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20/1/13

Coriolanus (2010): "Call of Duty. Shakespeare Ops"


Ralph Fiennes debutó en la dirección (y lo digo en pasado por que aunque el film llegué ahora a nuestras pantallas, es ¡de 2010!) adaptando una de las obras de Shakespeare quizá menos conocida por estos pagos: “Coriolanus”, una tragedia romana sobre la caída del poderoso y orgulloso guerrero Caius Maritus Coriolanus.

Caius Martius (Fiennes), es un mando del ejército de un valor inigualable en su defensa de Roma. Sin embargo, el pueblo le considera un “perro” del poder, por su altiva y despectiva forma de tratar con él. Tras ganar Coriola a los volscianos, unos rebeldes liderados por Aufidio (Gerald Butler), Martius es nombrado “Coriolanus”, y es propuesto para senador. Pero Martius es un hombre rudo, un guerrero, y desprecia al pueblo tanto como el pueblo le desprecia a él. Su orgullosa madre (Vanessa Redgrave), quien siempre le alienta en la batalla, le ruega ahora que reconsidere su postura orgullosa y se entregue el pueblo. Sin embargo, Martius es un animal poco sociable, y merced a su inflexible postura y a las intrigas de unos senadores corruptos, se ve definitivamente repudiado por el pueblo y desterrado de Roma. En el exilio, se unirá a Aufidio y los volscianos para saciar sus ansias de venganza contra el pueblo de Roma.

Aviso para navegantes: este es un film extraño, quizá incómodo. La apuesta no es arriesgada por novedosa, sino por extraña. No es la primera vez que se adapta a Shakespeare trayéndoselo a la actualidad, o conservando simplemente la esencia de alguna de sus obras. Aunque pueda parecer fuera de lugar poner como ejemplo ‘El Rey León’ (1994), el éxito de Disney estaba inspirado por Hamlet, pero tenía tanta entidad propia que muchos espectadores ni siquiera conocen ese dato. En cambio, el argumento y los personajes de “Coriolanus” carecen de vida propia más allà de el libreto de el Bardo, y no logran en absoluto (ni siquiera lo pretenden) distanciarse de él.


Perdona, ¿acabas de compararme con "El Rey León"? Chicos...deshaceos de él.

Y es que Fiennes, empezando por el título, adapta la obra ‘a pelo’, sin ocultar el artificio. Mantiene intacto el argumento (incluyendo la estructura política de senadores y patricios) y los diálogos, y simplemente cambia las espadas por los fusiles de asalto, los foros por los platos de televisión, y la Roma de Shakespeare por una Roma difusa, que podría ser una ciudad cualquiera (el film está rodado en Serbia). Es por ello que al espectador desprevenido le puede costar entre cinco y diez minutos entender qué demonios está pasando, al ver unos personajes actuales (el pueblo, el ejército, los políticos), declamando en inglés de la época isabelina.

La arriesgada puesta en escena requiere un alto grado de suspensión de la incredulidad, y la voluntad de entrar en el juego, como sucedía, por ejemplo, en Dogville (Lars Von Trier, 2003). Sin embargo, y a diferencia de aquella, la apuesta de Fiennes resulta (en mi opinión) un error.

El film empieza con una asamblea del pueblo en la que deciden asaltar el alamcen de grano y matar a Martius. Resuenan los ecos de la indignación del 15-M, y uno (desconocedor de la obra) cree que quizá la cosa vaya por ahí. Pero pronto nos damos cuenta de que no, el film empieza a tomar tintes de tragedia clásica con Martius como atormentado protagonista y el pueblo se ve reducido a una masa difusa y voluble, de un simplismo indigno de cualquier intento de paralelismo con la realidad actual. Entonces, si Fiennes no pretende establecer dicho paralelismo, si no pretende hacer una nueva lectura de la obra en claveindignada, antimilitarista, o en cualquier clave actual, entonces cabe preguntarse qué aporta traerse la obra a la modernidad, aparte de un diseño de producción más barato, y la posibilidad de rodar unas escenas de acción a lo Call of Duty, que por otro lado resultan demasiado confusas y sobrecargantes.

El resultado es un film extraño, que se queda en un terreno de nadie. Por un lado, argumentalmente se ciñe demasiado a la obra original, una tragedia clásica, como para generar la necesaria empatía: Martius es un personaje potente, como el de su madre, pero Aufidio no permite a Butler lucirse en exceso (o viceversa) y una Jessica Chastain pre-nominación es poco más que un adorno floral. Por el otro, la puesta en escena carece de los elementos de ambientación necesarios como para hacernos viajar a la Roma que inspiró a Shakespeare (como en las adaptaciones clásicas de Kenneth Branagh) o a cualquier otro lugar interesante (como sucedía por ejemplo en Romeo+Julieta(1996), de Baz Luhrmann). Como dijo Carlos Boyero con gran precisión, "todo lo que sale por la boca de esos hombres que luchan por el poder merece la pena de ser oído, pero las imágenes que lo sustentan son inmediatamente olvidables".

Solo cabe reconocerle a "Mr. Fitness" (Monidala dixit) la arriesgada y noble apuesta elegida para su debut, y la entrega al proyecto que se percibe tras su interpretación de Caius Maritus Coriolanus, una de las más contundentes que recuerdo últimamente.
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5/4/12

El hombre sin pasado (2010): Otro baño de sangre fácil a la coreana, esta vez aderezado con gases lacrimógenos


Después de la excesiva “I saw the Devil”, la gran decepción que me supuso “The Yellow Sea”, y tras el visionado ayer de “El hombre sin pasado”, ya es oficial: el cine de acción coreano no es para mi. Ciertamente, no alcanzo a comprender, ya no la excelencia, sino ni siquiera el éxito de este tipo de cintas: historias simples y huecas, meras excusas para la casquería gratuita (no pueden faltar el cirujano carnicero o similar, ni el secuaz sanguinario que disfruta con su trabajo) y cool (le ponemos un traje al prota y listo); nulo sentido de la realización de todo lo que no sean escenas de lucha (que, por buenas que sean, y tampoco es el caso, NUNCA pueden salvar una película), fotografía digital más fría y plana que los personajes (y eso es mucho decir), tramas que se explican a base de diálogos (mayormente, de los policías que siguen el caso, encargados de explicar qué carajo está pasando) que al final me dan igual porque de lo que se trata, y no lo digo yo, parece decirlo el propio director con cada plano, es de verlos hostiarse o sacarse (literalmente) los ojos. ¿Dónde están los valores de este cine? Que alguien me lo explique, porque yo no entiendo nada. Buscando no se qué sentido de la tensión y el thriller, a mi estas pelis lo único que me generan es aburrimiento. El cine señores, incluso el cine de acción, debe estar sustentado por una historia con valores, con emociones en juego. “¿Emociones? Ah, pues entre escena y escena de lucha meto a una niña adorable con cara de perrito abandonado diciendole al prota “Nadie me quiere, pero no pasa nada, entiendo que usted tampoco me quiera, si es que me lo merezco. Adios. Bueno, podría quererme un poquito, por favor?”. Esto le arranca una lágrima al público seguro”. Pero por Dios, ¿Dónde ha aprendido esta gente a escribir guiones? La escena en cuestión es lo que se viene llamando un momento lacrimógeno, que me hizo revolverme en mi asiento, pero de auténtica vergüenza ajena. En fin, que no han entendido nada. Haganse un favor y échenle un vistazo a 'Drive'. Creo que llevan tiempo intentando hacer algo parecido. 
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6/10/11

Origen (Inception, 2010): mucho arroz para tan poco (y sobrevalorado) pollo



Desde la revelación que supuso 'Memento' (2000), hasta su espléndida primera incursión en el universo de Batman (Batman Begins, 2005) para explicarnos la génesis del superhéroe de la DC, Christopher Nolan se había ganado mi crédito como un gran director. Ambos films poco tenían que ver, pues mientras 'Memento' era el atrevido experimento de un debutante, un apasionante y estilizado rompecabezas que trastocó las estructuras narrativas como Tarantino hiciera años antes con 'Reservoir Dogs' o 'Pulp Fiction', la primera precuela de la saga Batman confirmaba el talento de Nolan en otro terreno bien diferente, el de la superproducción con superhéroe. Sin embargo, lo hacía rompiendo otro molde, precisamente el del cine de superhéroes, abandonando en parte el discurso más “comiquero” a favor del thriller policiaco y el drama humano del atormentado Bruce Wayne, hasta llegar a hacernos comprender de una forma lógica su transformación en Batman. Personalmente, agradecí este giro “realista”, aunque luego reconociera en 'El Caballero Oscuro' (The Dark Knight, 2008) una excesiva radicalización de esa propuesta, dejando cada vez menos margen a la fantasía propia del universo de los superhéroes.

Pues bien, en el nuevo film de Nolan, 'Origen' (Inception), ya no queda rastro de la magnífica imaginería estructural y visual de que hacía gala en 'Memento', y en cambio sí hallamos ciertas características en común con sus dos Batman, pero en sentido negativo.

El primer y grave error de 'Origen' estriba en una paradoja bien sencilla: no se puede hablar de sueños de una forma tan cuadriculada. A estas alturas, parece bien demostrado que Nolan no es el director mejor dotado para moverse en el género fantástico. Si con Batman salió muy airoso llevándoselo al terreno del thriller y la acción, aún a riesgo de traicionar su esencia, aquí vuelve a proponernos un film de aventuras y acción que en este caso resulta fallido, entre otras muchas razones, porque su materia prima, el subconsciente humano y los sueños, se antoja demasiado voluble e insondable como para encerrarlo en un sistema de reglas tan rígidas, en una lógica de causa efecto tan inverosímil y aburrida (del tipo “si mueres soñando, te despiertas”) como las que nos explican Cobb y su equipo.


Es el problema de muchos films americanos, el de sistematizarlo todo hasta el hastío, incluso lo onírico, lo subconsciente, lo paranormal, esfumando cualquier posibilidad de resultar inquietantes, imprevisibles o desconcertantes. Recordemos la sistematización de las psicofonías en la olvidable White Noise (2005) o de los shocks del protagonista de la interesante 'El efecto Mariposa' (The Buttefly Effect, 2004). Esa lógica del tipo “si haces esto, invocas a tal espíritu o provocas indefectiblemente tal fenómeno” siempre me ha parecido de lo más inverosímil, aburrido y equivocado para tratar esas cuestiones.

Por otro lado, y por si este error en la premisa básica del film no fuera suficiente para tumbarlo,  es decir, si aceptamos esa cuadricula pseudocientífica sobre los sueños, esos renglones de los que en ningún momento se sale la caligrafía del film, y descendemos al siguiente nivel (por parafrasear la jerga del film), nos encontramos con una trama demasiado plana, donde la únicas amenazas proviene de la propia y enrevesada lógica de la particular “inmersión”, y del conflicto interno del protagonista. Pero ese otro esquema, el de héroe con episodio trágico en su pasado aún sin superar, que deberá enfrentar y vencer durante la aventura, aquí se revela de una forma tan arquetípica, tan obvia y falta de gracia, que resta casi todo interés y profundidad al personaje de Cobb. Por lo demás, los personajes secundarios resultan aún más planos y faltos de empatía, ya que no sabemos nada de ellos y ni siquiera evolucionan un ápice durante el transcurso de la aventura. Mención especial para la “arquitecta” Arianne (Ellen Page), que se pese a descubrir un fascinante nuevo universo donde lo imposible es posible, se integra en el equipo y asume su rol como si se hubiese dedicado a ello toda la vida, o al desaprovechado personaje de Saito (Ken Watanabe), que pasa de amenazante villano a socio perfectamente fiable de una forma un tanto descafeinada e inverosimil.

Y es que el film carece de toda fuerza a casi cualquier nivel. Da la impresión de que Nolan se inventa un sistema de reglas demasiado rígidas y totalmente arbitrarias para que la historia funcione en el sentido en que quiere, pero por mas que se dedica aplicadamente a explicárnoslas (de la forma mas obvia y aburrida que existe en cine: mediante unos diálogos descaradamente destinados a ello, utilizando al personaje de la novata “arquitecta” Arianne como excusa para aleccionarnos), no logra que tengan el más mínimo interés, porque falla lo principal: los sueños.

En efecto, dudo que nadie sueñe como nos propone Nolan, con unas imágenes tan claras, con unos escenarios tan definidos, con unas reglas tan rígidas. ¿Dónde está lo onírico? ¿Dónde está la ensoñación? ¿Donde está la confusión propia de los sueños? Nolan, tan apegado siempre a lo tangible, tan sobrio como falto de imaginería, es incapaz de desdibujar una sola línea de su plan supuestamente perfecto.

Veamos esos tres supuestos niveles del sueño que parecen en la película: el primero son las calles de una ciudad tipo Nueva York donde tiene lugar una persecución de coches con tiroteo incluido.  El segundo es un hotel donde también hay alguna pelea entre el equipo de Cobb y esas “proyecciones” de la mente de la víctima, y el tercero es un bunker en la nieve donde deben adentrarse los protagonistas en una escena tipo Splinter Cell que resulta en otro tiroteo. Mas que ante niveles de sueño, pareciera que estamos ante niveles de un videojuego. Al final, tanto galimatías pseudocientífico resulta una burda excusa para entregar un mediocre film de acción. Pero es que si como film de ciencia ficción, su interés es más que dudable, 'Origen' no funciona ni como película de acción, ya que no aporta nada nuevo al género, como sí hiciera por ejemplo la que parece uno de sus referentes, a años luz por cierto, 'Matrix' (de la cual, no soy precisamente un gran seguidor) y aquellas espectaculares escenas de acción que marcaron tendencia.

Sin embargo, pese a todos estos problemas de base, pese a todas sus carencias y pese a su mediocridad, el film ha sido ensalzado por la crítica especializada y por la amateur, y muchos hablan ya de una “obra maestra”. Entre las voces discordantes ante tal disparate, recupero las palabras de A.O. Scott en su crítica en el New York Times, con las que estoy bastante de acuerdo:

[…] …en 'Origen', no hay nada que cuente como una visión genuina. La idea del Sr. Nolan de la mente es demasiado literal, demasiado lógica, demasiado atada a reglas como para permitir medir la locura -el riesgo de confusión, de delirio, de inefable ambigüedad- que todo esto requiere." (A. O. Scott: The New York Times)

En resumen, un film sobrevaloradísimo, que desaprovecha desde el arranque su premisa y toda posibilidad de resultar inquietante o interesante, que se inventa un universo nuevo pero excesivamente cuadriculado y que nos propone unos personajes y una aventura carentes de fuerza, y donde lo único destacable proviene del apartado técnico, de esa tremendante realista escena de lucha sin gravedad, que al menos confirma el gusto de Nolan por huir de la excesiva digitalización de los efectos especiales tan de moda hoy en día.
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6/4/11

Pequeñas mentiras sin importancia: los amigos de Ludo

“Pequeñas mentiras sin importancia” (Les Petits Mouchoirs), película del año en Francia con más de 5 millones de espectadores, nos habla de un grupo de amigos se dispone a pasar, como cada verano, unos días en una casa de la playa. Pero entonces uno de ellos, Ludo, sufre un grave accidente. Finalmente sus amigos deciden mantener su plan, pero los primeros días en la costa estarán marcados por el impacto emocional que ha provocado en ellos el grave estado de salud de su amigo, al que dejan ingresado en un hospital en París.

Sin embargo, pronto cada uno irá centrándose en sus propios problemas, dudas y obsesiones: Max es un neurótico del trabajo incapaz de relajarse, y menos sabiendo que Vincent se siente atraído por él, tras 15 años como amigos. Ninguno de los dos tiene demasiada comunicación con sus parejas, Véro e Isabelle. Eric no anda muy bien con su pareja, Léa, debido a su carácter mujeriego e infantil, lo mismo que Antoine, que está obsesionado con Juliette, su novia de 10 años que le acaba de dejar, y tan solo sabe hablar de ella, mientras espera un mensaje. La que parece más estable, Marie, en el fondo no acaba de asumir ninguna responsabilidad.

El último y extenso film del actor, guionista y director Guillaume Canet tiene un arranque potente que pone los pelos de punta, con el accidente de Ludo. Luego da paso a un primer acto parisino que parece no acabar nunca de arrancar. Lo más interesante comienza cuando llegan a la casa de la playa, lo que supone un paréntesis en la vida de ese grupo de amigos, a los que vamos conociendo mediante sus relaciones. El duro desenlace les hará volver de ese paréntesis y afrontar de nuevo la realidad.

Sin demasiadas coartadas argumentales, Canet parece centrase mas en el mundo interior y en la transformación de sus protagonistas, pero sobre todo en sus relaciones. Algunas situaciones y conflictos sólo se apuntan y apenas son explicados, lo que provoca cierta confusión en algunos pasajes. Predomina la comedia simpática que emana de los personajes, y el tono intimista y natural de las conversaciones. Sin embargo, la narrativa carece de cierto pulso y ritmo, quizá contagiada del asueto propio de los días de verano. Como si intentase corregirlo, Canet aboca el film a un final catártico y lacrimógeno que quizá nos pilla algo desprevenidos, porque no encaja demasiado con el tono del resto del film, pero al que no se le puede negar su efectividad, al ritmo de una fantástica versión de My way interpretada por Nina Simone.

Buenas interpretaciones (destacaría a François Cluzet, Marion Cotillard y Gilles Lellouche), una fotografía plana y sin alardes y una genial banda sonora en inglés entre el soul y el rock conformanun film por momentos entrañable, que respira vida y amistad, y huele a verano, a mar y a salitre, que destaca por la humanidad y familiaridad que desprenden sus personajes.

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12/3/11

El mundo según Barney: vida (y mujeres) de este hombre

A pesar de que el título de esta producción canadiense, El mundo según Barney (Barney’s version), su slogan (“La verdad sobre su vida depende de quien la cuente”) y su sinopsis, hagan hincapié en la cuestión del punto de vista del relato sobre la vida (y mujeres) de este hombre, lo cierto es que la primera película de Richard J. Lewis (director de la serie CSI: Las Vegas) no es precisamente Ciudadano Kane. Bueno, esto es obvio, pero ni siquiera es una versión cómica de Ciudadano Kane. El mundo según Barney juega a otra cosa diferente a lo que promete.

A pesar de las expectativas, y de la supuesta complejidad narrativa del material que maneja, el fiim adolece de una visión más poliédrica sobre la vida de este hombre. En su epidermis, no es más que un relato lineal de la vida de un hombre que se casó con tres mujeres, tuvo dos hijos, y que, como diría Joaquín Sabina, “quiso más a la que más le quiso”. Ni siquiera queda claro que la (única) “voz” del relato sea la de Barney (en la adaptación se descartó la voz en off, aunque en la novela Barney relata su vida).

La supuesta complejidad de la novela de Mordecai Richler se traslada al celuloide resumiendo personajes e incluso, fusionando otros, y otorgando casi todo el protagonismo a la linea narrativa de las relaciones sentimentales y maritales de Barney. Fruto de ello, es el retrato caricaturesco de las dos primeras esposas de Barney, o el hecho de que las subtramas no acaban de encajar del todo: su ascensión profesional hasta llegar a convertirse en productor de series de televisión o la trama policial-criminal, tan desdibujada como el personaje del detective O’Hearne, quien está convencido de que Barney mató a su mejor amigo, Boggie (Scott Speedman), y ha escrito un libro en el que le inculpa directamente. Incluso la intensa relación de Barney con Boggie resulta a veces rocambolesca y poco verosímil.

Por otro lado, nos encontramos con un film tremendamente heterogéneo, algunos dirían que tramposo. ya que empieza como comedia de trazo algo grueso y acaba como drama lacrimógeno. Posiblemente lo más interesante esté en algún punto intermedio de esa transición.

El primer acto corresponde a la historia de Barney con su primera esposa Clara. El arranque de la historia es demasiado atropellado, y el tono y las situaciones son algo caricaturescos, mezclados con cierto sabor agridulce, que completa un arranque ciertamente extraño y poco verosímil. Para colmo, este primer acto (su breve matrimonio con Clara, en Italia) aporta poco o nada a la historia.

Luego viene su segunda esposa, la segunda Sra. P (Minnie Driver) y el tono se endereza hacia la comedia de enredo más arquetípica. Las situaciones siguen siendo caricaturescas, como lo es el hecho de casarse con la mujer equivocada y enamorarse de otra el mismo día de la boda, o el choque de contextos que se produce entre la naturalidad del padre de Barney, Izzy (un entrañable Dustin Hoffman), y la estirada familia de la novia. Pero al menos, durante este pasaje, el film parece corregir la irregularidad inicial.

Pero a partir de su boda con Miriam (exquisita Rosamund Pike), su tercera esposa y su verdadero amor, el film parece sentar la cabeza como su protagonista, y se va convirtiendo en un drama cada vez más amargo, hasta llegar a un final lacrimógeno que quizá echa por tierra la sutilidad emocional de esa relación, y que, para colmo, se sitúa en el extremo opuesto al tono con el que arranca la película.

Alguien dijo que el drama es una comedia sin risas. Desde ese punto de vista, todo el film es una comedia donde cada vez nos reímos menos, según vemos cómo Barney, después de conseguir lo que más ha querido, se dedica a perderlo, por el simple motivo de que no es capaz de cambiar. Como le dice su tercera esposa, es incorregible, para lo bueno y para lo malo.

Barney Panofsky es un personaje cómico que llegado el momento demuestra un profundidad y una integridad inesperada. Donde otros personajes totalmente cómicos se enredarían intentando solucionar de forma estúpida las situaciones, él se pone digno y corta de un tajo el enredo. Y es que Barney es un tipo curioso, sí, pero me temo que demasiado simpático y menos redondo de lo necesario para crear un retrato totalmente poliédrico y complejo, que justificase, además, ciertas actitudes que se antojan algo gratuitas, como ser incapaz de comprender que su esposa necesite volver a trabajar, o que, debido a su falta de atención, la está perdiendo.

En fin, un irregular film que da la impresión de no lograr alcanzar la profundidad que pretendía, ni en su personaje ni en su estructura narrativa, y cuyo máximo mérito reside en regalarnos más de dos horas de un fantástico Paul Giammatti llevando el peso de la función y pasando de la comedia al drama con una naturalidad y una riqueza de matices impresionante.

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10/3/11

"Nunca me abandones": el deber de morir


Tercer film del director de videoclips Mark Romanek (que ya causara buenas sensaciones con Retratos de una obsesión), Nunca me abandones se estrenará en España el 18 de Marzo. Se trata de la adaptación de la novela Never let me go del escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro.

No habiendo leído la novela en que se basa el film, resulta difícil adivinar dónde acaba la obra de Ishiguro y empieza el trabajo de Romanek (y el de Alex Garland, encargado de la adaptación de la novela). Lo que sí parece claro es que el material de partida es interesante y denso, que se trata de una novela de enjundia, de autor (si me permiten la redundancia), quizá de difícil adaptación, debido al estilo parsimonioso y detallista de Ishiguro y a la mayor atención que presta a las relaciones personales y a la alegórica reflexión temática sobre una trama que acaba quedando en segundo plano.

Quizá por ello cabe destacar la subordinación de un director procedente del videoclip como Romanek a un estilo visual sobrio y un ritmo narrativo pausado, reposado, en concordancia con el estilo de Ishiguro. Claro que este escrupuloso respeto puede ser visto de forma positiva o negativa, ya que quizá se echa en falta en este aportado un cierto valor añadido por parte del director.

A traves de un extenso periodo de tiempo, el film se centra en tres alumnos de una elitista y extraña escuela llamada Hailsham, un estricto centro donde enseguida advertimos que los alumnos son tratados de forma cuidadosa, como entre algodones., y están aislados del exterior. Un día, una nueva y joven profesora, con remordimientos de conciencia, les expone abiertamente la devastadora verdad sobre su existencia. A partir de ese momento, las vidas de Ruth, Kath y Tommy, el trío protagonista, estarán marcadas, con el transcurrir de los años por la certeza de un destino fatal, por la muerte, por el miedo, la esperanza, la resignación, la impotencia y la rabia ante el fatídico significado de su existencia.

Nunca me abandones podría ser considerado un drama alegórico de ciencia ficción, donde predomina más lo primero que lo segundo. Algo así como si Haruki Murakami hubiese escrito Fahrenheit 451). Como película de ciencia ficción, el film es extremadamente minimalista. Se evoca una sociedad distópica paralela, que no futurista (el film abarca desde finales de los años 70 hasta mediados de los 90), pero apenas sabemos nada más de ella que lo que descubren los tres protagonistas cuando salen de los muros de Hailsham. Solamente parecen existir ellos, vagando solos por el mundo, y Romanek (siguiendo la novela) no se detiene a explicarnos los porqués, a darnos más datos ni detalles sobre esa sociedad que los necesarios para que el film funcione como drama. A ese nivel, la película es una alegoría, desnuda de artificios, sobre la creación y manipulación de la vida, ética científica contra progreso, una reflexión temática con ecos de “Blade Runner”. Sin embargo, donde allí había rebeldía, aquí hay aceptación sumisa de una existencia marcada pNegritaor una fecha de caducidad.

Con un planteamiento inicial que recuerda a otros films como “La Isla” (o incluso en algún pasjaje a "El Bosque", de Shyamalan), la narración está aquí guiada, sin embargo, por el trío protagonista, y sus relaciones, sentimientos y emociones es lo que a Romanek (de nuevo obedeciendo a Ishiguro) le interesa mostrar. Destacable el trabajo del trío protagonista. Keira Knightley resulta convincente y Andrew Garfield parece moverse bien, aunque de forma algo exasperante, en el papel del desvalido (algo que ya hacia de algún modo en La Red Social; la verdad es que me cuesta verlo como el nuevo Spiderman). Pero yo destacaría a Carey Mulligan en el papel de Kath (e incluso, para ser justos, a la actriz que da vida a su personaje siendo niña), aportando tormento y fortaleza, seguridad y dudas, consuelo y dolor a partes iguales.

Como leemos en el blog Lengua en Secundaria sobre la novela (y yo me permitiría extenderlo al film), “…es probable que en la estoica aceptación del doloroso deber que les aguarda se encierre la lección más perdurable de la “fábula moral” que es Nunca me abandones”.

Y sin embargo, un film que reflexiona sobre el alma humana de sus personajes, sobre la muerte como destino cercano e inexorable, y que despliega un elogiable abanico de emociones (desde la empatía hasta la rabia, pasando por el dolor, el miedo, un profundo amor, la envidia o la crueldad), no logra, sin embargo, emocionar en exceso (más allá de la dureza de su reflexión temática), quizá impregnado del estoicismo hierático de sus protagonistas y la sobriedad de la puesta en escena. Quizá aquí Romanek no consiga emular a Ishiguro. O quizá debería haberse alejado más de él. Tendremos que leer la novela.

Y es que estamos ante una interesante propuesta y un film de notable humanidad que, sin embargo, corre el peligro de quedarse a medio camino entre un drama romántico que no llega a desgarrar debido a su frialdad, y un thriller de ciencia ficción que no llegar a fascinar debido a su sobriedad.
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27/12/10

Terror clásico a ciegas


Conviene no dejarse engañar por el tandem Belén Rueda – Guillermo del Toro: Los Ojos de Julia está más cerca del suspense clásico que del terror gótico, más cerca de Psicosis que de El Orfanato y todas las que la precedieron (y que siguen el esquema “viejo edificio marcado por un suceso pasado terrible, habitado por espíritus penitentes que hacen la vida imposible a el /la protagonista”).

Huyendo de alucinaciones, flashbacks y demás golpes (bajos) de efecto, propios del thriller trascendentaloide y del terror espectral-digital del nuevo siglo, Guillem Morales parte de elementos tan viejos y tan efectivos como la ceguera y el miedo a la oscuridad, y se apoya en una planificación realmente inspirada, en una fotografía grisácea, desaturada y contrastada, y en el buen uso de una banda sonora digna de mención. Con estos mimbres, Morales mantiene durante todo el metraje una inquietud sostenida por una atmósfera tán inquietante como los negros nubarrones que se ciernen en todo momento sobre el cielo de esa geografia imaginaria y universal, de unas localizaciones que remiten a muchos de nuestros miedos sin llegar nunca a la impostura.

Entendiendo el suspense como constante inquietud, y no como colección de sustos más o menos ingeniosos, Los Ojos de Julia funciona endiabladamente bien, pese a algunos agujeros del guión. Y lo hace básicamente porque su director sabe en todo momento lo que tiene entre manos, y le saca todo el jugo posible. El trabajo de cámara es en todo momento orgánico en su conexión con el tema, jugando con lo que se ve y lo que no se ve (o lo que nosotros vemos pero la protagonista no puede ver), y la fotografía crea un interesante contraste entre luces y sombras. Así, el film contiene algunas decisiones realmente acertadas, y escenas memorables, como la persecución por el pasillo al tiempo que se encienden los fluorescentes, la desapercibida huida del asesino del lugar del crimen desde su punto de vista, el desvelado de la identidad del criminal o una lucha final al ritmo de los inquietantes fogonazos de un flash, con ecos de El Silencio de los Corderos.


El apartado actoral es otro de los grandes sustentos del film. Belén Rueda lo borda, frágil y fuerte, tierna y valiente a partes iguales, en un huesudo equilibrio. Lluís Homar aporta su buen hacer, y comparte con ella momentos realmente intensos y emotivos, sobre todo durante la secuencia del viaje a esa hipotética Bellavista. Pero la revelación es Pablo Derqui, el perfecto hombre invisible,…y hasta aquí puedo leer.

Sin embargo, Los Ojos de Julia no es una película redonda. Y no lo es porque su guión denota algunas flaquezas, además de varias licencias destacables. Pese a que sería injusto restarle su parte de culpa en el suspense que recorre todo el film, y a pesar de unos buenos diálogos, el encaje de las piezas resulta, sin embargo, algo intrascendente (el papel de algunos secundarios, algún descubrimiento prescindible o los propios motivos de asesino), de modo que, una vez finalizada la función, el puzzle al completo carece quizá de la entidad suficiente para calar más hondo.

Los Ojos de Julia es, pues, un film deslocalizado y atemporal que funciona a base de escenas, de continuas ideas cinematográficas, apoyadas en una interesante fotografía, un gran desempeño actoral y una banda sonora remarcable, y cuya aparente falta de mayores pretensiones juega en su favor y en su contra. Buen cine de género, que logra inquietar y emocionar sin resultar pretencioso. Una pequeña joya, sencilla y tremedamente efectiva.
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21/10/10

Peligro: extraterrestres en 10 kms.


Muchas veces, también en el Cine, menos es más. Y esta premisa la aplica a la perfección Gareth Edwards en su magnífico debut.


Aunque se haya publicitado “Monsters” como una serie B de bajísimo presupuesto, más bien habría que hablar de un low-cost de altísima calidad. El film de Edwards no tiene espíritu de serie B, ni lo pretende, sino más bien una impecable factura, casi diria hollywoodiense. Y es que el recorte de presupuesto no está en la menor calidad de sus efectos visuales (premiados en Sitges’10), sino en su sabia dosificación, pues la mayor parte del tiempo, Edwards no nos muestra a los monstruos que dan título al film, sino que nos obliga a imaginarlos. Y lo hace de maravilla, lo cual resulta en uno de los grandes aciertos del film.


Como apunta su director, su film empieza donde la mayoría de películas sobre invasiones extraterrestres acaban, con un mundo en el que los humanos cohabitan desde hace seis años con los aliens, contenidos en la llamada “zona infectada”, en la franja centroamericana, ocupando parte de Méjico y Estados Unidos.

El mismo director reconoce que el germen de la historia fue la idea de que tras la llegada de la vida extraterrestre a la Tierra, “la vida continúa, y las criaturas sólo afectan una parte del mundo”. A Edwards le pareció “interesante la idea de que [la gente] no reaccionase, como si estar rodeados de monstruos fuese una cosa natural para ellos”. Esta sensación transpira por los poros de la historia desde el primer minuto.

Tras un vigoroso (y “monstruoso”) arranque, el extenso primer acto nos describe la situación de forma magnífica, con los aliens como auténticos protagonistas en ausencia: vemos las consecuencias, la devastación (para ello se aprovecharon los efectos del huracán Ike sobre Galverstone, Texas), las noticias, y su efecto en la vida de la gente, mientras oímos hablar una y otra vez de la “zona infectada”. El tono intimista y descriptivo impregna el relato, como si la cámara se imbuyese de la mirada atenta y curiosa del fotógrafo Andrew Kaulder (interpretado por un interesante Scott McNeary). Reseñables las escenas del velatorio por las víctimas en el pueblo mejicano, o las reflexiones de Kaulder sobre su oficio de “fotografiar la tragedia”, frente a ese graffitti que se erige en expresión popular de un mundo marcado por la amenaza alienígena, la misma que planea magistralmente sobre el film.


Entonces llega la esperada entrada e incursión en la “zona infectada”, en un segundo acto que remite (¿voluntariamente?) al Jurassic Park de Spielberg (la selva, los rugidos entre la maleza, el ataque nocturno a los jeeps, etc.). Y como allí (salvando las distancias), la tensión está creada con maestría, valiendose de la efectiva premisa de la incursión en territorio hostil y la amenaza constante. Porque esa es una de las grandes bazas del film: mientras otros juegan al susto fácil, “Monsters” pivota sobre la sensación de amenaza. Por eso, posiblemente muchos salgan decepcionados del cine. Porque aquí también hay acción (y por supuesto, monstruos), pero en general, el ritmo es pausado, la tensión contenida y el tono es incluso contemplativo en muchos pasajes. Aquí, toda la destrucción ya fue, la invasión está confirmada, y lo que queda es un poso de dolor, de devastación, de miedo, e incluso de corrupción (interesante esa reflexión sobre aquellos que arriesgan sus vidas para sacar partido del desastre).

Otro de los aciertos del film es la relación entre sus dos protagonistas, que viven una historia de amor que, en manos de cualquier otro podría haber caído en el cliché, pero que Edwards sabe dibujar con una sutileza, un intimismo y una savoir faire dignos de un cineasta más experto.

Y luego está ese final, de una fuerza callada y una poética que seguramente muchos no le perdonen tratandose de una película “de bichos”. Pero no se equivoquen: "Monsters" no es ni una serie B, ni una monsters movie al uso, "Monsters" es mucho más. Es un cruce imposible entre “La guerra de los Mundos” y "Una historia verdadera", entre “Parque Jurásico” y “Breve Encuentro”. Así que si disfrutan con el buen cine, olvidense de los prejuicios y no se la pierdan, porque no se ve cada día a un debutante como Gareth Edwards marcarse un ejercicio de personalidad de este calibre, nadando a contracorriente del género, sólo partiendo de él, para acabar entregando lo más parecido (con permiso de Shyamalan) a una "peli de extrarrerestres de autor".

¿Lo peor? Que apuesto a que los puristas del género la van a machacar.

Lo mejor, a pesar de todo lo dicho: la guapísima Whitney Able y su adorable español con acento mejicano.

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