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12/2/13

Hichcock (2012): una mirada al universo Hitchcock más juguetona que profunda


Al igual que el ‘Lincoln’ de Spielberg, el esperado film de Sacha Gervasi (su debut en largometraje, tras el exitoso documental 'Anvil'), se centra en un momento crucial en la biografía del personaje que retrata. ‘Hitchcock’ muestra al maestro del suspense y su relación con su esposa durante el rodaje de su obra maestra ‘Psicosis’. De hecho, adapta libremente el libro 'AlfredHitchcock and the making of Psicho', de Stephen Rebello. La adaptación corre a cargo de John McLaughlin, coguionista de ‘Cisne Negro’.

El film nos muestra a un Hitchcock en la cima de su carrera (la película empieza en 1959, en el estreno de 'Con la muerte en los talones'), pero con la sensación de haberse dejado encasillar. “Me han metido en un ataúd, y ahora quieren clavar la tapa”, dice, saliendo de los estudios. 'Hitch' tiene la férrea voluntad de reinventarse a sí mismo y por ello se empeña en adaptar, para sorpresa de todos, el escabroso libro de Robert Bloch 'Psycho', inspirado en el mítico asesino Ed Gein (semilla, pues, de Norman Bates, aquí interpretado por un muy parecido James D'Arcy). O sea, estamos ante la adaptación cinematográfica de un libro sobre la adaptación al cine de otro libro, inspirado a su vez en un personaje real que sirvió de inspiración para géneros como el de los asesinos en serie o el slasher (por ejemplo, "La matanza de Texas", Tobe Hooper, 1974). Toma retruécano.

El actor elegido para dar vida a Hitchcock es otro peso pesado británico como Anthony Hopkins. Como Day-Lewis en ‘Lincoln’, Hopkins se funde con Hitchcock hasta desaparecer bajo el aparatoso maquillaje (nominado al Oscar, junto con el vestuario). Hopkins recrea magistralmente la figura (su silueta, su típica pose), pero el parecido no es excesivo, y más bien da la sensación de que estamos ante una caracterización paródica a lo 'Polonia'. Juzguen ustedes mismos:


Igualmente esperada era la presencia de la diva Scarlett Johansson para interpretar a Janet Leigh, aunque cabe decir que su personaje es secundario, apenas tiene un peso específico en la historia, y el film más bien muestra su buena relación con Hitchcock durante el rodaje, a pesar de la tendencia del director a controlar a sus actrices principales.
Además de centrarse en el rodaje de ‘Psicosis’, ‘Hitchcock’ aporta nuevos ángulos a la conocida leyenda del maestro del suspense, al rendir homenaje a su esposa Alma Reville (Helen Mirren como casi siempre, espléndida), la gran mujer tras el gran hombre. Otro enfoque tan libre como curioso es el paralelismo entre el mismo Ed Gein y Hitchcock, mediante unas visiones que el director sufre debido a su obsesión con la historia y el estrés causado por el rodaje. Las visiones, y su inestabilidad emocional se agravan debido a las dificultades del rodaje (o las imposiciones de la censura), pero sobre todo por sus sospechas de un supuesto affair de su esposa con Whitfield Cook (Danny Huston), guionista de ‘Alarma en el expreso', descrito aquí como un mujeriego sin demasiado talento.

 "Churri, mira que te pones pasado cuando te da por hacer una obra maestra"

Sin embargo, Gervasi no hace una introspección profunda en la mente del genio o en el proceso creativo de ‘Psicosis’, ni un ejercicio de fetichismo alrededor del icónico film de 1960 (apenas vemos la mansión, por ejemplo). Aunque también se dejan caer algunas perlas, como cuando Leigh / Johansson se refiere a Hitchcock como “adorable, comparado con Orson Welles” (que la dirigió en “Sed de mal”), cuando se insinua la (conveniente, para su personaje) homosexualidad de Anthony Perkins, o cuando muestra la tirante relación de Hitchcock con Vera Miles (Jessica Biel).

A pesar de la solemnidad de su figura central, Gervasi ha preferido centrarse en su perfil más guasón y popular, como demuestran los discursos de introducción y cierre de 'Hitch', en clara alusión a la serie televisiva 'Alfred Hitchcock presents...' (1955 -62). ‘Hitchcock’ es más bien una comedia de buen ritmo, ligera y entretenida, con una puesta en escena juguetona, con cierto aire de pequeña película, que tiene más de interpretación dramatizada y provocadora (la licencia que se toma para recrear la mítica escena de la ducha, Hitchcock espiando a Vera Miles por el mismo agujero que Norman Bates espía a Marion) que de sobria biografía.

A pesar de ser muy disfrutable, la (icónica) sombra de Hitchcock es inevitablemente mucho más grande que este film, y habrá quien piense que el maestro del suspense merecía un acercamiento más arriesgado y menos superficial.
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14/1/12

Preestreno "Los descendientes" (2011): Payne y Clooney nos traen un film de grandes emociones en clave menor


Mucho había leído sobre 'Los descendientes', mucho y bueno. Y la verdad es que, afortunadamente, el nuevo filme de Alexander Payne ('Entre copas'), adaptación de la novela homónima de Kaui Hart Hemmings, no me ha defraudado en absoluto.

Tras un accidente en moto acuática, Elisabeth, la mujer de Matt King (George Clooney), queda en coma irreversible, y los médicos comunican a Matt que deben desenchufarla de forma inminente de las máquinas que la mantiene con vida. Matt tendrá que lidiar con la trágica situación desde varios frentes, que a la vez remiten a las distintos actos del film: sustituyendo a su esposa y ejerciendo de padre “de repuesto” (no pasaba mucho tiempo con su familia debido a su trabajo de abogado), y logrando hacerse con sus dos hijas; tratando de asumir el descubrimiento de la infidelidad de su mujer en coma y gestionando sus emociones al respecto; y afrontando la venta por imperativo legal de unos terrenos heredados que pertenecieron a sus ancestros. Estos tres frentes, estos tres conflictos, se potencian unos a otros, alimentándose en cadena: la revelación por parte de su hija de la infidelidad de su madre marca un punto de inflexión en la relación padre-hija. A su vez, el resultado del viaje (interior y exterior) que emprenden entonces Matt y sus hijas para descubrir la verdad de su esposa, repercute en su decisión final, ya en el último acto, sobre las tierras. 

Payne dirige sin estridencias, pero sin complejos (con un uso irregular e interesado de recursos como cortinillas, voz en off o mapas) un relato esencialmente amable, donde predomina el buenismo de la mayoría de los personajes, empezando por el protagonista, Matt King (genial Clooney directo al Oscar, en un registro más vulnerable que de costumbre), un 'santo job' que nunca pierde la paciencia e intenta hacer siempre lo correcto, y que es capaz finalmente de asumir la dolorosa verdad con entereza y dignidad. Tal personaje, que en otras manos hubiese podido parecer demasiado perfecto y plano, demasiado soso, gracias a Payne y sobre todo a Clooney, resulta tremendamente humano. Como humanos, redondos y más o menos dignos resultan todos los demás personajes (desde la hija mayor hasta incluso los más susceptibles de resultar abyectos) pues la visión del director es tan comprensiva y compasiva como el propio protagonista


“Los descendientes” toca grandes temas como la muerte de un ser querido o el adulterio, en clave menor y ritmo relajado, sin sobresaltos, sin grandes giros de guión, manteniendo en todo momento un tono entre el drama y la comedia, “atmósfera narrativa” complicada, que consigue alternando momentos de drama, (filmados con delicadeza y sin caer nunca en melodramático), como la revelación de la infidelidad de la esposa de Matt, por parte de su hija, con alivios cómicos que relajan la tensión (Matt corriendo patético a casa de sus amigos), para volver a aumentarla de nuevo, cuando el protagonista, en una memorable escena, intenta sacarles a sus amigos el nombre del tipo con quien su mujer le engañaba. No es que Payne invente esa atmósfera narrativa, que recuerda a la de producciones como las geniales 'American Beauty' (que sin embargo tiene una mordacidad y una acidez de las que carece la cinta de Payne) o incluso las primeras temporadas de 'Breaking Bad', serie que también toca las misma cuestiones de la enfermedad terminal o el adulterio en una clave parecida (aunque menos realista y más oscura, entre el thriller y el humor negro). Y sin embargo, ese tono de tragicomedia honesta y realista resulta un gran acierto, ya que refleja con gran realismo la propia experiencia vital, pues efectivamente, a menudo en nuestro día a día, drama y comedia se dan la mano. “La propia vida tiene un tono que incluye esos registros diferentes”, afirma Payne. 


Pero lo que hace que “Los descendientes” sea una gran película, en mi opinión, lo que la convierte en un film tremendamente emocionante, es lo que Carlos F. Heredero, en Cuadernos de Cine, llama su “amplitud moral”. Una ambivalencia emocional, opuesta al maniqueísmo (y casi políticamente incorrecta), que permite, por ejemplo, mostrar a King abroncando a su adúltera esposa en coma, o casi deleitándose, de pura rabia, al anunciar a sus amigos la muerte inminente de Elisabeth; arrastrando, en fin, un resentimiento hacia ella durante toda la película, sin por ello dejar de quererla ni un instante. Y es que aquí no hay malos ni buenos, sino conflictos puramente humanos, de sentimientos, de expectativas, de necesidades

Ambientada (como si se tratase de una metáfora de su propia gama cromática) en un Hawaii diferente, más urbano y real, sin renunciar a la postal turística en las escenas de la playa, “Los descendientes” es una película honesta y reconfortante, de apariencia sencilla e interior complejo, un notable film que sólo flojea algo (en mi opinión) en su clímax, justo cuando la hasta entonces equilibrada balanza dramática se inclina mínimamente hacia lo lacrimógeno, perdiendo parte de su fuerza. Un must-see de este año cinematográfico que empieza, que confirma a Alexander Payne como una de las voces más propias (y sin necesidad de alzarla demasiado) del cine americano actual.

"Los descendientes" se estrena en España el 20 de Enero. 
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12/4/11

Caperucita Roja versión "crepuscular", y no precisamente en la acepción más deseable del término

El proyecto pintaba bien. Una actualización del cuento de Caperucita Roja convertido en un thriller fantástico. Otra adaptación, sí, pero esta parecía atrevida, “una original vuelta de tuerca a la leyenda, con hombre-lobo incluido”, pensé yo. Sin embargo, al comprobar que la película la firmaba la directora de “Crepúsculo”, mi ceja se levantó en señal de alarma. Lamentablemente, a los cinco minutos todos mis temores se habían confirmado: no iba a ver “El bosque”, precisamente.

La nueva película de Catherine Hardwicke (basada en una idea de Leonardo DiCaprio, uno de sus productores),es otra vuelta de tuerca, si, pero a la arquetípica historia de amor entre chicos y chicas de postal llevada a cualquier época, una fórmula que nunca parece agotarse (vease, por ejemplo, Destino de Caballero), pero que ahora parece vivir un nuevo auge (saga Crepúsculo, A tres metros sobre el cielo, etc.), empeñados como parecen los estudios y las productoras, en exprimir el filón de ese público adolescente que parece tragarse cualquier bodrio romanticoide siempre que vaya bien empaquetadito en un estilizado envoltorio compuesto por una buena campaña promocional, unas caras bonitas, una banda sonora de lo más actual y molona y toneladas ingentes de azúcar.

Con un diseño de producción como de cartón piedra, un vestuario y unos peinados de anuncio de colonia (¿existía la gomina en aquella época?) y unos personajes y desarrollo dramático de telefilme, la Caperucita Roja de Hardwicke ni siquiera puede presumir de estilo, ni de aportar una visión fresca y novedosa de la eterna leyenda. En su lugar, encontraremos el eterno argumento del amor imposible, las mismas ñoñas reflexiones sobre la responsabilidad, el valor y hacer lo correcto, y algunas escenas para la vergüenza ajena. Ni rastro del ambiente gótico que se prometía, ni del thriller oscuro y estilizado que nos hubiera gustado ver.

En fin, un subproducto comercial para adolescentes con acné en el cerebro, un film (¡y no se pierdan la novela basada en el film!) indigno de contar en su elenco con un actor de la talla de Gary Oldman, el único que, por momentos, consigue aportar algo de tensión y credibilidad (siendo muy benévolos) a un film tan soporífero como prescindible.
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