Ralph Fiennes debutó en la dirección (y lo digo en pasado por que aunque el film llegué ahora a nuestras pantallas, es ¡de 2010!) adaptando una de las obras de Shakespeare quizá menos conocida por estos pagos: “Coriolanus”, una tragedia romana sobre la caída del poderoso y orgulloso guerrero Caius Maritus Coriolanus.
20/1/13
Coriolanus (2010): "Call of Duty. Shakespeare Ops"
Ralph Fiennes debutó en la dirección (y lo digo en pasado por que aunque el film llegué ahora a nuestras pantallas, es ¡de 2010!) adaptando una de las obras de Shakespeare quizá menos conocida por estos pagos: “Coriolanus”, una tragedia romana sobre la caída del poderoso y orgulloso guerrero Caius Maritus Coriolanus.
5/4/12
El hombre sin pasado (2010): Otro baño de sangre fácil a la coreana, esta vez aderezado con gases lacrimógenos
6/10/11
Origen (Inception, 2010): mucho arroz para tan poco (y sobrevalorado) pollo
6/4/11
Pequeñas mentiras sin importancia: los amigos de Ludo

“Pequeñas mentiras sin importancia” (Les Petits Mouchoirs), película del año en Francia con más de 5 millones de espectadores, nos habla de un grupo de amigos se dispone a pasar, como cada verano, unos días en una casa de la playa. Pero entonces uno de ellos, Ludo, sufre un grave accidente. Finalmente sus amigos deciden mantener su plan, pero los primeros días en la costa estarán marcados por el impacto emocional que ha provocado en ellos el grave estado de salud de su amigo, al que dejan ingresado en un hospital en París.
Sin embargo, pronto cada uno irá centrándose en sus propios problemas, dudas y obsesiones: Max es un neurótico del trabajo incapaz de relajarse, y menos sabiendo que Vincent se siente atraído por él, tras 15 años como amigos. Ninguno de los dos tiene demasiada comunicación con sus parejas, Véro e Isabelle. Eric no anda muy bien con su pareja, Léa, debido a su carácter mujeriego e infantil, lo mismo que Antoine, que está obsesionado con Juliette, su novia de 10 años que le acaba de dejar, y tan solo sabe hablar de ella, mientras espera un mensaje. La que parece más estable, Marie, en el fondo no acaba de asumir ninguna responsabilidad.
El último y extenso film del actor, guionista y director Guillaume Canet tiene un arranque potente que pone los pelos de punta, con el accidente de Ludo. Luego da paso a un primer acto parisino que parece no acabar nunca de arrancar. Lo más interesante comienza cuando llegan a la casa de la playa, lo que supone un paréntesis en la vida de ese grupo de amigos, a los que vamos conociendo mediante sus relaciones. El duro desenlace les hará volver de ese paréntesis y afrontar de nuevo la realidad.
Sin demasiadas coartadas argumentales, Canet parece centrase mas en el mundo interior y en la transformación de sus protagonistas, pero sobre todo en sus relaciones. Algunas situaciones y conflictos sólo se apuntan y apenas son explicados, lo que provoca cierta confusión en algunos pasajes. Predomina la comedia simpática que emana de los personajes, y el tono intimista y natural de las conversaciones. Sin embargo, la narrativa carece de cierto pulso y ritmo, quizá contagiada del asueto propio de los días de verano. Como si intentase corregirlo, Canet aboca el film a un final catártico y lacrimógeno que quizá nos pilla algo desprevenidos, porque no encaja demasiado con el tono del resto del film, pero al que no se le puede negar su efectividad, al ritmo de una fantástica versión de My way interpretada por Nina Simone.
Buenas interpretaciones (destacaría a François Cluzet, Marion Cotillard y Gilles Lellouche), una fotografía plana y sin alardes y una genial banda sonora en inglés entre el soul y el rock conformanun film por momentos entrañable, que respira vida y amistad, y huele a verano, a mar y a salitre, que destaca por la humanidad y familiaridad que desprenden sus personajes.
12/3/11
El mundo según Barney: vida (y mujeres) de este hombre
A pesar de que el título de esta producción canadiense, El mundo según Barney (Barney’s version), su slogan (“La verdad sobre su vida depende de quien la cuente”) y su sinopsis, hagan hincapié en la cuestión del punto de vista del relato sobre la vida (y mujeres) de este hombre, lo cierto es que la primera película de Richard J. Lewis (director de la serie CSI: Las Vegas) no es precisamente Ciudadano Kane. Bueno, esto es obvio, pero ni siquiera es una versión cómica de Ciudadano Kane. El mundo según Barney juega a otra cosa diferente a lo que promete.
A pesar de las expectativas, y de la supuesta complejidad narrativa del material que maneja, el fiim adolece de una visión más poliédrica sobre la vida de este hombre. En su epidermis, no es más que un relato lineal de la vida de un hombre que se casó con tres mujeres, tuvo dos hijos, y que, como diría Joaquín Sabina, “quiso más a la que más le quiso”. Ni siquiera queda claro que la (única) “voz” del relato sea la de Barney (en la adaptación se descartó la voz en off, aunque en la novela Barney relata su vida).
La supuesta complejidad de la novela de Mordecai Richler se traslada al celuloide resumiendo personajes e incluso, fusionando otros, y otorgando casi todo el protagonismo a la linea narrativa de las relaciones sentimentales y maritales de Barney. Fruto de ello, es el retrato caricaturesco de las dos primeras esposas de Barney, o el hecho de que las subtramas no acaban de encajar del todo: su ascensión profesional hasta llegar a convertirse en productor de series de televisión o la trama policial-criminal, tan desdibujada como el personaje del detective O’Hearne, quien está convencido de que Barney mató a su mejor amigo, Boggie (Scott Speedman), y ha escrito un libro en el que le inculpa directamente. Incluso la intensa relación de Barney con Boggie resulta a veces rocambolesca y poco verosímil.
Por otro lado, nos encontramos con un film tremendamente heterogéneo, algunos dirían que tramposo. ya que empieza como comedia de trazo algo grueso y acaba como drama lacrimógeno. Posiblemente lo más interesante esté en algún punto intermedio de esa transición.
El primer acto corresponde a la historia de Barney con su primera esposa Clara. El arranque de la historia es demasiado atropellado, y el tono y las situaciones son algo caricaturescos, mezclados con cierto sabor agridulce, que completa un arranque ciertamente extraño y poco verosímil. Para colmo, este primer acto (su breve matrimonio con Clara, en Italia) aporta poco o nada a la historia.
Luego viene su segunda esposa, la segunda Sra. P (Minnie Driver) y el tono se endereza hacia la comedia de enredo más arquetípica. Las situaciones siguen siendo caricaturescas, como lo es el hecho de casarse con la mujer equivocada y enamorarse de otra el mismo día de la boda, o el choque de contextos que se produce entre la naturalidad del padre de Barney, Izzy (un entrañable Dustin Hoffman), y la estirada familia de la novia. Pero al menos, durante este pasaje, el film parece corregir la irregularidad inicial.
Pero a partir de su boda con Miriam (exquisita Rosamund Pike), su tercera esposa y su verdadero amor, el film parece sentar la cabeza como su protagonista, y se va convirtiendo en un drama cada vez más amargo, hasta llegar a un final lacrimógeno que quizá echa por tierra la sutilidad emocional de esa relación, y que, para colmo, se sitúa en el extremo opuesto al tono con el que arranca la película.
Alguien dijo que el drama es una comedia sin risas. Desde ese punto de vista, todo el film es una comedia donde cada vez nos reímos menos, según vemos cómo Barney, después de conseguir lo que más ha querido, se dedica a perderlo, por el simple motivo de que no es capaz de cambiar. Como le dice su tercera esposa, es incorregible, para lo bueno y para lo malo.
Barney Panofsky es un personaje cómico que llegado el momento demuestra un profundidad y una integridad inesperada. Donde otros personajes totalmente cómicos se enredarían intentando solucionar de forma estúpida las situaciones, él se pone digno y corta de un tajo el enredo. Y es que Barney es un tipo curioso, sí, pero me temo que demasiado simpático y menos redondo de lo necesario para crear un retrato totalmente poliédrico y complejo, que justificase, además, ciertas actitudes que se antojan algo gratuitas, como ser incapaz de comprender que su esposa necesite volver a trabajar, o que, debido a su falta de atención, la está perdiendo.
En fin, un irregular film que da la impresión de no lograr alcanzar la profundidad que pretendía, ni en su personaje ni en su estructura narrativa, y cuyo máximo mérito reside en regalarnos más de dos horas de un fantástico Paul Giammatti llevando el peso de la función y pasando de la comedia al drama con una naturalidad y una riqueza de matices impresionante.
10/3/11
"Nunca me abandones": el deber de morir

Tercer film del director de videoclips Mark Romanek (que ya causara buenas sensaciones con Retratos de una obsesión), Nunca me abandones se estrenará en España el 18 de Marzo. Se trata de la adaptación de la novela Never let me go del escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro.
No habiendo leído la novela en que se basa el film, resulta difícil adivinar dónde acaba la obra de Ishiguro y empieza el trabajo de Romanek (y el de Alex Garland, encargado de la adaptación de la novela). Lo que sí parece claro es que el material de partida es interesante y denso, que se trata de una novela de enjundia, de autor (si me permiten la redundancia), quizá de difícil adaptación, debido al estilo parsimonioso y detallista de Ishiguro y a la mayor atención que presta a las relaciones personales y a la alegórica reflexión temática sobre una trama que acaba quedando en segundo plano.
Quizá por ello cabe destacar la subordinación de un director procedente del videoclip como Romanek a un estilo visual sobrio y un ritmo narrativo pausado, reposado, en concordancia con el estilo de Ishiguro. Claro que este escrupuloso respeto puede ser visto de forma positiva o negativa, ya que quizá se echa en falta en este aportado un cierto valor añadido por parte del director.
A traves de un extenso periodo de tiempo, el film se centra en tres alumnos de una elitista y extraña escuela llamada Hailsham, un estricto centro donde enseguida advertimos que los alumnos son tratados de forma cuidadosa, como entre algodones., y están aislados del exterior. Un día, una nueva y joven profesora, con remordimientos de conciencia, les expone abiertamente la devastadora verdad sobre su existencia. A partir de ese momento, las vidas de Ruth, Kath y Tommy, el trío protagonista, estarán marcadas, con el transcurrir de los años por la certeza de un destino fatal, por la muerte, por el miedo, la esperanza, la resignación, la impotencia y la rabia ante el fatídico significado de su existencia.
Nunca me abandones podría ser considerado un drama alegórico de ciencia ficción, donde predomina más lo primero que lo segundo. Algo así como si Haruki Murakami hubiese escrito Fahrenheit 451). Como película de ciencia ficción, el film es extremadamente minimalista. Se evoca una sociedad distópica paralela, que no futurista (el film abarca desde finales de los años 70 hasta mediados de los 90), pero apenas sabemos nada más de ella que lo que descubren los tres protagonistas cuando salen de los muros de Hailsham. Solamente parecen existir ellos, vagando solos por el mundo, y Romanek (siguiendo la novela) no se detiene a explicarnos los porqués, a darnos más datos ni detalles sobre esa sociedad que los necesarios para que el film funcione como drama. A ese nivel, la película es una alegoría, desnuda de artificios, sobre la creación y manipulación de la vida, ética científica contra progreso, una reflexión temática con ecos de “Blade Runner”. Sin embargo, donde allí había rebeldía, aquí hay aceptación sumisa de una existencia marcada p
or una fecha de caducidad.Con un planteamiento inicial que recuerda a otros films como “La Isla” (o incluso en algún pasjaje a "El Bosque", de Shyamalan), la narración está aquí guiada, sin embargo, por el trío protagonista, y sus relaciones, sentimientos y emociones es lo que a Romanek (de nuevo obedeciendo a Ishiguro) le interesa mostrar. Destacable el trabajo del trío protagonista. Keira Knightley resulta convincente y Andrew Garfield parece moverse bien, aunque de forma algo exasperante, en el papel del desvalido (algo que ya hacia de algún modo en La Red Social; la verdad es que me cuesta verlo como el nuevo Spiderman). Pero yo destacaría a Carey Mulligan en el papel de Kath (e incluso, para ser justos, a la actriz que da vida a su personaje siendo niña), aportando tormento y fortaleza, seguridad y dudas, consuelo y dolor a partes iguales.
Como leemos en el blog Lengua en Secundaria sobre la novela (y yo me permitiría extenderlo al film), “…es probable que en la estoica aceptación del doloroso deber que les aguarda se encierre la lección más perdurable de la “fábula moral” que es Nunca me abandones”.
Y sin embargo, un film que reflexiona sobre el alma humana de sus personajes, sobre la muerte como destino cercano e inexorable, y que despliega un elogiable abanico de emociones (desde la empatía hasta la rabia, pasando por el dolor, el miedo, un profundo amor, la envidia o la crueldad), no logra, sin embargo, emocionar en exceso (más allá de la dureza de su reflexión temática), quizá impregnado del estoicismo hierático de sus protagonistas y la sobriedad de la puesta en escena. Quizá aquí Romanek no consiga emular a Ishiguro. O quizá debería haberse alejado más de él. Tendremos que leer la novela.
Y es que estamos ante una interesante propuesta y un film de notable humanidad que, sin embargo, corre el peligro de quedarse a medio camino entre un drama romántico que no llega a desgarrar debido a su frialdad, y un thriller de ciencia ficción que no llegar a fascinar debido a su sobriedad.
27/12/10
Terror clásico a ciegas

Conviene no dejarse engañar por el tandem Belén Rueda – Guillermo del Toro: Los Ojos de Julia está más cerca del suspense clásico que del terror gótico, más cerca de Psicosis que de El Orfanato y todas las que la precedieron (y que siguen el esquema “viejo edificio marcado por un suceso pasado terrible, habitado por espíritus penitentes que hacen la vida imposible a el /la protagonista”).
Huyendo de alucinaciones, flashbacks y demás golpes (bajos) de efecto, propios del thriller trascendentaloide y del terror espectral-digital del nuevo siglo, Guillem Morales parte de elementos tan viejos y tan efectivos como la ceguera y el miedo a la oscuridad, y se apoya en una planificación realmente inspirada, en una fotografía grisácea, desaturada y contrastada, y en el buen uso de una banda sonora digna de mención. Con estos mimbres, Morales mantiene durante todo el metraje una inquietud sostenida por una atmósfera tán inquietante como los negros nubarrones que se ciernen en todo momento sobre el cielo de esa geografia imaginaria y universal, de unas localizaciones que remiten a muchos de nuestros miedos sin llegar nunca a la impostura.
Entendiendo el suspense como constante inquietud, y no como colección de sustos más o menos ingeniosos, Los Ojos de Julia funciona endiabladamente bien, pese a algunos agujeros del guión. Y lo hace básicamente porque su director sabe en todo momento lo que tiene entre manos, y le saca todo el jugo posible. El trabajo de cámara es en todo momento orgánico en su conexión con el tema, jugando con lo que se ve y lo que no se ve (o lo que nosotros vemos pero la protagonista no puede ver), y la fotografía crea un interesante contraste entre luces y sombras. Así, el film contiene algunas decisiones realmente acertadas, y escenas memorables, como la persecución por el pasillo al tiempo que se encienden los fluorescentes, la desapercibida huida del asesino del lugar del crimen desde su punto de vista, el desvelado de la identidad del criminal o una lucha final al ritmo de los inquietantes fogonazos de un flash, con ecos de El Silencio de los Corderos.

El apartado actoral es otro de los grandes sustentos del film. Belén Rueda lo borda, frágil y fuerte, tierna y valiente a partes iguales, en un huesudo equilibrio. Lluís Homar aporta su buen hacer, y comparte con ella momentos realmente intensos y emotivos, sobre todo durante la secuencia del viaje a esa hipotética Bellavista. Pero la revelación es Pablo Derqui, el perfecto hombre invisible,…y hasta aquí puedo leer.
Sin embargo, Los Ojos de Julia no es una película redonda. Y no lo es porque su guión denota algunas flaquezas, además de varias licencias destacables. Pese a que sería injusto restarle su parte de culpa en el suspense que recorre todo el film, y a pesar de unos buenos diálogos, el encaje de las piezas resulta, sin embargo, algo intrascendente (el papel de algunos secundarios, algún descubrimiento prescindible o los propios motivos de asesino), de modo que, una vez finalizada la función, el puzzle al completo carece quizá de la entidad suficiente para calar más hondo.
Los Ojos de Julia es, pues, un film deslocalizado y atemporal que funciona a base de escenas, de continuas ideas cinematográficas, apoyadas en una interesante fotografía, un gran desempeño actoral y una banda sonora remarcable, y cuya aparente falta de mayores pretensiones juega en su favor y en su contra. Buen cine de género, que logra inquietar y emocionar sin resultar pretencioso. Una pequeña joya, sencilla y tremedamente efectiva.
21/10/10
Peligro: extraterrestres en 10 kms.

Muchas veces, también en el Cine, menos es más. Y esta premisa la aplica a la perfección Gareth Edwards en su magnífico debut.
Aunque se haya publicitado “Monsters” como una serie B de bajísimo presupuesto, más bien habría que hablar de un low-cost de altísima calidad. El film de Edwards no tiene espíritu de serie B, ni lo pretende, sino más bien una impecable factura, casi diria hollywoodiense. Y es que el recorte de presupuesto no está en la menor calidad de sus efectos visuales (premiados en Sitges’10), sino en su sabia dosificación, pues la mayor parte del tiempo, Edwards no nos muestra a los monstruos que dan título al film, sino que nos obliga a imaginarlos. Y lo hace de maravilla, lo cual resulta en uno de los grandes aciertos del film.
Como apunta su director, su film empieza donde la mayoría de películas sobre invasiones extraterrestres acaban, con un mundo en el que los humanos cohabitan desde hace seis años con los aliens, contenidos en la llamada “zona infectada”, en la franja centroamericana, ocupando parte de Méjico y Estados Unidos.
El mismo director reconoce que el germen de la historia fue la idea de que tras la llegada de la vida extraterrestre a la Tierra, “la vida continúa, y las criaturas sólo afectan una parte del mundo”. A Edwards le pareció “interesante la idea de que [la gente] no reaccionase, como si estar rodeados de monstruos fuese una cosa natural para ellos”. Esta sensación transpira por los poros de la historia desde el primer minuto.

Entonces llega la esperada entrada e incursión en la “zona infectada”, en un segundo acto que remite (¿voluntariamente?) al Jurassic Park de Spielberg (la selva, los rugidos entre la maleza, el ataque nocturno a los jeeps, etc.). Y como allí (salvando las distancias), la tensión está creada con maestría, valiendose de la efectiva premisa de la incursión en territorio hostil y la amenaza constante. Porque esa es una de las grandes bazas del film: mientras otros juegan al susto fácil, “Monsters” pivota sobre la sensación de amenaza. Por eso, posiblemente muchos salgan decepcionados del cine. Porque aquí también hay acción (y por supuesto, monstruos), pero en general, el ritmo es pausado, la tensión contenida y el tono es incluso contemplativo en muchos pasajes. Aquí, toda la destrucción ya fue, la invasión está confirmada, y lo que queda es un poso de dolor, de devastación, de miedo, e incluso de corrupción (interesante esa reflexión sobre aquellos que arriesgan sus vidas para sacar partido del desastre).
Otro de los aciertos del film es la relación entre sus dos protagonistas, que viven una historia de amor que, en manos de cualquier otro podría haber caído en el cliché, pero que Edwards sabe dibujar con una sutileza, un intimismo y una savoir faire dignos de un cineasta más experto.
Y luego está ese final, de una fuerza callada y una poética que seguramente muchos no le perdonen tratandose de una película “de bichos”. Pero no se equivoquen: "Monsters" no es ni una serie B, ni una monsters movie al uso, "Monsters" es mucho más. Es un cruce imposible entre “La guerra de los Mundos” y "Una historia verdadera", entre “Parque Jurásico” y “Breve Encuentro”. Así que si disfrutan con el buen cine, olvidense de los prejuicios y no se la pierdan, porque no se ve cada día a un debutante como Gareth Edwards marcarse un ejercicio de personalidad de este calibre, nadando a contracorriente del género, sólo partiendo de él, para acabar entregando lo más parecido (con permiso de Shyamalan) a una "peli de extrarrerestres de autor".
¿Lo peor? Que apuesto a que los puristas del género la van a machacar.
Lo mejor, a pesar de todo lo dicho: la guapísima Whitney Able y su adorable español con acento mejicano.




