Mostrando entradas con la etiqueta 2007. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2007. Mostrar todas las entradas

25/7/12

'Cómo ganar una Palma de Oro en Cannes', por Cristian Mungiu


Hace tiempo que vi esta peli en la tele. Debía ser en La 2, porque esta peli es muy de La 2. Y eso que a mi me gustan las pelis de La 2, e incluso si pillo algún documental de animales lo veo. Soy un tipo sensible, concienciado, creativo y tal. Pero el film de Mungiu transita peligrosamente sobre la linea que separa el cine de autor comprometido de la estafa. Convierte el cine de autor en una fórmula, en un género. Puedo ser benévolo y pensar que sus largos planos y sus silencios sirven para crear un ambiente malsano y subrayar el aislamiento. Pero tambien puedo ser malvado y pensar que sirve para estirar el escaso material dramático y darle un barniz de auteur.

-          Oye, que no tengo suficiente trama…
-          Tranqui, que la estiro a base de planos sostenidos y silencios eternos.
-          Pero es que tampoco tenemos un buen final.
-          No te agobies, cortamos la película por cualquier punto, tras otro plano sostenido y otro silencio eterno, que eso siempre deja al espectador pensando.
-          Fijate, lo que sí me gusta es que tenemos es un tema potente, el aborto ilegal, y la voluntad de retratar cierta problemática social
-          Sí, sí, eso está muy bien, pero a mi lo que me interesa es lo truculento del asunto, aquí se trata de provocar, de escandalizar, tronco. Ya estoy viendo un largo plano sostenido del cirujano (que es importante que sea un tipo como muy seco y desagradable, si no no funciona) metiéndole el brazo hasta el tuétano a la chavala para matar (ojo que esto es fuerte, ¿eh? “matar”) al feto. Y luego va ella, y pasando de lo que le ha advertido el tipo ese, va y lo tira…agárrate, ¡por el vater! ¡Esto triunfa en Cannes fijo!

Y así fue como Mungiu se la metió doblada a todo el gafapastismo crítico de Cannes y se llevó la Palma de Oro. 

Lo único salvable: que sale Vlad Ivanov, el mafioso ruso Traian de 'Crematorio'. Y eso ya es mucho…
Leer más... Leer más...

28/7/08

Death Proof: extraño híbrido tarantinesco

Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Productores: Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, Erica Steinberg, Elisabeth Avellán
Fotografía: Quentin Tarantino
Montaje: Sally Menke
Vestuari: Nina Proctor
Duración: 114 min.
Año: 2007
Nacion. (idioma): USA (inglés)
Intérpretes: Kurt Russell, Sidney T. Poitier, Vanessa Ferlito, Rose McGowan, Tracey Thoms, Rosario Dawson, Zoe Bell

Como autor de culto que es, cualquier película de Tarantino se presta a un doble análisis: como película en sí misma o como una pieza dentro de su filmografía. Sin embargo, puesto que, sin ser totalmente profano en la materia, tampoco soy un gran entendido en cine tarantinesco, sería pretencioso y falaz redactar aquí una tesis sobre en qué estrato de su obra se sitúa su último film, así que intentaré analizar "Death Proof" como obra individual. La tarea no es fácil, porque cada pieza de la filmografía de Tarantino comparte con las demás tantos referentes que, en cierto modo, acaba perdiendo entidad en sí misma.

Y es que, a poco que hayamos visto simplemente "Pulp Fiction" o "Jackie Brown", sería fácil identificar ya desde el primer plano del filme (esos pies de mujer con las uñas pintadas, sobre el salpicadero de un coche), que estamos ante una película de Quentin Tarantino. La escena que abre el film es otra de esas de manual tarantinesco: una larguísima conversación en la que se van solapando diálogos ingeniosos (por cierto, ¿alguien puede contar las veces que se dice fuck o fucking?) que, sin embargo apenas tendrán relevancia en la futura trama. Es decir, Vincent y Jules discutiendo sobre cuartos de libra o masajes en los pies (los pies femeninos, ese fetiche recurrente) mientras se dirigen a ajusticiar a unos pobres desgraciados. Esto sucedía hace 13 años en la genial "Pulp Fiction" (1994), pero el bueno de Tarantino se empeña en repetirse una vez tras otra.


Precisamente Pulp Fiction (en mi opinión, junto a "Reservoir Dogs", sus mejores películas y las más frescas) revolucionó las estructuras narrativas clásicas, y desde entonces Tarantino ha hecho de ello otra de sus señas de identidad. Es por ello que "Death Proof", más que en un planteamiento, nudo y desenlace, se estructura en dos capítulos: el primero es oscuro, misterioso, tiene mucho estilo y contiene también muchos guiños al ideario tarantinesco: el homenaje a los dobles y a la serie B setentera norteamericana, ese lap dance (impresionante esa belleza de rasgos duros llamada Vanessa Ferlito) que tanto recuerda al mítico baile de Salma Hayek en "Abierto hasta el Amanecer", etc. Aquí se nos presenta a Mike “el Doble”, un tipo peculiar y misterioso que luego resulta ser un psicópata del volante. Interesantísimo, terrorífico y cautivador personaje interpretado genialmente por un maduro y desgastado Kurt Russell, en lo que es el capítulo tétrico del film.

La segunda parte de la historia es más colorida y lúdica, y a mi entender carece de la fuerza y el dramatismo de la primera. Es aquí donde "Death Proof" comienza a perder fuelle. Aquí apenas hay misterio, y la única tensión proviene de una larguísima y trepidante escena de persecución sobre ruedas (continúa el homenaje a los dobles y a los coches, e incluso me atrevería a decir que a… ¿"Mad Max"?), en la que el otrora temible Mike “el Doble” acaba siendo un patético loco del volante que da con la horma de su zapato, y la historia del cazador cazado acaba con un festín de violencia gratuita muy al estilo Kill Bill.

En fin, una ensalada de chicas atractivas e irreverentes, y potentes coches. Una primera hora de homenaje, quizá el menos disimulado, a los referentes setenteros del director, que se tuerce después hacia una segunda parte tremendamente decepcionante, con un cierre tan delirante (y falto de todo estilo) que sólo podría permitirselo alguien como Tarantino.
Leer más... Leer más...

"La Soledad": lección de "cinema - verité"

Dirección: Jaime Rosales
Guión: Jaime Rosales y Enric Rufas
Producción Ejecutiva: Maria José Díez
Dirección de fotografía: Oscar Durán
Montaje: Nino Martínez Sosa
Casting: Sara Bilbatúa
Vestuario: Asun y Eva Arretxe
Duración: 128 min.
Año de producción: 2007
Nacionalidad (idioma): España (castellano)















Sinopsis

Adela (Sonia Almarcha) es una mujer separada y madre de un bebe. Su relación con su ex marido, Pedro (José Luís Torrijo), no es del todo mala, excepto por los problemas económicos de éste, que no puede pasarle la pensión. Agobiada, decide marcharse a Madrid, busca un trabajo de azafata y comparte piso con Carlos e Inés.

Por su lado, Inés (Miriam Correa) es una de las hijas de Antonia (Petra Martínez), madre también de Nieves y Helena, y dueña de un pequeño supermercado de barrio. Antonia lleva una vida tranquila junto a su nueva pareja, Manolo (Jesús Crecio), un hombre sencillo y atento con ella, e intenta mantener la unión y el buen ambiente entre sus tres hijas. Pero varios acontecimientos sacarán a la luz las miserias y los intereses que se esconden bajo las apariencias.

Adela, por su parte sufrirá un duro golpe que hará tambalear su vida, y su decisión de dejar su pueblo para vivir en la capital.



“La Soledad” es una de esas películas ante las que cualquier espectador con una pizca de sensibilidad no puede quedarse indiferente. Jaime Rosales consigue transmitir tantas emociones calladas, tantas frustraciones, tanta soledad que su película resulta tremendamente dura bajo su apariencia tremendamente pausada.

Lo primero que llama la atención del film es lo que el mismo director llama la “polivisión”, es decir, la pantalla dividida en dos reflejando dos puntos de vista de un mismo espacio, de una conversación, etc. Alrededor del 30 % del metraje está rodado así. Pero no se asusten, el experimento no resta protagonismo a la acción, es más, se mezcla con ella de forma que al final se hace casi imperceptible, e incluso refuerza el mensaje, esa sensación de aislamiento vital, como cuando vemos simultáneamente lo que sucede en dos habitaciones contiguas.

Pero esta no es la única aportación técnica del film. Lo que, a mi entender es más destacable y rompedor aún que la “polivisión” es la extrema frialdad con la que Rosales aborda la planificación. Su cámara siempre mira desde lejos, a una distancia que refleja la soledad en la que están inmersos los personajes. Además, no hay en el film ni un solo movimiento de cámara: todo son planos fijos y sostenidos (con pantalla dividida o sin ella), que responden a la mirada serena y observadora del director.

Mención aparte merece el trabajo actoral, que (apoyado, suponemos, en unos diálogos y una dirección de actores excepcional) resulta de lo más natural y cercano visto en muchísimo tiempo. Cada frase, cada silencio, cada inflexión o entonación, cada tópico traspasa la pantalla porque forma parte del lenguaje de la vida misma. En este apartado destaca sobremanera la actuación de Petra Martínez, en su papel de Antonia, la piedra angular sobre la que gira todo el film. Su interpretación de esa madre sufrida, paciente, conciliadora, que debe hacer equilibrios para mantener a sus hijas unidas, es sencillamente enorme.

“La Soledad” es Cine con mayúsculas, una película original y suavemente rompedora a nivel técnico, merecedora con creces (aunque esto de los premios y el arte siempre es relativo) del Goya 2008 a la mejor película, pese a no contar con el aparato mediático de otras. Una melodía de cadencia cansina y desengañada, una lección sobre la vida y las relaciones, que sólo disgustará a aquellos (pobres engañados) que creen que una película “lenta” es sinónimo de “mala” o "aburrida", sin comprender que cada temática exige su tono, su color y su ritmo.
Leer más... Leer más...