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25/7/12

'Cómo ganar una Palma de Oro en Cannes', por Cristian Mungiu


Hace tiempo que vi esta peli en la tele. Debía ser en La 2, porque esta peli es muy de La 2. Y eso que a mi me gustan las pelis de La 2, e incluso si pillo algún documental de animales lo veo. Soy un tipo sensible, concienciado, creativo y tal. Pero el film de Mungiu transita peligrosamente sobre la linea que separa el cine de autor comprometido de la estafa. Convierte el cine de autor en una fórmula, en un género. Puedo ser benévolo y pensar que sus largos planos y sus silencios sirven para crear un ambiente malsano y subrayar el aislamiento. Pero tambien puedo ser malvado y pensar que sirve para estirar el escaso material dramático y darle un barniz de auteur.

-          Oye, que no tengo suficiente trama…
-          Tranqui, que la estiro a base de planos sostenidos y silencios eternos.
-          Pero es que tampoco tenemos un buen final.
-          No te agobies, cortamos la película por cualquier punto, tras otro plano sostenido y otro silencio eterno, que eso siempre deja al espectador pensando.
-          Fijate, lo que sí me gusta es que tenemos es un tema potente, el aborto ilegal, y la voluntad de retratar cierta problemática social
-          Sí, sí, eso está muy bien, pero a mi lo que me interesa es lo truculento del asunto, aquí se trata de provocar, de escandalizar, tronco. Ya estoy viendo un largo plano sostenido del cirujano (que es importante que sea un tipo como muy seco y desagradable, si no no funciona) metiéndole el brazo hasta el tuétano a la chavala para matar (ojo que esto es fuerte, ¿eh? “matar”) al feto. Y luego va ella, y pasando de lo que le ha advertido el tipo ese, va y lo tira…agárrate, ¡por el vater! ¡Esto triunfa en Cannes fijo!

Y así fue como Mungiu se la metió doblada a todo el gafapastismo crítico de Cannes y se llevó la Palma de Oro. 

Lo único salvable: que sale Vlad Ivanov, el mafioso ruso Traian de 'Crematorio'. Y eso ya es mucho…
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21/2/12

Drive (2011): un genial Ryan Gosling conduce una de las pelis de culto del año pasado


Varias cosas hacen de Drive una de las películas más estimulantes de los últimos tiempos, y casi todas tiene que ver con la arriesgada apuesta de Winding Refn de ir a contracorriente del cine actual e incluso del propio genero: su homenaje al heroe romántico, su apuesta por los silencios, su puesta en escena pausada, estilizada e hipnótica, y cierta (sólo cierta) estética ochentera, básicamente en su banda sonora y sus títulos de crédito. Todo ello conforma lo que se ha llamado un ejercicio de neonoir, y explica su encumbramiento instantáneo (quizá algo exagerado) como peli de culto.

Habrá quien piense que ese conductor sin nombre interpretado por Ryan Gosling es demasiado plano, y no le faltará razón: apenas sabemos nada de él (ni siquiera su nombre) y su gesto hierático y sus silencios parecen una barrera infranqueable para llegar a conocerle. Sin embargo, a veces es preferible saber poco de un personaje y quedarse con ganas de saber más de él (algo que parece que sí sucede en la novela de James Sallis, adaptada por Hossein Amini), que saberlo todo de otros personajes carentes de interés que pueblan las pantallas hoy en día.

Y es que ‘Drive’, lejos de esa corriente de la narrativa que dice que los personajes deben mostrar su interior, deben evolucionar y ‘aprender’ algo por el camino, parece beber de la tradición del héroe de acción pétreo, de ese romanticismo del tipo duro de toda la vida incapaz de cambiar, y me recuerda particularmente a la figura del cowboy, condenado por su propia naturaleza solitaria y su incapacidad para establecer relaciones exentas de violencia, o hasta cierto punto al mítico guardaespaldas interpretado por Kevin Costner en el film de los 90, ese tipo duro emocionalmente disciplinado, que arrastra un tremendo trauma de romper todo lo que toca, o incluso a un Dexter menos amable y sin una voz en off que nos ayude a comprenderle. Eulàlia Iglesias, en Cahiers du Cinema, aporta algo más de luz a la impenetrable psicología de este conductor, cuando habla de su “insospechada capacidad para la agresividad y el retraimiento de quien se sabe condenado por ello”. Su hieratismo es como un esfuerzo de contención, como un intento de evitar que el escorpión que lleva en la chaqueta (un icono pop fílmico desde ya) lance su picadura mortal sobre la rana.

La relación que establece con Irene (Carey Mulligan, ahora en 'Shame') también puede parecer plana, poco desarrollada y algo arquetípica, pero hay algo que la hace especial: se dicen más con los silencios que con las palabras. Y eso hoy en dia, es mucho decir.

Hay besos que hacen perder la cabeza...

Mención aparte merece la maravillosa, casi lynchiana, puesta en escena de Winding Refn. En los tiempos de The Fast & the Furious, Transporter, y todas sus adrenalíticos (y estúpidos, con perdon) sucedáneos, la primera escena de Drive es un tutorial sobre cómo generar tensión sin quemar tanto carburante, usando tanto el cerebro y la pausa para construir una escena de acción (se diría que interior) como el mismo conductor para escapar de sus perseguidores. A continuación, unos títulos de crédito al ritmo de sintetizadores (genial la BSO, que podeis escuchar aquí), para un film que se queda con lo mejor de la (a veces muy hortera) estética ochentera y la estiliza. Tiene ‘Drive’ cierta cualidad hipnótica que me encanta (¡esas escenas de acción en un sordo ralentí!), y que debe mucho también a la excelente fotografía de Newton Thomas Sigel .

Sin embargo, no les falta a los que critican el film de Winding Refn por su violencia gratuita. No nos engañemos, así como el éxito de Pulp Fiction se debió, entre otros muchos factores, a su violencia tan estilizada y desdramatizada, Drive ganará muchos adeptos por la misma razón. Los baños de sangre cool (si tienen cierto poso existencial, como en este caso, mejor), suelen gustar. Pero en mi opinión, era innecesaria tanta sangre fácil que, si por un lado subraya la ‘naturaleza fatalmente violenta’ del protagonista, a veces está fuera de lugar (¡¡atención, spoiler!!): ¿es coherente que un villano al que se pretende humanizar mediante la duda, la comprensión y el remordimiento le clave un tenedor en el ojo y apuñale en la garganta a un secuaz para eliminar un testigo? ¿Desde cuando un crimen estratégico es pasional? Sí, la escena del ascensor mola mazo, pero ¿realmente le reventaríamos el cráneo a pisotones a un enemigo ante la chica de nuestros sueños, sin pensar que podríamos llegar a asustarla un pelín? Es en estas incoherencias donde se le ve el plumero a Winding Refn en su (innecesario) intento de que su peli sea todavía más ‘molona’ o impacte más por la vía sangrienta.

¿Es Walter White? ¡No, es el genial Bryan Cranston!

En cuanto al reparto, Gosling está excelente logrando expresar mucho con muy poco,Carey Mulligan se defiende bastante bien, y el elenco de secundarios es genial: Albert Brooks da auténtico pavor en su cambio de registro como un villano tan humano como cruel. Los años le sientan muy bien al simiesco Ron Perlman, y para acabar de flipar, sale el sublime Bryan Cranston (¿pero dónde ha estado este hombre escondido hasta que empecé a ver Breaking Bad?), lo cual es para mi todo un evento en sí mismo.

En mi opinión (si algo ha suscitado este film ha sido opiniones de todo tipo) estamos ante una estimulante mezcla de muchas influencias (su homenaje al llanero solitario, al cine de persecuciones al volante, al pop ochenteno, a la estética Lynch, su gore à la Noé), donde, en lugar de resultar en un pastiche, el todo es mucho más que sus partes, conformando uno de los mejores y más sólidos ejercicios de estilo a contracorriente de los últimos tiempos
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