27/12/10

Terror clásico a ciegas


Conviene no dejarse engañar por el tandem Belén Rueda – Guillermo del Toro: Los Ojos de Julia está más cerca del suspense clásico que del terror gótico, más cerca de Psicosis que de El Orfanato y todas las que la precedieron (y que siguen el esquema “viejo edificio marcado por un suceso pasado terrible, habitado por espíritus penitentes que hacen la vida imposible a el /la protagonista”).

Huyendo de alucinaciones, flashbacks y demás golpes (bajos) de efecto, propios del thriller trascendentaloide y del terror espectral-digital del nuevo siglo, Guillem Morales parte de elementos tan viejos y tan efectivos como la ceguera y el miedo a la oscuridad, y se apoya en una planificación realmente inspirada, en una fotografía grisácea, desaturada y contrastada, y en el buen uso de una banda sonora digna de mención. Con estos mimbres, Morales mantiene durante todo el metraje una inquietud sostenida por una atmósfera tán inquietante como los negros nubarrones que se ciernen en todo momento sobre el cielo de esa geografia imaginaria y universal, de unas localizaciones que remiten a muchos de nuestros miedos sin llegar nunca a la impostura.

Entendiendo el suspense como constante inquietud, y no como colección de sustos más o menos ingeniosos, Los Ojos de Julia funciona endiabladamente bien, pese a algunos agujeros del guión. Y lo hace básicamente porque su director sabe en todo momento lo que tiene entre manos, y le saca todo el jugo posible. El trabajo de cámara es en todo momento orgánico en su conexión con el tema, jugando con lo que se ve y lo que no se ve (o lo que nosotros vemos pero la protagonista no puede ver), y la fotografía crea un interesante contraste entre luces y sombras. Así, el film contiene algunas decisiones realmente acertadas, y escenas memorables, como la persecución por el pasillo al tiempo que se encienden los fluorescentes, la desapercibida huida del asesino del lugar del crimen desde su punto de vista, el desvelado de la identidad del criminal o una lucha final al ritmo de los inquietantes fogonazos de un flash, con ecos de El Silencio de los Corderos.


El apartado actoral es otro de los grandes sustentos del film. Belén Rueda lo borda, frágil y fuerte, tierna y valiente a partes iguales, en un huesudo equilibrio. Lluís Homar aporta su buen hacer, y comparte con ella momentos realmente intensos y emotivos, sobre todo durante la secuencia del viaje a esa hipotética Bellavista. Pero la revelación es Pablo Derqui, el perfecto hombre invisible,…y hasta aquí puedo leer.

Sin embargo, Los Ojos de Julia no es una película redonda. Y no lo es porque su guión denota algunas flaquezas, además de varias licencias destacables. Pese a que sería injusto restarle su parte de culpa en el suspense que recorre todo el film, y a pesar de unos buenos diálogos, el encaje de las piezas resulta, sin embargo, algo intrascendente (el papel de algunos secundarios, algún descubrimiento prescindible o los propios motivos de asesino), de modo que, una vez finalizada la función, el puzzle al completo carece quizá de la entidad suficiente para calar más hondo.

Los Ojos de Julia es, pues, un film deslocalizado y atemporal que funciona a base de escenas, de continuas ideas cinematográficas, apoyadas en una interesante fotografía, un gran desempeño actoral y una banda sonora remarcable, y cuya aparente falta de mayores pretensiones juega en su favor y en su contra. Buen cine de género, que logra inquietar y emocionar sin resultar pretencioso. Una pequeña joya, sencilla y tremedamente efectiva.
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21/10/10

Peligro: extraterrestres en 10 kms.


Muchas veces, también en el Cine, menos es más. Y esta premisa la aplica a la perfección Gareth Edwards en su magnífico debut.


Aunque se haya publicitado “Monsters” como una serie B de bajísimo presupuesto, más bien habría que hablar de un low-cost de altísima calidad. El film de Edwards no tiene espíritu de serie B, ni lo pretende, sino más bien una impecable factura, casi diria hollywoodiense. Y es que el recorte de presupuesto no está en la menor calidad de sus efectos visuales (premiados en Sitges’10), sino en su sabia dosificación, pues la mayor parte del tiempo, Edwards no nos muestra a los monstruos que dan título al film, sino que nos obliga a imaginarlos. Y lo hace de maravilla, lo cual resulta en uno de los grandes aciertos del film.


Como apunta su director, su film empieza donde la mayoría de películas sobre invasiones extraterrestres acaban, con un mundo en el que los humanos cohabitan desde hace seis años con los aliens, contenidos en la llamada “zona infectada”, en la franja centroamericana, ocupando parte de Méjico y Estados Unidos.

El mismo director reconoce que el germen de la historia fue la idea de que tras la llegada de la vida extraterrestre a la Tierra, “la vida continúa, y las criaturas sólo afectan una parte del mundo”. A Edwards le pareció “interesante la idea de que [la gente] no reaccionase, como si estar rodeados de monstruos fuese una cosa natural para ellos”. Esta sensación transpira por los poros de la historia desde el primer minuto.

Tras un vigoroso (y “monstruoso”) arranque, el extenso primer acto nos describe la situación de forma magnífica, con los aliens como auténticos protagonistas en ausencia: vemos las consecuencias, la devastación (para ello se aprovecharon los efectos del huracán Ike sobre Galverstone, Texas), las noticias, y su efecto en la vida de la gente, mientras oímos hablar una y otra vez de la “zona infectada”. El tono intimista y descriptivo impregna el relato, como si la cámara se imbuyese de la mirada atenta y curiosa del fotógrafo Andrew Kaulder (interpretado por un interesante Scott McNeary). Reseñables las escenas del velatorio por las víctimas en el pueblo mejicano, o las reflexiones de Kaulder sobre su oficio de “fotografiar la tragedia”, frente a ese graffitti que se erige en expresión popular de un mundo marcado por la amenaza alienígena, la misma que planea magistralmente sobre el film.


Entonces llega la esperada entrada e incursión en la “zona infectada”, en un segundo acto que remite (¿voluntariamente?) al Jurassic Park de Spielberg (la selva, los rugidos entre la maleza, el ataque nocturno a los jeeps, etc.). Y como allí (salvando las distancias), la tensión está creada con maestría, valiendose de la efectiva premisa de la incursión en territorio hostil y la amenaza constante. Porque esa es una de las grandes bazas del film: mientras otros juegan al susto fácil, “Monsters” pivota sobre la sensación de amenaza. Por eso, posiblemente muchos salgan decepcionados del cine. Porque aquí también hay acción (y por supuesto, monstruos), pero en general, el ritmo es pausado, la tensión contenida y el tono es incluso contemplativo en muchos pasajes. Aquí, toda la destrucción ya fue, la invasión está confirmada, y lo que queda es un poso de dolor, de devastación, de miedo, e incluso de corrupción (interesante esa reflexión sobre aquellos que arriesgan sus vidas para sacar partido del desastre).

Otro de los aciertos del film es la relación entre sus dos protagonistas, que viven una historia de amor que, en manos de cualquier otro podría haber caído en el cliché, pero que Edwards sabe dibujar con una sutileza, un intimismo y una savoir faire dignos de un cineasta más experto.

Y luego está ese final, de una fuerza callada y una poética que seguramente muchos no le perdonen tratandose de una película “de bichos”. Pero no se equivoquen: "Monsters" no es ni una serie B, ni una monsters movie al uso, "Monsters" es mucho más. Es un cruce imposible entre “La guerra de los Mundos” y "Una historia verdadera", entre “Parque Jurásico” y “Breve Encuentro”. Así que si disfrutan con el buen cine, olvidense de los prejuicios y no se la pierdan, porque no se ve cada día a un debutante como Gareth Edwards marcarse un ejercicio de personalidad de este calibre, nadando a contracorriente del género, sólo partiendo de él, para acabar entregando lo más parecido (con permiso de Shyamalan) a una "peli de extrarrerestres de autor".

¿Lo peor? Que apuesto a que los puristas del género la van a machacar.

Lo mejor, a pesar de todo lo dicho: la guapísima Whitney Able y su adorable español con acento mejicano.

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14/10/10

Se estrena "Embrión", debut en el largo de AVED, productora de Arma Blanca


A pesar de la difícil situación de la industria cinematográfica, la pequeña productora barcelonesa AVED (que también se encarga de la producción de mi corto Arma Blanca) consigue estrenar comercialmente Embrión, ópera prima de Gonzalo López. El film es un remake de un film japonés de Koji Wakamatsu. La proyección tendrá lugar el próximo día 15 de Octubre a las 20:00 h en los cines Maldà, en la calle Pi número 5 de Barcelona.

Embrión nos presenta un drama teñido de violencia, sexo y política, donde se desatará la lucha entre ideales y sentimientos. Carlos, interpretado por Sergio Bernal y Jenny, interpretada por Mariona Tena, protagonizan el film. Embrión nos sitúa en un sábado noche cualquiera. Jenny encuentra a Carlos en un bar, y éste la invita a tomar una última copa en su piso. Lo que en principio parece un ligue de fin de semana pronto se convierte en una pesadilla cuando Jenny descubra la verdadera intención de Carlos: secuestrarla. Ese será el inicio de la catarsis para ambos personajes, donde ideales y sentimientos encontrados cambiarán sus vidas para siempre.

El film nace como resultado del esfuerzo e ilusión de un equipo muy joven. Con tan solo un presupuesto de 15.000 €, Embrión consigue el estreno comercial por méritos propios. El film inició su trayectoria tres años atrás en la sección Noves Visions del Festival Internacional de Sitges ‘08. Tras su paso por distintos festivales, vuelve a Barcelona con el premio a la mejor actriz en el Kimera Film Festival de Italia.

Embrión es el primer largometraje tanto para el director, Gonzalo López, como para AVED, una pequeña productora de Barcelona, integrada por profesionales de distintos ámbitos y con una media de edad muy joven. AVED está encabezada por Javier Rueda, también autodidacta, con larga experiencia en la dirección, el guión, la dirección de fotografía y la Steady-cam. Cuenta, además, con la participación como jurado en festivales Internaciones, como por ejemplo Sitges ’05.

Desde aquí, os animo a todos a asistir al estreno, que espero que sea todo un éxito.
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31/5/10

"Casa de Arena y Niebla" o las razones de mi enemigo


Debut en la dirección del cineasta de origen ruso Vadim Perelman, estamos ante un intenso drama en torno a la lucha por una propiedad, la casa de arena y niebla que da título al film. Su premisa y desarrollo recuerdan a la también interesante “Al límite de la verdad” (Changing Lanes, 2002). Como en aquella, aquí no tenemos a un protagonista y un villano, sino a dos personajes buenos en esencia, y sin embargo enfrentados por un conflicto de intereses. Y como en aquella, esos dos personajes, empujados por sus intereses contrapuestos, pero sobre todo por sus emociones y un creciente “encabronamiento”, van chocando durante todo el film para acabar destrozándose mutuamente.


Mas allá de la devastadora lucha por dicha propiedad, el film habla de la mezquindad inherente al ser humano contemporáneo cuando de intereses economicos se trata, sobre todo cuando a quien tenemos enfrente es a un desconocido, especialmente si proviene de otra cultura. También del arraigo perdido, y del intento por recuperarlo, simbolizado en esas cuatro paredes: Kathy Nikolo (Jennifer Conelly) intenta recuperar su casa, que le ha sido embargada debido a un error administrativo, pero también a su desordenada vida:


- Le han enviado varias notificaciones de embargo

- No abría las cartas…


Por su parte el Coronel Massoud Amir Behrani (interpretado por el siempre fiable Ben Kingsley) y su familia intentan recuperar la estabilidad en un hogar, muy lejos de su Iran natal, de donde se encuentran exiliados. Ambas partes se enfrentan cuando el coronel compra la casa que el condado ha embargado a Kathy, en un principio, con la intención de especular y sacar el dinero que necesitan para vivir con el status que creen merecer.


Quiza uno de los puntos mas llamativos del film es el intercambio de papeles entre los dos protagonistas: Behrani, el foraneo, el extraño perteneciente a otra cultura, que en principio parece llamado a ser el antagonista de Kathy, resulta ser finalmente el personaje mas centrado de toda la función, y partiendo de su imagen de patriarca altivo, frío y autoritario, se va humanizando conforme el film se desarrolla, para acabar mostrándose como un hombre de valores férreos pero digno y lleno de nobleza, al igual que su familia.


Enfrente tenemos a Kathy Nikolo, una mujer frágil y perdida (un “pájaro herido”, como la define el mismo coronel) tras ser abandonada por su marido y acabar en las drogas, que intenta desesperadamente recuperar su casa, como símbolo de su propia vida, que parece haber tirado a la basura en los últimos meses. Sin embargo, en una posición mucho más frágil que su adversario, no logra reponerse durante todo el film, y tan solo viene a demostrar algo de dignidad tras el terrible desenlace. Su desesperación será la que mueva el film y sacuda los cimientos de la estable y plácida nueva vida del coronel y su familia, pero también la del agente de policía del condado Lester Burdon, un hombre casado que se enamora de ella y acaba perdiendo el mundo de vista, hasta convertirse, en su intento de ayudarla, en el desencadenante del trágico final.


El guión, basado en la novela de Andre Dubus III, es mas que correcto, al más puro estilo hollywoodiense, en el que no hay una escena que no haga avanzar la trama, y que va sembrando detalles, algunos cargados de simbolismo, que más tarde irá recogiendo (las pastillas, el te, el “balcón de viuda”, etc.), y propiciando momentos de una gran intensidad narrativa, como cuando Kathy se convierte en fortuita invitada de unos desconocidos en la que hasta hace unos dias era su casa. Sin embargo, el libreto peca también a veces de ciertos tics del cine americano, como algunos subrayados innecesarios. Por ejemplo, en su desenlace, demasiado explícito y peripatético, que quizás hubiese requerido mayor sutileza.


Pero por encima de todo, brilla la encomiable apuesta del film de Perelman por explicar un conflicto, con tintes de choque cultural, sin tomar un partido claro, mostrando siempre las razones del otro, simplemente exponiendo los motivos que, como en la vida misma, los llevan irremediablemente a enfrentarse.


En resumen, un muy interesante film, con una buena premisa, un notable guion y un excelente duelo interpretativo (aunque Connelly y Kingsley apenas comparten varios planos), que con una mejor fotografía y una dirección menos académica y más atractiva, podría haber sido mucho mas interesante.

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18/2/10

Camino (2008): '¿Quieres que rece para que tu también te mueras…?'


Goya a la mejor película en 2009 y gran triunfadora de la ceremonia del año pasado, “Camino”, es una de esas películas cuyo primer visionado (y único, por ahora) me produjo sensaciones encontradas. Sin embargo, no todas iban exactamente en la dirección que el film de Javier Fésser pretendía, ya que éste se puede analizar desde dos enfoques que funcionan de forma irregular: el emocional, y el del debate que pretende plantear.

En cuanto a lo primero, la capacidad de emocionar, no se le puede negar su tremenda eficacia. Servidor, desde “Los Puentes de Madison” (C. Eastwood, 1995), no había necesitado tanto el pañuelo viendo una película. Ya de entrada, el argumento (inspirado en un hecho real) de esa niña criada en un entorno extremadamente religioso y convertida por ese mismo entorno casi en mártir debido a su enfermedad degenerativa, resulta tremendamente trágico. A ello se une la estructura y tono que utiliza Fésser, fragmentando el relato convencional mediante unos fascinantes pasajes fantásticos (aunque a veces demasiado extensos y subrayados en exceso) , para transmitirnos las ensoñaciones, ilusiones y miedos de la niña, y cuya fotografía y efectos especiales nada tienen que envidiar a muchos films americanos. Son estos momentos oníricos, provocados por su enfermedad y por el amor imposible que Camino siente por su compañero Jesús (el paralelismo religioso resulta algo efectista) los más emotivos del film, los que mas mueven a la lágrima.

Y es que es tan bella esa niña, esta tan llena de vida y tan bellamente retratada, con sus ilusiones, y sus miedos, que es difícil que al espectador, sabedor del trágico desenlace final (que Fesser se encarga de anticiparnos al principio), no se le haga un nudo en la garganta al contemplar tanta belleza. Mención aparte de dicha belleza, es imposible no referirse también al inmenso talento que demuestra ese “animal cinematográfico” de solo diez años llamada Nerea Camacho. El resto del casting, por su parte, también realiza un trabajo espléndido, con especial atención a los padres de la niña (Carme Elias y Mariano Venancio).

Por otro lado, la dirección de Javier Fesser es prácticamente perfecta, colocando la cámara siempre en el lugar adecuado para transmitir lo que pretende, a veces frialdad, a veces desconcierto, otras temor, y la mayor parte de las veces una belleza sublime, sobretodo en los pasajes oníricos.

Todo ello, unido a una eficaz banda sonora, contribuye a elevar el volumen emocional de la cinta hasta extremos sublimes, y sin embargo, quizá demasiado obvios y excesivos, como por ejemplo (*** spoiler***) con la innecesaria muerte del padre, o con el estirado epílogo tras la muerte de Camino, por ejemplo, “rimando” cada detalle de la escena de apertura con la de la obra de teatro del colegio. Aquí, tras elevar al infinito el volumen emotivo, Fésser da la sensación de haberse dejado encendido el subwoofer emocional, y no precisamente por descuido, hasta llegar a empalagar, a pesar, eso si, de conservar intacto el tono y la belleza de las imágenes. Esa negativa a cerrar a tiempo una historia redonda y arrastrarse en busca de un final cansino, sucedía también en otro maravilloso film, “Cándida” (2006), de Guillermo Fesser, con guión también de su hermano Javier.


En cuanto a la dimensión temática, sin llegar a posicionarse descaradamente, sino más bien con mucho estilo, el film sí resulta, a mi entender, algo tramposo. A raíz del debate por el retrato que el film hace del Opus Dei, el propio director comentaba que todo lo que aparece en el film es estrictamente cierto y obedece a una rigurosa documentación. No lo pongo en duda, y no siento precisamente simpatía por esta orden religiosa. Sin embargo, sorprende la extremadamente férrea voluntad de todas esas personas, empezando por la propia madre de la niña, para acatar los designios del Señor, y no flaquear ni un ápice a pesar de que es su propia hija la que se está degradando día tras día en la cama de un hospital. A veces incluso dan gracias a Dios por ello. El comportamiento de dichos personajes (en especial también los cargos religiosos que aconsejan a los padres), parece como mínimo sospechoso de estar llevado al extremo, lo que convierte un supuesto debate temático en una representación algo maniquea de la lucha entre la vida y la supuesta voluntad de Dios.

En resumen, un film inmensamente conmovedor, de fantástica factura, que no resulta perfecto por su empeño en jugar demasiado fuerte sus inmejorables cartas, un polémico drama de inmenso potencial emotivo, tan efectista como efectivo, gracias a una excelente factura técnica y artística y, debates a parte, digna merecedora de un Goya.
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11/2/10

Está llegando el "Arma Blanca"...


Aunque lleva algún tiempo en stand by, debido sobre todo a problemas de agenda (es lo que tiene no poder trabajar en lo que a uno le apasiona, sino en cualquier otra cosa), podemos decir que mi primer corto, "Arma Blanca" ya comienza a vislumbrarse a lo lejos.

Se trata de un thriller de suspense, basado en un guion propio, y producido por AVED

Espero poder traer nuevas y buenas noticias pronto.
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4/2/10

Celda 211: thriller patrio comercial y de calidad


Todos aquellos que abominan del cine español sin haberse molestado en indagar mas allá de Almodovar, Amenabar (y por si abominar de ello no fuera ya suficiente pecado), y prescindibles experimentos comerciales del tipo “Mentiras y Gordas” o “Los Managers” o “Spanish Movie”; todos aquellos que sólo hablan del cine español para criticarlo cuando se estrena algún bodrio patrio, e incluso aquellos simplistas que no entienden que nuestra filmografía tiene tantas películas buenas como malas, al igual que sucede en Hollywood (solo que en menor número de unas y otras); todos ellos deberían ser encerrados durante dos horas en la Celda 211, a ver si así son capaces de percibir las constantes vitales de “el otro” cine español: el de calidad.

El film de Daniel Monzón es sencillamente, uno de los mejores thrillers de los últimos tiempos, y sí, se trata de una película española. El planteamiento inicial es tan simple como bien hallado, y posee todo el potencial narrativo del mejor cine de accion americano. Un funcionario de prisiones se ve atrapado en un motín en su primer día de trabajo. Como ningún recluso le conoce, intentará hacerse pasar por un preso recién llegado al penal para salvar el pellejo, habiendo de colaborar con los amotinados. Sencillamente genial.

El arranque es directo, sin contemplaciones, y de repente nos vemos inmersos en una situación que mete al espectador de lleno en la película. Pero no sólo eso: este gran planteamiento inicial es sustentado después por un sólido guión que va desenredando poco a poco un argumento de los que enganchan, que se mueve entre la trama político-carcelaria y la peripecia de Juan, a medida que también conocemos a Malamadre, el auténtico motor de la historia, un peligroso recluso cuya potente incorporación por parte de un inmenso Luis Tosar lo convierte en unos de esos personajes llamados a quedar en el imaginario popular. Destaca también la revelación del desconocido Alberto Ammann, en el papel del otro protagonista, Juan Oliver, el funcionario atrapado en la prisión, que se verá obligado a convertirse en otro amotinado más, e incluso a compartir liderazgo con Malamadre, mientras intenta colaborar, en un trepidante juego a dos bandas, con las fuerzas de seguridad en el exterior.

Por detrás de ellos, un elenco de muy buenos actores, entre los que servidor destacaría la labor de Carlos Bardem, en su enésimo papel de mafiosete sudamericano, en este caso dando vida, con un mas que creíble acento colombiano, al “Apache”, uno de los poco confiables secuaces de Malamadre.

Además de ser trepidante, la trama adquiere también tintes sociales, en su denuncia de la situación de los presos en las cárceles españolas, e incluso políticos, como el detalle (capital para la trama) de los presos etarras inteligentemente utilizados como rehenes por los amotinados, debido a las implicaciones que su muerte podría suponer hacia el terrorismo vasco.

Por poner algunos peros, considero que pese a su impresionante planteamiento, en mi opinión el ritmo y la verosimilitud comienzan a flaquear hacia mitad del metraje. A raíz de esa escena, un tanto forzada e inverosímil, de la batalla campal en el exterior de la cárcel, el interés pasa a centrase más en la agresión sufrida por la mujer de Juan, y en las consecuencias, también algo llevadas al extremo, que ésta tiene en el devenir de los acontecimientos.

Por otro lado, la fotografía y el montaje resultan mejorables (en eso aún queda mucho que aprender de los americanos), y choca la extraña y exasperante interpretación de Manuel Morón (un secundario por el que tengo especial devoción), como el patético e inoperante negociador.
Manchas éstas que restan algo de nota, pero mantienen intacto el interés de la propuesta: demostrar que se puede hacer (buen) cine de género en nuestro país.
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