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5/8/13

Guerra Mundial Z (2013): Brad Pitt también se enfrenta a los zombis (y sigue sin despeinarse)


Once años después. Hace ya más de una década que el subgénero zombi vive una segunda juventud, desde que en 2002 Danny Boyle abrió la veda con la entonces original y sorprendente “28 dias después”. Desde entonces, hemos asistido al "Amanecer de los muertos” (Z. Snyder, 2004), hemos vivido en directo “[REC]” (J. Balagueró y P. Plaza, 2007)  y sus secuelas, he mos visto renacer la amenaza “28 semanas después” (J.C. Fresnadillo, 2007), hemos sido “Infectados” (David y Alex Pastor, 2009), y “Bienvenidos a Zombieland” (R. Fleischer, 2009). El subgénero ha conocido incluso revisiones cómico-macabras como “Zombies Party” (Simon Pegg, 2004), infantiles como “El alucinado mundo de Norman” (C. Butler, S. Bell, 2012), videogamers como la saga “Resident Evil” (2002 - ), con 'sabrosura' cubana como "Juan de los Muertos" (Alejandro Brugués, 2011) o televisivas, como “Dead Set” (2008), en la que los concursantes de Gran Hermano británico eran los únicos supervivientes de una epidemia zombi, o la exitosa “The Walking Dead” (2010 - ).


A diferencia de los clásicos zombis de George A. Romero ("La noche de los muertos vivientes", 1968 y secuelas), los zombis del siglo XXI son generalmente rápidos, rabiosos, víctimas de misteriosas epidemias víricas postmodernas con carga apocalíptica y metafórica (el consumismo imperante, la estupidez colectiva, o las fans de Pablo Alborán), y parecen más preocupados en morderte para ganar adeptos a su causa que en devorarte el cerebro. Así pues, ¿son zombis o infectados? Nadie mejor que él para dar respuesta a tan sesuda disquisición.


Z de zombis. En cualquier caso, dudo que la cuestión tuviese demasiada utilidad si nos asolase una epidemia como la que nos trae "Guerra Mundial Z". O sí, pues la misión de Gerard Lane (Brad Pitt), un ex investigador de la ONU, es descubrir el foco de la infección para encontrar la vacuna, aunque para ello sea necesario viajar de Filadelfia a Corea del Sur, y de ahí a Gales, pasando por Israel, mientras la invasión zombi lo devora todo con un apetito y una vitalidad descomunal. Todo, menos a Brad Pitt, claro, que logra salir indemne y mejor peinado que CR7 después de un partido.

Basada (parece ser que libremente) en todo un clásico de la literatura zombi, el cómic homónimo de Max Brooks (2006), y con Brad Pitt como una cara conocida, el film de Marc Forster (Monsters Ball, 2001) va directo, no se anda con rodeos. Tras una escena inicial que pone el listón de la intensidad  muy alto, queda claro lo que vamos a ver: una extraña infección está contagiando a la población mundial y convirtiendo a la gente en muertos vivientes con muy mala leche, que se amontonan para llegar adonde haga falta, como si de la inauguración de una tienda de Apple se tratase.

¡Corre que se acaban!

La mayor virtud de Guerra Mundial Z es que es endiabladamente entretenida, que no da respiro. La incansable escalada de complicaciones genera una “agradable” sensación de desesperanza durante todo el film, tensando la cuerda al máximo. Si sumamos unas brutales y megalómanas escenas de acción (Forster consigue reconciliarmehasta cierto punto con el uso de la imagen digital), y momentos de suspense muy bien conseguidos, la tensión y la diversión están aseguradas.

Sin embargo, en su contra, hay que decir que “Guerra Mundial Z”, se agota en su propio entretenimiento, pues no aporta prácticamente nada nuevo al género, ni tampoco un ápice de reflexión. Como videojuego estaría bien, pero en fotogramas, su trasfondo resulta algo escuálido. Los personajes resultan planos, empezando por el propio protagonista, sin un solo punto negro, y su preceptivo drama familiar, perfectamente eliminable del metraje. Tampoco aporta demasiado el personaje de la soldado israelí Segen (Daniela Kertesz), que acompaña durante buena parte de la película a Lane. 

Tras pasarse al terror “intimista” en el último acto, donde prima el suspense estratégico sobre la testosterona, el film acaba de forma precipitada, desaprovechando una potencial “cuenta atrás” (cuando el protagonista toma la decisión final) que podría haber brindado unos últimos diez minutos de infarto.

El film tiene momentos de “28 días después”, aunque su enfoque de la pandemia mundial (e incluso su banda sonora, cortesía de Muse), también puede recordar a una versión menos hermética de “Contagio (S. Soderbergh, 2011).

En resumen, “Guerra Mundial Z” funciona merced a su trepidante carrusel de acción y al innegable tirón del coctel Brad Pitt + Zombis, y es muy recomendable si lo que buscáis es un buen entretenimiento y/o estais infectados por la fiebre Z. En cualquier otro caso, pasad de largo.
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6/5/13

Madres de cine: mi post (tardío) para el Día de la Madre

No tengas miedo, mamá quiere lo mejor para ti...

Ya son más de las 0:00h., o sea que como siempre, voy tarde, pero al menos esta vez ha sido por una buena causa: pasar la tarde en el cine con mi madre, viendo la última de la Coixet (de la que hablaré en otro post). En fin, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, así que vaya este post a esas personas que nos dieron la vida y que se la quitarían por nosotr@s si fuese necesario. 

El cine, obviamente, está lleno de madres. Sin embargo, hoy voy a hablar de aquellos personajes femeninos famosos precisamente por su rol como progenitoras, las madres del cine, convertidas en iconos cinematográficos.

En el cine, como en la vida, las madres siempre han tenido un papel importantísimo. Aunque generalmente se relaciona el rol de madre al de abnegada luchadora por la felicidad, la seguridad, la custodia, etc. de sus hijos, no siempre (ni en el cine ni en la vida) esto es así. A lo largo de la historia del Séptimo Arte, encontramos ejemplos de todo tipo de madres, desde las más entregadas y cariñosas hasta las más terroríficas, pasando por aquellas que ejercen influencias nefastas sobre sus hijos o hijas.

"Para la mejor madre del mundo, de tu hijo que te quiere". ¡Eso sí es una sorpresa!

Primero podríamos hablar de las madres coraje, aquellas que luchan incansablemente por sus hijos o hijas y que morirían antes de renunciar a ellos o a su felicidad. Entre ellas, habría que destacar a la Christine Collins (Angelina Jolie) en ‘El Intercambio’ (‘Changeling’, Clint Eastwood, 2008), una madre de Los Ángeles, a quien tras desaparecer su hijo, se lo devolvían dándole el cambiazo, y la buena mujer no paraba hasta demostrar que no estaba loca y que no, aquel no era su hijo. 17 años antes, Sally Field había interpretado a otra madre coraje en ‘No sin mi hija’ (‘Not without my daughter’, Brian Gilbert, 1991), en la cual Betty Mahmoody, una americana casada con un musulmán y atrapada en Irán, debía luchar por escapar de allí, por supuesto, no sin su hija. También hay madrazas cuya lucha no les impide sacarnos unas carcajadas (y alguna risa amarga), como ‘Cándida’ (Javier Fésser, 2006), esa adorable señora que batalla por sacar adelante a un hijo drogadicto y a otro con graves problemas psicológicos.


También encontramos madres de miedo, como la pobre Rosemary Woodhouse de ‘La semilla del diablo’ ('Rosemary's baby', Roman Polansky, 1968), interpretada por una Mia Farrow de aspecto enfermizo y embarazada de un bebe que se convertía en objeto de deseo de extrañas fuerzas. O como Margaret White (Piper Laurie), la beata madre de ‘Carrie’, que infunde a su tímida hija más miedo que amor, y que la acaba llevando por muy mal camino (por cierto, parece ser que este año tendremos un remake, interpretado por Julianne Moore). Y es que la cosa religiosa siempre ha dado mucho juego, porque si hablamos de madres religiosas que dan ‘yuyu’ y cuyo fanatismo y carácter estricto afecta de forma nefasta al destino de sus hijas, tenemos ejemplos cercanos en Gloria (Carme Elías), la madre del Opus Dei de la fantástica ‘Camino’ (Javier Fésser, 2008) o en Erica Sayers (Barbara Hershey), la madre de Natalie Portman en la oscarizada ‘Cisne Negro’ (‘The Black Swan’, Darren Aronofsky, 2010). Otras madre de miedo son la Reina Madre de la saga ‘Alien’ la devoradora de perros de ‘Braindead, Tu madre se ha comido a mi perro’, Peter Jackson, 1992), un clásico del gore más cachondo, donde la buena señora tenía escenas de culto como esta (¡ojo, es muy repulsiva!), o la inquietante Nora Carveth (Samantha Eggar) de 'Cromosoma 3' ('The Brood', 1979), una joya primigenia de Cronenberg. Aunque quizá la madre más terrorífica e icónica del Cine sea la (falsa) madre de Norma Bates en 'Psicosis'. ¿Aceptamos barco?

Posiblemente, la madre más icónica del Cine

También encontramos un amplio grupo de lo que yo llamaría madres en conflicto, esas madres con problemas, perdidas en búsquedas internas o en traumas diversos, que muchas veces tienen que ver o afectan a sus hijos, y que encontramos generalmente en los mejores dramas. Entre ellas, cabe destacar a Joanna Kramer (Meryl Streep) de ‘Kramer contra Kramer’ (‘Kramer versus Kramer’, Robert Benton, 1979), que después de abandonar a su malcriado marido (Dustin Hoffman) y a su hijo, cuando ambos se han repuesto y se han acostumbrado a su nueva vida, vuelve para reclamar la custodia del pequeño. Un año más tarde, veíamos a otra madre disfuncional, en este caso con graves problemas para querer a su hijo, interpretada por Mary Tylor Moore, la Beth Jarret de la maravillosa ‘Gente corriente’ (‘Ordinary people’, Robert Redford, 1980). El chaval (un joven Timothy Hutton ganador del Oscar), como es normal, acababa desarrollando un montón de traumas.

Mary Tyler Moore y Timothy Hutton en 'Gente Corriente', una relación madre-hijo de lo más distante

Un ejemplo más reciente de madre en conflicto, y hasta algo inmadura me atrevería a decir, lo encontramos en la sublime ‘Nader y Simin, una separación’ (‘Jodaeiye Nader az Simin', Asghar Farhadi, 2011), en la que la que Simín, una esposa iraní, se empeña en irse de su país aunque eso implique separarse de su marido, que debe quedarse a cuidar de su enfermo padre, y llevarse a su hija consigo. 

Por último, estarían las madres calientes, de las que tenemos un buen ejemplo en ‘la madre de Stiefler’ (Jennifer Coolidge) de ‘American Pie’ (Paul Weitz, 1999), que tenía un desternillante affair con el galán Finch, uno de los patéticos adolescentes protagonistas de la saga.

Finch y la madre de Stiefler, un affair iniciático

En fin, la lista sería infinita, y habría muchas, como ésta otra, así que si queréis aportar ejemplos de vuestra cosecha para completarla, usad los comentarios, estaré encantado ;)

¡Muchas felicidades a todas las madres!
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29/7/08

El Incidente: más de lo mismo y peor








Título original: “The Happening
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Productores: M. Night Shyamalan, Sam Mercer y Barry Mendel
Música: James Newton Howard
Fotografia: Tak Fujimoto
Año: 2008
Duración: 90 min.
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Mark Whalberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sánchez

Mientras un extraño fenómeno está afectando a la población de Nueva York, y se propaga por la costa este de Estados Unidos, se produce un éxodo masivo hacia la salvación. Entre la multitud desesperada viajan el profesor de ciencias Elliot Moore (Mark Wahlberg), junto con su mujer (Zooey Deschanel), su compañero (John Leguizamo) y la hija de este (Ashlyn Sanchez). En su huida desesperada, Elliot intentará aplicar sus conocimientos científicos para entender lo que está sucediendo, además de intentar salvar el difícil momento de su matrimonio.

“El Incidente” (mejorable traducción del inglés “The Happening”) pretende ser inquietante desde su vago título. Realmente, cuando acaba el film no sabemos mucho más sobre el tal incidente, suceso o fenómeno, lo cual (por mucho que les pese a aquellos que necesitan una explicación para todo) me parece un acierto. Lo que sucede es que esta película ya la habíamos visto antes: se llamaba “Señales”, era del mismo director, y era infinitamente mejor.

En efecto, lo que allí era una (supuesta) invasión alienígena, aquí es un (supuesto) virus o reacción química o vaya usted a saber, que hace que las personas se comporten de forma destructiva. Esa vaguedad en las premisas iniciales siempre me ha parecido tremendamente acertada, y es muy propia de Shyamalan, quien prefiere mostrar lo que está sucediendo con cuentagotas, y aportar el grueso de la información mediante la radio, la televisión, o conversaciones telefónicas, videos, comentarios, etc. Es decir, más que ver lo que está pasando ahí afuera, se nos cuenta. Si lo pensamos bien, los grandes sucesos modernos que afectan a toda la Humanidad (p.e., la llegada del hombre a la Luna o el 11-S) los vivimos en nuestro hogar, y nos llegan mediante inputs de información muy variados y a veces contradictorios, que generan confusión, histeria, rumores, tópicos, leyendas, etc. Shyamalan siempre coloca la cámara delante del individuo, mientras afuera el mundo se acaba, porque le interesa más el efecto del suceso en el individuo confundido y desinformado que el suceso en sí, o que la histeria colectiva y la fanfarria de explosiones, gritos y carreras. No hay nada más terrorífico que encuadrar la mirada de alguien que mira algo terrorífico, dejando ese algo off camera. Eso es el terror psicológico.

Ahora bien, “El Incidente” recuerda demasiado a “Señales”, da toda la sensación de que el director se repite a sí mismo. Y lo que es peor, la historia carece de la fuerza de aquella (el personaje de Alma, la mujer de Moore, no aporta nada, y la crisis de la pareja resulta un tanto ridícula), Shymalan parece haber perdido el pulso y la tensión (a veces parece que intenta mantenerla mediante el melodrama lacrimógeno típicamente americano), y además hay escenas que parecen forzadas (¿es necesario y creíble que una madre que está hablando con su hija en peligro conecte el altavoz del móvil para que todos oigamos a la niña posesa?) o simplemente calcadas de “Señales” (¿el video del zoo de esta no os recuerda al de la fiesta de cumpleaños en Brasil de aquella?).

En resumen, “El Incidente” abunda, sin aportar nada, en el interesante estilo (con toques hitchcockianos) de Shyamalan, a quien habría que reconocerle al menos su particular e inquietante visión del suspense (aparte de “Señales”, “El Bosque” me parece magnífica). Sin embargo, su último film huele a cerrado, y bien le convendría a su director un poco de aire fresco, por ejemplo fuera de la maquinaria industrial y repetitiva de Hollywood, de sus paranoias post 11-S y de sus manidas lecciones religioso-morales sobre el valor, la familia, etc.
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