maneja, el fiim adolece de una visión más poliédrica sobre la vida de este hombre. En su epidermis, no es más que un relato lineal de la vida de un hombre que se casó con tres mujeres, tuvo dos hijos, y que, como diría Joaquín Sabina, “quiso más a la que más le quiso”. Ni siquiera queda claro que la (única) “voz” del relato sea la de Barney (en la adaptación se descartó la voz en off, aunque en la novela Barney relata su vida).

La supuesta complejidad de la novela de Mordecai Richler se traslada al celuloide resumiendo personajes e incluso, fusionando otros, y otorgando casi todo el protagonismo a la linea narrativa de las relaciones sentimentales y maritales de Barney. Fruto de ello, es el retrato caricaturesco de las dos primeras esposas de Barney, o el hecho de que las subtramas no acaban de encajar del todo: su ascensión profesional hasta llegar a convertirse en productor de series de televisión o la trama policial-criminal, tan desdibujada como el personaje del detective O’Hearne, quien está convencido de que Barney mató a su mejor amigo, Boggie (Scott Speedman), y ha escrito un libro en el que le inculpa directamente. Incluso la intensa relación de Barney con Boggie resulta a veces rocambolesca y poco verosímil.

Por otro lado, nos encontramos con un film tremendamente heterogéneo, algunos dirían que tramposo. ya que empieza como comedia de trazo algo grueso y acaba como drama lacrimógeno. Posiblemente lo más interesante esté en algún punto intermedio de esa transición.

El primer acto corresponde a la historia de Barney con su primera esposa Clara. El arranque de la historia es demasiado atropellado, y el tono y las situaciones son algo caricaturescos, mezclados con cierto sabor agridulce, que completa un arranque ciertamente extraño y poco verosímil. Para colmo, este primer acto (su breve matrimonio con Clara, en Italia) aporta poco o nada a la historia.

Luego viene su segunda esposa, la segunda Sra. P (Minnie Driver) y el tono se endereza hacia la comedia de enredo más arquetípica. Las situaciones siguen siendo caricaturescas, como lo es el hecho de casarse con la mujer equivocada y enamorarse de otra el mismo día de la boda, o el choque de contextos que se produce entre la naturalidad del padre de Barney, Izzy (un entrañable Dustin Hoffman), y la estirada familia de la novia. Pero al menos, durante este pasaje, el film parece corregir la irregularidad inicial.

Pero a partir de su boda con Miriam (exquisita Rosamund Pike), su tercera esposa y su verdadero amor, el film parece sentar la cabeza como su protagonista, y se va convirtiendo en un drama cada vez más amargo, hasta llegar a un final lacrimógeno que quizá echa por tierra la sutilidad emocional de esa relación, y que, para colmo, se sitúa en el extremo opuesto al tono con el que arranca la película.

Alguien dijo que el drama es una comedia sin risas. Desde ese punto de vista, todo el film es una comedia donde cada vez nos reímos menos, según vemos cómo Barney, después de conseguir lo que más ha querido, se dedica a perderlo, por el simple motivo de que no es capaz de cambiar. Como le dice su tercera esposa, es incorregible, para lo bueno y para lo malo.

Barney Panofsky es un personaje cómico que llegado el momento demuestra un profundidad y una integridad inesperada. Donde otros personajes totalmente cómicos se enredarían intentando solucionar de forma estúpida las situaciones, él se pone digno y corta de un tajo el enredo. Y es que Barney es un tipo curioso, sí, pero me temo que demasiado simpático y menos redondo de lo necesario para crear un retrato totalmente poliédrico y complejo, que justificase, además, ciertas actitudes que se antojan algo gratuitas, como ser incapaz de comprender que su esposa necesite volver a trabajar, o que, debido a su falta de atención, la está perdiendo.

En fin, un irregular film que da la impresión de no lograr alcanzar la profundidad que pretendía, ni en su personaje ni en su estructura narrativa, y cuyo máximo mérito reside en regalarnos más de dos horas de un fantástico Paul Giammatti llevando el peso de la función y pasando de la comedia al drama con una naturalidad y una riqueza de matices impresionante.

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8/1/09

Alta cocina española

Fuera de carta (Nacho G. Velilla, 2008)

Buena comedia nacional, llena de situaciones hilarantes, dialogos ágiles e histrionicos y momentos desternillantes.


“Fuera de Carta” es una muy buena comedia de enredo de ritmo trepidante, diálogos histriónico y desternillantes (aunque algunas veces un pelín forzados), en la que Javier Cámara disfruta con un papel que le va como anillo al dedo y que recuerda (salvo en la condición sexual y en el extremo amaneramiento) al de Mario Estrada en la serie “Lex”: un tipo de éxito, competitivo y egocéntrico pero tremendamente incapacitado para el amor, ya sea hacia sus parejas como sobre todo hacia sus hijos.


Maxi es el dueño y chef de un restaurante de alto copete, el Xantarella, cuya cocina es una especie de camarote de los hermanos Marx. Su condición homosexual no le representa hoy en día ningún problema. Sin embargo, deberá afrontar el pasado cuando, tras la muerte de su ex mujer, deba hacerse cargo de sus dos hijos, a los que apenas conoce.


Todo se enredará aún más con la llegada de Horacio, un atractivo argentino del que quedará prendada Álex, la maitre del Xantarella y mejor amiga de Maxi. Sin embargo, Horacio resultará ser también gay, y se enamorará de Maxi.


Al alto nivel del menú ayuda el resto de un elenco de personajes principales llevados al extremo: Horacio (Benjamín Vicuña), el guaperas argentino y atormentado gay que aún no ha salido del armario por miedo al rechazo y al fracaso profesional; Álex (Lola Dueñas), la chica explosiva pero ingenua y sin suerte con los hombres, y Ramiro, el desastroso pinche del Xantarella, interpretado por un Fernando Tejero en su papel de siempre.

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